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Historia del país

Historia de Israel

Cananeos y los reinos de Israel y Judá

La ocupación humana de esta tierra se remonta a la prehistoria más profunda: en Jericó, en el valle del Jordán, hay restos de asentamiento que la convierten en una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, con muros de piedra de hace más de diez mil años. Durante la Edad del Bronce, la región estuvo poblada por pueblos que las fuentes egipcias y bíblicas llaman cananeos: una constelación de ciudades-estado que hablaban lenguas semíticas, adoraban a divinidades como El y Baal, y quedaban a menudo bajo la órbita de Egipto. La primera mención conocida de la palabra 'Israel' aparece en la estela egipcia de Merneptah, hacia el 1208 a. C., donde figura como el nombre de un pueblo de la región.

Entre el siglo XI y el X a. C. surgieron en las tierras altas dos reinos hebreos que la tradición bíblica describe como una monarquía unida bajo Saúl, David y Salomón y luego dividida en dos: Israel al norte, con capital finalmente en Samaria, y Judá al sur, con capital en Jerusalén y su Templo. Acá conviene ser precisos, porque hay debate historiográfico legítimo: la arqueología confirma la existencia histórica de ambos reinos —una inscripción del siglo IX a. C. hallada en Tel Dan menciona la 'Casa de David'—, pero el alcance y esplendor de la monarquía unida de David y Salomón, tal como los pinta la Biblia, están discutidos entre los especialistas. Lo que sí está establecido es que en esos siglos se forjaron una identidad y una religión que marcarían la historia mundial.

El fin de estos reinos llegó por la fuerza de los grandes imperios mesopotámicos. En el 722 a. C., el Imperio asirio conquistó el reino de Israel y deportó a buena parte de su población, origen de la leyenda de las 'diez tribus perdidas'. En el 586 a. C., el rey babilonio Nabucodonosor II tomó Jerusalén, destruyó el Templo de Salomón y deportó a las élites de Judá a Babilonia: es el llamado exilio babilónico, un trauma fundacional que la tradición judía nunca olvidó. Décadas después, el rey persa Ciro el Grande, tras conquistar Babilonia, permitió el regreso de los judíos y la reconstrucción del Templo.

https://www.britannica.com/place/Israel/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_ancient_Israel_and_https://www.worldhistory.org/israel/

El Segundo Templo, la Judea romana y la diáspora

El período que los historiadores llaman del Segundo Templo se extiende desde la reconstrucción del santuario de Jerusalén, hacia el 516 a. C., hasta su destrucción en el año 70 d. C. Fue una etapa de enorme densidad. Tras el dominio persa llegó el helenismo con las conquistas de Alejandro Magno, y con él la tensión entre la cultura griega y la tradición judía. Esa tensión estalló en la revuelta de los Macabeos (167-160 a. C.) contra los reyes seléucidas, que dio origen a la dinastía asmonea y a un breve reino judío independiente, recordado hasta hoy en la festividad de Janucá.

En el año 63 a. C., el general romano Pompeyo entró en Jerusalén y la región quedó bajo la órbita de Roma. Roma gobernó primero a través de reyes clientes —el más célebre, Herodes el Grande, que amplió el Templo hasta convertirlo en una de las maravillas del mundo antiguo— y luego mediante prefectos y procuradores. En este marco, en una Judea inquieta y mesiánica, se sitúa la vida de Jesús de Nazaret, cuya predicación y crucifixión bajo el prefecto Poncio Pilato darían nacimiento al cristianismo, una fe que empezó como movimiento dentro del judaísmo y terminó separándose de él.

La presión romana desembocó en dos grandes rebeliones. La Primera Guerra Judeo-Romana (66-73 d. C.) terminó con el saqueo de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo por las legiones de Tito en el año 70, un golpe del que el judaísmo religioso nunca volvió: sin Templo ni sacrificios, la fe se reorganizó en torno al estudio de la Torá, la oración y las sinagogas, y nació el judaísmo rabínico. La segunda gran rebelión, la de Bar Kojba (132-135 d. C.), fue aplastada por Adriano, que arrasó Judea, prohibió a los judíos entrar en Jerusalén, refundó la ciudad como Aelia Capitolina y rebautizó la provincia como Siria Palestina. Grandes cantidades de judíos murieron, fueron vendidos como esclavos o emigraron, acelerando una diáspora que ya existía. Conviene matizar un relato muy difundido: la diáspora no fue un único 'exilio' provocado de golpe por Roma, sino un proceso largo; una población judía siguió viviendo en la tierra, sobre todo en Galilea, durante siglos.

