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Historia de El golfo de Tadjoura y las montañas Goda

Tadjoura, la ciudad blanca de las siete mezquitas

Tadjoura es una de las ciudades más antiguas de toda la costa del mar Rojo y el corazón histórico del pueblo afar. Encalada y luminosa, la llaman "la ciudad blanca", y sus siete mezquitas —una de ellas de origen antiguo— dan fe de una vida islámica que se remonta a los primeros siglos del islam, cuando la fe cruzó el estrecho de Bab el-Mandeb desde Arabia.

Durante siglos, Tadjoura fue la capital de un sultanato afar cuyo gobernante llevaba el título de dardar. La ciudad ya figuraba en las crónicas medievales entre los pequeños estados que controlaban el tráfico de caravanas hacia el interior de Abisinia. A mediados del siglo XIX era la más próspera de la costa, terminal de las rutas que subían sal, café, marfil y también esclavos hacia las tierras altas etíopes.

Fue precisamente aquí donde Francia extendió su influencia: en la década de 1880, los tratados franceses con los sultanes de la región incorporaron Tadjoura al protectorado de la Costa Francesa de los Somalíes. Hoy la ciudad, unida a la capital por un ferry que cruza el golfo, conserva su aire detenido en el tiempo y su condición de puerta de entrada a las montañas del norte.

Sables Blancs y la costa del golfo

La orilla norte del golfo de Tadjoura ofrece algunas de las playas más hermosas y tranquilas del país. La más célebre es la playa de Sables Blancs, cerca de Tadjoura, una franja de arena blanquísima y aguas transparentes que contrasta con la aridez del paisaje circundante. Es un lugar de baño, snorkel y calma, muy distinto del ajetreo de la capital al otro lado del golfo.

El golfo de Tadjoura es, geológicamente, una prolongación marina del gran rift que atraviesa el país: una lengua de mar que se adentra en tierra siguiendo la fractura por la que África se separa de Arabia. Sus aguas, ricas en vida marina, son parte del mismo sistema que atrae a los tiburones ballena a la costa entre noviembre y enero.

Esta costa fue durante siglos una ruta de dhows a vela que conectaban Tadjoura, Obock y la capital con Arabia y el resto de la costa del mar Rojo. Hoy combina la pesca tradicional con un turismo incipiente de playa y naturaleza, en un entorno donde el desierto, las montañas y el mar se encuentran en pocos kilómetros.

Las montañas Goda y el bosque de Day

Detrás de Tadjoura, el terreno se eleva hacia las montañas Goda, una sierra fresca y sorprendentemente verde que rompe con la imagen desértica del resto del país. A unos 1.500 metros de altura, el aire se vuelve templado y aparecen pueblos de montaña como Randa, base para caminatas y refugio del calor abrasador de la costa.

La joya de estas montañas es el bosque de Day, protegido dentro del Parque Nacional Forêt du Day. Es uno de los últimos bosques densos que quedan en Yibuti, un oasis de enebros africanos, acacias y olivos silvestres que sobrevive como reliquia de una época más húmeda. El bosque es refugio de una fauna singular, incluidas aves endémicas como el francolín de Yibuti, una de las especies más amenazadas del mundo, que solo vive en estas alturas.

El bosque de Day está, sin embargo, en retroceso, afectado por la sequía prolongada, el sobrepastoreo y el cambio climático, que han secado buena parte de los árboles más viejos. Su conservación es uno de los grandes desafíos ambientales del país. Para el visitante, subir de la costa a las montañas Goda es descubrir una Yibuti inesperada, verde y fresca, escondida sobre el desierto.

📍 Destinos de El golfo de Tadjoura y las montañas Goda

TadjouraPlaya De Sables BlancsBosque De DayRanda

📚 Bibliografía

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