Querétaro es una de esas ciudades mexicanas que sorprenden por lo bien que conservan su pasado mientras laten al ritmo del presente. Su Centro Histórico, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1996, es un laberinto de calles empedradas, andadores peatonales, plazas arboladas, templos barrocos y casonas de cantera con patios floridos. Caminar por sus callejones, sentarse en una plaza a tomar un café o ver pasar la vida bajo los arcos del Acueducto es entrar en un México colonial vivo y elegante, lejos del bullicio de las grandes capitales.
Pero Querétaro es mucho más que belleza colonial: es una ciudad clave en la historia de México. Aquí se gestó la Conspiración de 1810 que encendió la Independencia, con la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez como heroína; aquí fue fusilado el emperador Maximiliano de Habsburgo en 1867, en el Cerro de las Campanas; y aquí se promulgó la Constitución de 1917, todavía vigente, en el Teatro de la República. Por eso se la conoce como 'cuna de la Independencia' y 'madre de la Constitución'. Cada plaza y cada edificio guardan un episodio del país.
El destino se completa con sus alrededores, fáciles de combinar en una escapada: la Peña de Bernal, uno de los monolitos más grandes del mundo y Pueblo Mágico; la Ruta del Queso y el Vino, con viñedos premiados y queserías artesanales en torno a Tequisquiapan y Ezequiel Montes; y, más lejos, las cinco Misiones Franciscanas de la Sierra Gorda, joyas del barroco mestizo levantadas por Fray Junípero Serra y declaradas Patrimonio Mundial. Querétaro es historia, vino, montaña y buena mesa, todo a un paso del centro del país.
Santiago de Querétaro fue fundada el 25 de julio de 1531, día de Santiago Apóstol, en un cruce de culturas entre indígenas otomíes —liderados por el cacique Conín, bautizado como Fernando de Tapia— y conquistadores españoles. La leyenda cuenta que la fundación se selló tras una batalla en el cerro del Sangremal, donde se habría aparecido el apóstol Santiago, dando nombre y origen a la ciudad. Durante la época virreinal, Querétaro prosperó gracias a su posición estratégica sobre el Camino Real de Tierra Adentro, la ruta que unía la Ciudad de México con las minas de plata de Zacatecas; los franciscanos hicieron de la ciudad un importante centro de evangelización (de aquí partieron misioneros como Fray Junípero Serra), y se levantaron templos, conventos y, en el siglo XVIII, el monumental Acueducto. A comienzos del siglo XIX, Querétaro fue el corazón de la Conspiración de 1810: en las tertulias de la casa del corregidor Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez se planeó el levantamiento independentista junto a Hidalgo, Allende y Aldama; al ser descubiertos, la Corregidora logró dar el aviso que adelantó el inicio de la guerra. Más tarde, la ciudad fue escenario de dos hechos decisivos: en 1867, tras el sitio de Querétaro, el emperador Maximiliano de Habsburgo fue fusilado junto a los generales Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas, poniendo fin al Segundo Imperio Mexicano; y en 1917 se promulgó en el Teatro de la República la Constitución que todavía rige al país. En 1996 su Centro Histórico fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa →La provincia colonial del Bajío donde se fraguó la Independencia y se firmó la Constitución de 1917: ciudad de acueducto y conventos, sierra gorda con misiones franciscanas y viñedos en auge.
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