Gomel es la segunda ciudad de Bielorrusia y una de las más elegantes: su carta de presentación es el magnífico conjunto del palacio Rumyántsev-Paskévich, uno de los más bellos del país, asomado sobre la orilla alta del río Sozh y rodeado de un enorme parque con fuentes, estanques, glorietas y avenidas de árboles centenarios. Reunir en un mismo paseo un palacio neoclásico, una catedral, una capilla-mausoleo, una torre mirador y un jardín de invierno tropical, todo a orillas de un gran río, es lo que hace de Gomel una parada sorprendente.
La ciudad nació como plaza de la Rus y creció bajo el Gran Ducado de Lituania y la Mancomunidad polaco-lituana, pero su fisonomía actual se debe sobre todo al Imperio Ruso: la emperatriz Catalina la Grande regaló Gomel al mariscal Piotr Rumyántsev por sus victorias contra los turcos, y él y sus sucesores —en especial el mariscal Iván Paskévich— construyeron y ampliaron el palacio y el parque que hoy son el corazón de la ciudad. Ese origen aristocrático ruso explica el aire señorial del centro.
Gomel es también la capital de una región marcada por la tragedia de Chernóbil: la central nuclear ucraniana, a pocas decenas de kilómetros al sur, contaminó con su accidente de 1986 buena parte de la provincia, un hecho que sigue presente en la vida del sureste bielorruso. Esta guía recorre lo esencial de la ciudad —el palacio, el parque, las iglesias, el río— sin perder de vista ni esa herida ni el contexto político de Bielorrusia, un país gobernado hoy de forma autoritaria y bajo sanciones internacionales.
Gomel se menciona por primera vez en 1142 como plaza de la Rus, dentro de la órbita de los principados de Chernígov y Kiev. Pasó luego al Gran Ducado de Lituania y a la Mancomunidad polaco-lituana, y con la primera partición de Polonia (1772) al Imperio Ruso. La emperatriz Catalina la Grande la regaló al mariscal Piotr Rumyántsev, que inició en 1777 la construcción del palacio; en 1834 la residencia pasó al mariscal Iván Paskévich, que la amplió. En época soviética creció como ciudad industrial. En 1986 la catástrofe de Chernóbil contaminó buena parte de la región. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La Bielorrusia oriental sobre los ríos Sozh y Dniéper: Gómel, la segunda ciudad del país y la más golpeada por Chernóbil, y Maguilov, la vieja urbe a orillas del Dniéper.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Gomel se asoma a la historia en el año 1142, cuando las crónicas la mencionan por primera vez como una plaza fortificada de la Rus, la civilización de los eslavos orientales. Situada sobre la orilla alta del río Sozh, en una posición estratégica del cruce entre los mundos que hoy son Bielorrusia, Rusia y Ucrania, la ciudad quedó en la órbita de los principados de Chernígov y de Kiev, y fue disputada por distintos príncipes en las guerras internas de la Rus.
Con la decadencia de la Rus y el avance de nuevas potencias, Gomel pasó en el siglo XIV a integrarse en el Gran Ducado de Lituania, aquel enorme Estado que unió buena parte de las actuales Bielorrusia y Ucrania. Tras la unión de Lituania con Polonia, formó parte de la Mancomunidad polaco-lituana (Rzeczpospolita), en cuya frontera oriental quedó, expuesta a las guerras recurrentes entre la Mancomunidad y el creciente Estado moscovita.
Durante esos siglos Gomel fue cambiando de manos y de señores, sufriendo asedios, incendios y reconstrucciones propios de una ciudad de frontera. No era todavía la urbe elegante de hoy, sino una plaza militar y comercial de tamaño medio, pero ya con ese papel de bisagra entre Oriente y Occidente que marcaría toda su historia y que la llevaría, finalmente, a la órbita del Imperio Ruso.
El gran giro en la historia de Gomel llegó con las particiones de Polonia. En 1772, con la primera partición, la ciudad pasó al Imperio Ruso, y la emperatriz Catalina la Grande decidió premiar con ella a uno de sus grandes militares: el mariscal de campo Piotr Rumyántsev-Zadunaiski, héroe de las guerras victoriosas contra el Imperio otomano. Catalina le regaló Gomel y sus tierras, y así la ciudad pasó de plaza de frontera a residencia de un magnate del imperio.
Rumyántsev emprendió en 1777 la construcción de un palacio a la última moda: un edificio de estilo neoclásico (clasicismo temprano), levantado sobre la terraza alta del Sozh y completado hacia 1796, rodeado de jardines. Fue el núcleo del que crecería el gran conjunto palaciego que hoy define la ciudad. Su hijo, el conde Nikolái Rumyántsev —célebre estadista y mecenas—, continuó embelleciendo Gomel y mandó construir la catedral neoclásica de San Pedro y San Pablo, otra pieza clave del conjunto.