https://www.britannica.com/topic/Jewish-Diasporahttps://en.wikipedia.org/wiki/Second_Temple_periodhttps://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Jerusalem_(70_CE)https://www.britannica.com/event/Bar-Kokhba-Revolt

La tierra cristiana del período bizantino

Con la conversión del emperador Constantino al cristianismo en el siglo IV, la provincia de Palestina se transformó por completo. De tierra de una minoría perseguida, el cristianismo pasó a religión imperial, y la región donde había vivido Jesús se convirtió en Tierra Santa, meta de peregrinos de todo el mundo mediterráneo. La emperatriz Elena, madre de Constantino, viajó a Jerusalén hacia el año 326 y, según la tradición, identificó los lugares de la crucifixión y la sepultura, sobre los que se levantó la basílica del Santo Sepulcro. Se construyeron también la basílica de la Natividad en Belén y decenas de iglesias y monasterios.

Durante los siglos bizantinos, entre el IV y el VII, Palestina vivió una etapa de relativa prosperidad y densidad de población, con ciudades florecientes, mosaicos deslumbrantes —como el famoso mapa de Madaba— y una fuerte impronta monástica en el desierto de Judea. La población era mayoritariamente cristiana, pero convivían con comunidades judías, sobre todo en Galilea, donde se compilaron el Talmud de Jerusalén y importantes textos rabínicos, y con samaritanos, cuyas revueltas contra el poder bizantino fueron duramente reprimidas.

El equilibrio bizantino se quebró en el siglo VII. Entre el 614 y el 628 hubo una breve y violenta ocupación persa sasánida que dañó Jerusalén, y aunque el emperador Heraclio recuperó la ciudad, el Imperio bizantino salió exhausto de sus guerras con Persia. Ese agotamiento dejó la puerta abierta a una fuerza nueva que venía del sur, de la península arábiga, y que en pocos años cambiaría el mapa de todo Oriente Próximo.

https://www.britannica.com/place/Israel/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Palestinehttps://en.wikipedia.org/wiki/Byzantine_Empire

La conquista islámica y Jerusalén en el islam

Hacia el año 636, pocos años después de la muerte del profeta Mahoma, los ejércitos árabes musulmanes derrotaron a los bizantinos en la batalla del Yarmuk y tomaron el control de la región. Jerusalén se rindió en torno al 637-638, según la tradición ante el propio califa Omar. Empezaba así un dominio islámico que, con distintas dinastías y un largo paréntesis cruzado, se prolongaría durante casi mil trescientos años, hasta el siglo XX.

Jerusalén ocupa un lugar central en el islam. Es la tercera ciudad santa después de La Meca y Medina, y fue la primera alquibla, la dirección hacia la que rezaban los primeros musulmanes antes de que se fijara La Meca. Según la tradición islámica, desde la roca de la Explanada (el Haram al-Sharif, 'Noble Santuario') el profeta Mahoma realizó su viaje nocturno y su ascensión a los cielos. Sobre esa roca, el califa omeya Abd al-Malik hizo construir hacia el 691 la Cúpula de la Roca, con su cúpula dorada inconfundible, y cerca se levantó la mezquita de Al-Aqsa. Ese mismo espacio es, para el judaísmo, el Monte del Templo, el lugar más sagrado, donde estuvieron los dos Templos: de ahí que sea uno de los puntos más disputados del planeta.

Bajo los sucesivos califatos —omeya desde Damasco, abasí desde Bagdad, y luego el fatimí desde El Cairo—, la región fue en general un territorio periférico pero conectado a grandes redes comerciales y culturales. La población, mayoritariamente cristiana y judía al principio, se fue arabizando en la lengua y, de forma más lenta y parcial, islamizando en la religión. Cristianos y judíos vivían como dhimmíes, comunidades protegidas con estatus subordinado que pagaban un impuesto especial, en un régimen que combinaba tolerancia relativa y desigualdad legal, con períodos más duros —como la destrucción del Santo Sepulcro ordenada por el califa fatimí al-Hakim en 1009— que tuvieron eco en la Europa cristiana.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Palestinehttps://www.britannica.com/place/Jerusalem/Islamic-Jerusalemhttps://en.wikipedia.org/wiki/Dome_of_the_Rock

Las Cruzadas y el reino latino de Jerusalén

En 1095, el papa Urbano II llamó a la primera cruzada, una expedición militar para arrebatar Jerusalén y los Santos Lugares al dominio musulmán. En julio de 1099, tras un asedio brutal, los cruzados tomaron Jerusalén y masacraron a buena parte de sus habitantes musulmanes y judíos: las crónicas de la época, cristianas y musulmanas, coinciden en el baño de sangre, aunque las cifras de víctimas se discuten y las más altas suelen considerarse exageradas. Sobre esa conquista se fundó el reino latino de Jerusalén, uno de los Estados cruzados que se extendieron por la costa del Levante.

