Sol de Mañana es uno de los rincones más sobrecogedores del tour del Salar de Uyuni: un campo geotérmico a casi 4.900 metros de altura donde el suelo humea, el barro hierve y la tierra parece respirar. Pozas de lodo gris que burbujean, cráteres que escupen vapor y fumarolas que lanzan columnas de gas con olor a azufre componen un paisaje casi infernal, recordatorio del fuego que late bajo el altiplano sur.
El nombre lo dice todo: la mejor hora para visitarlo es el amanecer (el 'sol de mañana'), cuando el aire helado de la madrugada hace que las columnas de vapor se vean enormes y fantasmales contra la primera luz del día. Los tours suelen pasar muy temprano, antes de continuar hacia las aguas termales de Polques y la Laguna Verde, en una de las jornadas más intensas del circuito.
Esta guía repasa lo práctico de visitar Sol de Mañana: que se conoce dentro del tour del salar desde Uyuni o Tupiza, las precauciones imprescindibles ante un terreno peligroso de pozas hirvientes, el desafío de la altura extrema y el frío del amanecer, y cómo aprovechar al máximo esta parada tan breve como impactante. Es un lugar donde la naturaleza se muestra en su versión más cruda y fascinante.
Sol de Mañana se encuentra en la región de Sud Lípez, transitada desde tiempos prehispánicos por pueblos de pastores de camélidos y caravanas de llamas que cruzaban el altiplano hacia el desierto de Atacama y la costa del Pacífico. El nombre, 'Sol de Mañana', alude a la hora ideal de visita: el amanecer, cuando el vapor de los géiseres se ve más impresionante en el aire helado. El campo geotérmico es una manifestación de la intensa actividad volcánica de la cordillera Occidental de los Andes, que aquí marca la frontera entre Bolivia, Chile y Argentina. Esa misma energía geotérmica ha sido objeto de estudios y proyectos de generación eléctrica en la zona (campo geotérmico de Sol de Mañana / Laguna Colorada). El área quedó protegida dentro de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, creada por decreto en 1973, que lleva el nombre del héroe boliviano Eduardo Avaroa, caído en la Guerra del Pacífico. Hoy Sol de Mañana es una de las paradas más fotografiadas del circuito turístico del Salar de Uyuni. La historia completa de la región y de su geología está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El departamento de la plata y los salares: hogar del Cerro Rico que financió al Imperio español y de la Casa de la Moneda, del Salar de Uyuni —el mayor desierto de sal del mundo y una de las grandes reservas de litio— y de las lagunas de colores de la Reserva Eduardo Avaroa, en el altiplano más alto y desolado del país, cuna del héroe Eduardo Avaroa.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
A casi 4.900 metros de altura, en pleno altiplano boliviano, hay un lugar donde la tierra hierve. El suelo humea, el barro burbujea y columnas de vapor se disparan varios metros hacia un cielo helado, con un olor a azufre que se siente antes de ver nada. Así es Sol de Mañana, un campo geotérmico situado en la provincia Sud Lípez, en el extremo sur del departamento de Potosí, dentro de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa. Se encuentra en uno de los puntos más elevados de todo el circuito del Salar de Uyuni: un lugar donde el calor del interior de la Tierra aflora a la superficie de forma espectacular.
En un campo geotérmico, el agua subterránea entra en contacto con rocas calientes asociadas a la actividad volcánica y se convierte en vapor a alta presión, que escapa por las grietas del terreno. En Sol de Mañana eso se manifiesta en fumarolas (chorros de vapor y gases volcánicos), pozas de barro hirviente (lodo gris que burbujea por el calor) y un suelo humeante salpicado de depósitos amarillentos de azufre. El fuerte olor a azufre, el silbido del vapor y el calor que emana del suelo crean una atmósfera casi infernal.
El nombre 'Sol de Mañana' alude a la hora ideal de la visita: el amanecer, cuando el aire helado de la madrugada hace que el vapor se condense y se vea enorme y fantasmal contra la primera luz del día. Es esa combinación de geología extrema, altura y luz del alba la que ha vuelto célebre a este rincón del altiplano.
La existencia de Sol de Mañana se explica por la geología de los Andes. El campo geotérmico se asienta en la cordillera Occidental, la franja de volcanes que marca el límite entre Bolivia, Chile y Argentina, una de las regiones volcánicamente más activas del planeta. Allí, la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana en un proceso de subducción que genera el magma y el calor responsables del vulcanismo andino.
Ese mismo proceso ha levantado los grandes volcanes que rodean la región —como el Licancabur (5.916 m), que preside la cercana Laguna Verde— y mantiene caliente el subsuelo de toda la zona. El calor geotérmico que aflora en Sol de Mañana es la manifestación superficial de ese fuego profundo: el agua subterránea se calienta al contacto con las rocas asociadas al magma y escapa convertida en vapor.
La misma actividad volcánica explica otros fenómenos cercanos del circuito: las aguas termales de Polques (agua que brota caliente por el calor geotérmico) y la propia química extrema de las lagunas de colores (minerales de origen volcánico disueltos en sus aguas). Sol de Mañana es, así, una ventana directa al motor geológico que da forma a todo el paisaje del altiplano sur.