Bajo los Rumyántsev, Gomel se transformó: dejó de ser una plaza militar para convertirse en una elegante residencia señorial, con su palacio, su iglesia, sus parques y una ciudad que crecía a su alrededor. Ese aire aristocrático, importado del corazón del Imperio Ruso, es el que todavía se respira en el centro histórico y el que hace de Gomel una de las ciudades más señoriales de Bielorrusia.
En 1834, la residencia de Gomel cambió de dueño: la compró el mariscal de campo Iván Paskévich, uno de los militares más poderosos de la Rusia de los zares Nicolás I, célebre por sus campañas en el Cáucaso, Persia, Turquía y por la represión del levantamiento polaco de 1831 y de la revolución húngara de 1849. Colmado de títulos y riquezas, Paskévich convirtió Gomel en su gran residencia y emprendió una profunda renovación y ampliación del palacio y del parque.
Bajo los Paskévich, el conjunto alcanzó su máximo esplendor: se ampliaron y redecoraron los interiores, se enriqueció el parque con nuevas plantaciones, glorietas, grutas y estanques, y se levantaron edificios como el jardín de invierno —aprovechando una antigua fábrica de azúcar— y, ya a finales del siglo, la vistosa capilla-mausoleo de la familia, decorada con mayólica de colores, donde reposan los Paskévich. La torre mirador que hoy corona el parque es también una antigua chimenea de aquel complejo industrial reconvertida.
La familia mantuvo el palacio hasta la revolución de 1917, cuando el nuevo poder soviético lo nacionalizó y lo transformó en museo. Así, el conjunto que había sido residencia de dos grandes mariscales del Imperio Ruso —Rumyántsev y Paskévich— se conservó, con sus colecciones, como patrimonio público, y es hoy el gran tesoro cultural de Gomel y una ventana a la vida de la alta aristocracia imperial.
Tras la revolución de 1917 y la creación de la Unión Soviética, Gomel se integró en la República Socialista Soviética de Bielorrusia y creció como importante centro industrial y ferroviario del sureste. Se instalaron fábricas, la población aumentó y la ciudad se modernizó al estilo soviético, con nuevos barrios y avenidas, aunque conservando su corazón histórico en torno al palacio.
La Segunda Guerra Mundial golpeó a Gomel con dureza, como a toda Bielorrusia. Ocupada por la Alemania nazi entre 1941 y 1943, la ciudad sufrió el terror de la ocupación, el exterminio de su comunidad judía en el Holocausto y graves destrucciones antes de ser liberada por el Ejército Rojo en noviembre de 1943, en una de las grandes ofensivas soviéticas. La posguerra fue de reconstrucción y de nuevo crecimiento industrial, que consolidó a Gomel como la segunda ciudad del país.
Afortunadamente, el conjunto palaciego sobrevivió a las guerras y las convulsiones del siglo, y sus colecciones se mantuvieron como museo. Ese hilo de continuidad permitió que Gomel conservara su gran seña de identidad histórica en medio de un siglo XX especialmente violento para la región, y llegara a la independencia de 1991 con su patrimonio más valioso intacto.
La historia reciente de Gomel y de toda su región está marcada por una catástrofe que no ocurrió en Bielorrusia, pero que golpeó a Bielorrusia más que a ningún otro país: el accidente de la central nuclear de Chernóbil, el 26 de abril de 1986. La planta estaba en la vecina Ucrania, muy cerca de la frontera, y el viento arrastró buena parte de la lluvia radiactiva hacia el sur de Bielorrusia: se calcula que alrededor del 70% de la contaminación cayó sobre territorio bielorruso, y la región de Gomel fue una de las más afectadas.
Las consecuencias fueron enormes: zonas rurales del sur de la provincia quedaron gravemente contaminadas y hubo que evacuar aldeas enteras, muchas de las cuales pasaron a formar parte de reservas cerradas, como la Reserva Radioecológica Estatal de Polesia, la 'zona de exclusión' bielorrusa. La catástrofe agravó la crisis económica y provocó problemas de salud, temores y una lenta despoblación de las áreas rurales del sureste que se prolongó durante años. La ciudad de Gomel, en cambio, siguió siendo habitable y hoy se visita con normalidad.
Con la independencia de 1991, Gomel afirmó su papel de gran capital del sureste, con su universidad, su industria y, sobre todo, su joya patrimonial: el conjunto Rumyántsev-Paskévich restaurado, que es el orgullo de la ciudad. Recorrer Gomel hoy es disfrutar de uno de los palacios y parques más bellos de Bielorrusia, sin olvidar la herida de Chernóbil que marca a su región ni el contexto político actual del país, gobernado de forma autoritaria y bajo sanciones internacionales.