Durante casi dos siglos, la región fue escenario de un choque intermitente entre los reinos cruzados europeos y las potencias musulmanas. El punto de inflexión llegó en 1187, cuando el sultán Saladino, fundador de la dinastía ayubí, derrotó a los cruzados en la batalla de los Cuernos de Hattin y reconquistó Jerusalén. A diferencia de 1099, Saladino permitió en general la salida de los habitantes y respetó los lugares cristianos, gesto que le valió una reputación de caballerosidad incluso entre sus enemigos europeos. La tercera cruzada, con Ricardo Corazón de León, no logró recuperar la ciudad.

Los cruzados dejaron una huella material impresionante: las murallas y el puerto de Acre, la ciudad fortificada de Cesarea, castillos e iglesias que todavía se visitan. Pero su presencia fue, a la larga, un paréntesis. En el siglo XIII, los mamelucos —una casta militar de origen esclavo que gobernaba desde Egipto— expulsaron a los últimos cruzados; la caída de Acre en 1291 puso fin a la presencia latina en Tierra Santa. Los mamelucos gobernarían la región hasta comienzos del siglo XVI, cuando la incorporó otro gran imperio.

https://www.britannica.com/event/Crusadeshttps://en.wikipedia.org/wiki/Kingdom_of_Jerusalemhttps://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Jerusalem_(1099)

Cuatro siglos bajo el Imperio otomano

En 1516-1517, el sultán otomano Selim I derrotó a los mamelucos e incorporó Palestina, Siria y Egipto a su imperio. Comenzaba una etapa de cuatro siglos, la más larga de dominio único desde la Antigüedad, que se prolongaría hasta la Primera Guerra Mundial. Bajo los otomanos, la región no formaba una unidad política llamada 'Palestina', sino que se repartía entre distintos distritos administrativos (sanjaks) dependientes de provincias mayores como Damasco.

El gran constructor otomano de la zona fue Solimán el Magnífico, que en la década de 1530 mandó levantar las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén que hoy siguen en pie. Tras un período inicial de cierta prosperidad, buena parte de la etapa otomana fue de estancamiento y despoblación relativa en el interior, con una economía agrícola y una administración a menudo lejana y fiscalmente exigente. La población era mayoritariamente árabe musulmana, con minorías cristianas de varias iglesias y comunidades judías concentradas en las cuatro 'ciudades santas' del judaísmo: Jerusalén, Hebrón, Safed y Tiberíades. Safed, en Galilea, fue en el siglo XVI un centro floreciente de la mística judía, la cábala.

El siglo XIX trajo cambios acelerados. Las potencias europeas, cada vez más interesadas en un Imperio otomano en decadencia, abrieron consulados, protegieron a comunidades religiosas y financiaron instituciones. Los peregrinos y arqueólogos occidentales redescubrieron la Tierra Santa. Y hacia el final del siglo empezaron a llegar los primeros inmigrantes del movimiento sionista, en un territorio donde vivía una población árabe mayoritaria con su propia sociedad, sus ciudades y su vida rural. La chispa de lo que vendría estaba encendida.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Palestinehttps://www.britannica.com/place/Palestine/Ottoman-rulehttps://en.wikipedia.org/wiki/Ottoman_Syria

El sionismo y las olas de inmigración

El sionismo nació en la Europa de finales del siglo XIX como movimiento nacional judío que buscaba una patria para un pueblo disperso y perseguido. El contexto era el de un antisemitismo persistente y a veces violento: los pogromos del Imperio ruso, que provocaron migraciones masivas, y el caso Dreyfus en Francia, que mostró la fuerza del odio antijudío incluso en la Europa liberal. En 1896, el periodista austrohúngaro Theodor Herzl publicó 'El Estado judío', y en 1897 organizó en Basilea el Primer Congreso Sionista, que fijó como objetivo la creación de un hogar nacional para el pueblo judío en la tierra de Israel.