Aunque Sol de Mañana parezca un lugar al borde de lo habitable, la región de Sud Lípez en la que se encuentra fue transitada por comunidades andinas desde tiempos prehispánicos. Pueblos de lengua aymara y quechua, y antes los señoríos lípez, desarrollaron en el altiplano sur una economía de pastoreo de camélidos (llamas y alpacas) y de aprovechamiento de las vicuñas silvestres, adaptándose a uno de los entornos más duros del continente.
La región fue, además, un cruce de caminos: las caravanas de llamas conectaban el altiplano con los oasis del desierto de Atacama y la costa del Pacífico, intercambiando productos de altura por bienes de los valles y la costa. Los campos geotérmicos, las fuentes termales y los pasos entre volcanes eran lugares conocidos de ese territorio, aunque las zonas de fumarolas y barro hirviente, por su peligrosidad, no eran de tránsito habitual.
Ese conocimiento ancestral del territorio es la base sobre la que hoy se sostiene el turismo de la zona: muchos de los guías y conductores que llevan a los viajeros hasta Sol de Mañana al amanecer descienden de aquellas comunidades de pastores y caravaneros del altiplano sur, y son quienes mejor conocen los caminos y el comportamiento del terreno geotérmico.
Sol de Mañana quedó protegido con la creación, por decreto en 1973, de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, que abarca alrededor de 714.000 hectáreas del altiplano sur boliviano. La reserva fue concebida para conservar la fauna andina —en especial los flamencos y las vicuñas— y el conjunto de ecosistemas de altura, que incluyen sus lagunas de colores, géiseres, campos geotérmicos y volcanes.
La reserva lleva el nombre de Eduardo Avaroa (o Abaroa), héroe boliviano caído en la batalla del Topáter, en 1879, durante la Guerra del Pacífico, el conflicto en el que Bolivia perdió su salida soberana al mar. La cercanía de la reserva a la frontera con Chile le da a ese homenaje una resonancia particular.
La gestión está a cargo del SERNAP (Servicio Nacional de Áreas Protegidas de Bolivia), junto con las comunidades locales. Dentro de la reserva, Sol de Mañana es uno de los puntos más visitados, junto con las lagunas Colorada y Verde y las termas de Polques. Su protección busca preservar el frágil entorno de altura y, a la vez, garantizar la seguridad de los visitantes en un terreno peligroso.
El intenso calor que aflora en Sol de Mañana no es solo un espectáculo turístico: representa un recurso energético. El campo geotérmico de Sol de Mañana / Laguna Colorada ha sido estudiado durante décadas como posible fuente de energía eléctrica renovable, aprovechando el vapor a alta presión del subsuelo para mover turbinas, como se hace en otros campos geotérmicos del mundo (en Islandia, Nueva Zelanda o el norte de Chile).
Bolivia ha impulsado proyectos concretos para desarrollar este potencial. El más avanzado es el proyecto geotérmico Laguna Colorada, a cargo de la empresa estatal ENDE, que prevé una central de 100 megavatios construida en dos etapas de 50 MW en el propio campo de Sol de Mañana, con financiamiento de la cooperación japonesa (JICA), que firmó con el Estado boliviano un crédito de 552 millones de dólares para las perforaciones, la planta y su sistema de transmisión. Se trata de una obra compleja por la altura extrema (los pozos están entre 4.900 y casi 5.000 metros), la lejanía y la fragilidad ambiental del entorno, todo dentro de un área protegida, por lo que su avance ha sido lento y por fases.
Ese doble carácter —atractivo turístico y recurso energético— plantea un equilibrio delicado: aprovechar la energía geotérmica sin dañar el paisaje y el ecosistema que hacen famosa a la reserva. Para el viajero, Sol de Mañana es, ante todo, un fenómeno natural sobrecogedor; pero conviene saber que bajo ese suelo humeante late también una de las apuestas energéticas del país.
En las últimas décadas, Sol de Mañana se convirtió en una de las paradas más fotografiadas del circuito turístico del Salar de Uyuni. Miles de viajeros lo visitan cada año, casi siempre al amanecer de la última jornada del tour, en uno de los momentos más memorables del recorrido: el contraste del vapor de las fumarolas con el aire helado de la madrugada, a casi 4.900 metros, deja una impresión difícil de olvidar.
Ese turismo ha dado valor económico a la conservación del paisaje y genera ingresos para las comunidades de Sud Lípez. Pero también plantea desafíos, sobre todo de seguridad: el terreno geotérmico es peligroso, con pozas de barro hirviente y suelo inestable, y han ocurrido accidentes por descuidos. Por eso la visita exige un comportamiento responsable y el respeto estricto de las indicaciones de los guías.
Sol de Mañana resume bien el espíritu del altiplano sur: un lugar de belleza cruda y extrema, donde la naturaleza se muestra en su forma más poderosa. Para el viajero, la consigna es clara: mantener distancia de las fumarolas y pozas, no salir de las zonas seguras, abrigarse para el frío del amanecer y dejar el menor rastro posible en uno de los paisajes más sobrecogedores de Bolivia.