Antes incluso de Herzl, ya habían empezado a llegar inmigrantes judíos a la Palestina otomana. Los historiadores hablan de sucesivas olas migratorias, las aliyot: la primera aliá (1882-1903), de pioneros que fundaron colonias agrícolas; la segunda (1904-1914), más ideológica y socialista, que creó los primeros kibutz —comunas colectivas— y, en 1909, la ciudad de Tel Aviv. Muchos de estos inmigrantes venían del Imperio ruso huyendo de la persecución.

Este proceso tuvo desde el inicio una contracara conflictiva. La tierra estaba habitada por una población árabe mayoritaria, que en su gran mayoría no era sionista y que fue desarrollando su propia conciencia nacional palestina. La compra de tierras por organizaciones sionistas, a veces a grandes propietarios ausentistas, y el desplazamiento de campesinos árabes que las trabajaban generaron tensiones tempranas. Las dos narrativas nacionales que chocarían durante todo el siglo XX —una que veía un retorno legítimo a una tierra ancestral, otra que veía la llegada de colonos que amenazaban su presencia— empezaron a tomar forma en estas primeras décadas.

https://www.britannica.com/topic/Zionismhttps://en.wikipedia.org/wiki/Zionismhttps://en.wikipedia.org/wiki/Aliyah

El Mandato británico y la Declaración Balfour

Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio británico hizo promesas que resultarían contradictorias. Por un lado, en la correspondencia Husayn-McMahon (1915-1916), alentó a los árabes a rebelarse contra los otomanos con la expectativa de un gran Estado árabe independiente. Por otro, en el acuerdo secreto Sykes-Picot (1916), se repartió con Francia el dominio de la región. Y el 2 de noviembre de 1917 emitió la Declaración Balfour, una carta del ministro de Exteriores Arthur Balfour en la que el gobierno británico veía 'con favor el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío', con la salvedad de que 'no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes'. Ese texto, breve y deliberadamente ambiguo, es una de las piezas fundacionales del conflicto: para el sionismo fue un respaldo histórico; para los árabes palestinos, la promesa de su tierra a otro pueblo por parte de una potencia extranjera.

Tras la guerra, la Sociedad de Naciones otorgó a Gran Bretaña el Mandato de Palestina, que incluía la obligación de facilitar el hogar nacional judío. Bajo administración británica, entre 1920 y 1948, la inmigración judía creció con fuerza, sobre todo en los años treinta con la huida del nazismo en Europa. La población judía pasó de en torno al 10% al comienzo del Mandato a cerca de un tercio hacia el final.

El período estuvo marcado por una violencia creciente entre las tres partes: la comunidad judía (el Yishuv), la árabe palestina y la potencia mandataria. Hubo estallidos en 1920, 1921 y 1929, y sobre todo la Gran Revuelta Árabe de 1936-1939, una insurrección palestina contra el dominio británico y la inmigración judía que fue reprimida con dureza. En respuesta, Gran Bretaña restringió la inmigración judía con el Libro Blanco de 1939, justo cuando los judíos europeos más necesitaban un refugio ante el avance del nazismo. El Holocausto, en el que fueron asesinados unos seis millones de judíos, reforzó de manera decisiva el reclamo de un Estado propio y volvió insostenible el statu quo. Agotada, Gran Bretaña entregó el problema a la recién creada Organización de las Naciones Unidas.

https://www.britannica.com/event/Balfour-Declarationhttps://avalon.law.yale.edu/20th_century/balfour.asphttps://en.wikipedia.org/wiki/Mandatory_Palestine

La partición de 1947, la creación de Israel y la Nakba

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181, que recomendaba dividir la Palestina del Mandato en dos Estados, uno judío y uno árabe, con Jerusalén y sus alrededores bajo un régimen internacional especial. El plan asignaba alrededor del 55% del territorio al Estado judío y en torno al 42% al árabe, en un momento en que los árabes eran cerca de dos tercios de la población y poseían la mayor parte de la tierra. La votación fue de 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. El liderazgo sionista aceptó el plan como base legal para su Estado; los Estados árabes y el liderazgo palestino lo rechazaron, por considerarlo injusto y por negarse a que se repartiera un territorio de mayoría árabe.

El rechazo dio paso de inmediato a una guerra civil entre las comunidades judía y árabe. El 14 de mayo de 1948, al retirarse los británicos, David Ben Gurión proclamó el Estado de Israel. Al día siguiente, los ejércitos de varios países árabes —Egipto, Transjordania, Siria, Irak, Líbano— entraron en el territorio, y la guerra civil se convirtió en la primera guerra árabe-israelí. Israel resistió y, al terminar la guerra en 1949, controlaba cerca del 78% del territorio del antiguo Mandato, bastante más de lo que le asignaba el plan de la ONU.

Ese mismo acontecimiento tiene dos nombres y dos memorias. Para Israel es la Guerra de Independencia, el nacimiento del Estado tras dos mil años y el refugio para los sobrevivientes del Holocausto. Para los palestinos es la Nakba, la 'catástrofe': durante la guerra, entre unos 700.000 y 750.000 palestinos —la mayoría de la población árabe de lo que sería Israel— huyeron o fueron expulsados de sus hogares y no se les permitió regresar; cientos de aldeas quedaron despobladas o destruidas. Las causas de este éxodo son objeto de un intenso debate historiográfico: algunos historiadores subrayan las expulsiones deliberadas y las masacres —como la de Deir Yassin—, otros el pánico de la guerra y los llamados de líderes árabes a marcharse; el consenso académico actual reconoce que hubo tanto huida como expulsión, en proporciones que se siguen discutiendo. Que algunos historiadores hayan descrito el proceso como limpieza étnica, mientras otros rechazan ese término, refleja hasta qué punto los hechos de 1948 siguen siendo terreno en disputa. En paralelo, en los años siguientes, cientos de miles de judíos de países árabes y musulmanes emigraron o fueron expulsados y se instalaron en Israel.

https://www.britannica.com/topic/United-Nations-Resolution-1https://en.wikipedia.org/wiki/United_Nations_Partition_Plan_https://en.wikipedia.org/wiki/1948_Palestinian_expulsion_andhttps://www.britannica.com/event/Arab-Israeli-wars

Las guerras de 1948, 1967 y 1973

El armisticio de 1949 no trajo paz, sino líneas de alto el fuego. La Franja de Gaza quedó bajo administración egipcia y Cisjordania (la 'orilla occidental' del Jordán), incluida Jerusalén Este, bajo control jordano. Israel y sus vecinos árabes quedaron en un estado de guerra latente que estallaría varias veces. En 1956, Israel se sumó a Gran Bretaña y Francia en la crisis de Suez contra Egipto, pero se retiró del Sinaí bajo presión internacional.

El vuelco decisivo fue la Guerra de los Seis Días, del 5 al 10 de junio de 1967. Ante la movilización egipcia, el cierre de los estrechos de Tiran y la retórica de aniquilación de algunos líderes árabes, Israel lanzó un ataque preventivo que destruyó en tierra a la aviación egipcia y le dio superioridad aérea. En apenas seis días, Israel derrotó a Egipto, Jordania y Siria y ocupó la península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania con Jerusalén Este, y los Altos del Golán sirios. Se estima que murieron alrededor de 20.000 árabes y unos 800 israelíes, y entre 280.000 y 325.000 palestinos y unos 100.000 sirios huyeron o fueron desplazados. La guerra multiplicó por varias veces el territorio bajo control israelí y puso a más de un millón de palestinos bajo ocupación militar: nacía así la cuestión de los territorios ocupados, que domina el conflicto hasta hoy. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 242, que llamaba a la retirada israelí de territorios ocupados a cambio de paz y reconocimiento, con una redacción ambigua que ambas partes interpretan distinto.

En 1973, en la festividad judía del Yom Kipur, Egipto y Siria lanzaron un ataque sorpresa para recuperar los territorios perdidos en 1967. Israel sufrió al principio graves reveses, pero logró revertir la situación tras duros combates y un gigantesco puente aéreo de suministros estadounidense. La guerra terminó sin cambios territoriales importantes, pero tuvo consecuencias enormes: sacudió la confianza israelí, dio a Egipto suficiente prestigio para negociar, y desembocó, tras la histórica visita del presidente egipcio Anwar el-Sadat a Jerusalén, en los Acuerdos de Camp David (1978) y el tratado de paz de 1979, por el cual Israel devolvió el Sinaí a Egipto. Fue la primera paz entre Israel y un país árabe, y le costó la vida a Sadat, asesinado por extremistas en 1981.

https://www.britannica.com/event/Six-Day-Warhttps://en.wikipedia.org/wiki/Six-Day_Warhttps://www.britannica.com/event/Yom-Kippur-Warhttps://www.britannica.com/event/Arab-Israeli-wars

Los Acuerdos de Oslo y un conflicto sin resolver

En 1987 estalló la Primera Intifada, una revuelta popular palestina en los territorios ocupados contra la ocupación israelí, que combinó protestas, huelgas y enfrentamientos, y que cambió la percepción internacional del conflicto. En ese clima, y tras el fin de la Guerra Fría, se abrió una vía de negociación. En 1993, tras conversaciones secretas en Noruega, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) firmaron la Declaración de Principios, primera de los llamados Acuerdos de Oslo. El primer ministro israelí Isaac Rabin y el líder de la OLP Yasser Arafat se estrecharon la mano en la Casa Blanca ante el presidente Bill Clinton, en una imagen que dio la vuelta al mundo.

Los Acuerdos de Oslo establecieron un reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP y crearon la Autoridad Nacional Palestina, que asumió el gobierno de partes de Cisjordania y Gaza durante un período de transición de cinco años. La idea era que, al final de ese plazo, se negociaran los temas más difíciles —el 'estatuto final'—: las fronteras, los asentamientos israelíes, el destino de los refugiados palestinos y el estatus de Jerusalén. Esos temas centrales quedaron deliberadamente sin resolver, y nunca se resolvieron.

El proceso de Oslo se descarriló. En 1995, Rabin fue asesinado por un extremista judío israelí opuesto a los acuerdos. La expansión de los asentamientos israelíes en los territorios ocupados —ilegales según la mayor parte de la comunidad internacional, aunque Israel lo discute— siguió adelante. La Cumbre de Camp David de 2000 fracasó, y ese mismo año estalló la Segunda Intifada, mucho más violenta, con oleadas de atentados suicidas palestinos y duras operaciones militares israelíes. Israel construyó una barrera de separación en Cisjordania y en 2005 se retiró unilateralmente de Gaza, de donde en 2007 tomó el control el movimiento islamista Hamás, tras lo cual Israel y Egipto impusieron un bloqueo. Desde entonces se han sucedido varias guerras en Gaza. Las causas del fracaso de Oslo se debaten: cada parte responsabiliza a la otra, y los historiadores señalan también las ambigüedades del propio proceso y la debilidad de sus garantías.

https://www.britannica.com/topic/Oslo-Accordshttps://en.wikipedia.org/wiki/Oslo_Accordshttps://history.state.gov/milestones/1993-2000/oslo

El Israel de hoy

El Israel del siglo XXI es un país de contrastes marcados. Es una democracia parlamentaria con una economía avanzada, apodada la 'nación startup' por su potente sector tecnológico, y una sociedad diversa que reúne a judíos de origen europeo (askenazíes), de países árabes y del norte de África (sefardíes y mizrajíes), etíopes, rusos y muchos otros, además de una minoría de ciudadanos árabes que ronda el 20% de la población. Es a la vez el único Estado de mayoría judía del mundo y un país donde conviven, en tensión, corrientes seculares y religiosas, incluida una comunidad ultraortodoxa (haredí) que crece con rapidez.

La política interna está atravesada por debates profundos: el peso de la religión en el Estado, el servicio militar, el costo de la vida y, sobre todo, la relación con los palestinos y la naturaleza del propio sistema. En los últimos años, planes de reforma judicial impulsados por gobiernos de derecha provocaron algunas de las mayores protestas de la historia del país. Israel mantiene, además, una relación estratégica estrecha con Estados Unidos y, desde 2020, ha normalizado relaciones con varios países árabes mediante los llamados Acuerdos de Abraham.

Pero el conflicto de fondo sigue sin resolverse y marca la vida cotidiana. Cisjordania continúa bajo ocupación militar israelí con una expansión sostenida de los asentamientos; Gaza ha vivido guerras devastadoras; y el estatus de Jerusalén, reclamada como capital tanto por Israel como por los palestinos, sigue siendo uno de los nudos más difíciles. La solución de dos Estados, largamente proclamada como horizonte, atraviesa una crisis profunda, mientras crece el debate sobre alternativas. Presentar este presente con equilibrio exige reconocer realidades duras para todos: el trauma y la búsqueda de seguridad de los israelíes tras generaciones de guerras y atentados, y la ocupación, el desplazamiento y la falta de un Estado propio que padecen los palestinos. Es una historia todavía abierta, sobre la que este texto no pretende dar veredictos, sino ofrecer los hechos y las miradas con la mayor honestidad posible.

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📚 Bibliografía

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