En el sur profundo, cerca de la frontera con la República de Guinea, el Parque Nacional de Cantanhez protege uno de los últimos fragmentos de selva húmeda de la llamada Alta Guinea. Es un mosaico de bosque tropical denso, palmerales y sabana que alberga una biodiversidad sobresaliente.
Su mayor tesoro son los chimpancés: Cantanhez guarda la población de chimpancés más occidental de todo el continente africano, un dato que le da un valor científico y conservacionista excepcional. A ellos se suman colobos y otros primates, y una avifauna riquísima que hace del parque un destino soñado para los amantes de la naturaleza.
La zona es tierra de los nalu y otros pueblos del sur, y la conservación se apoya en un modelo de ecoturismo comunitario que busca que las poblaciones locales se beneficien de proteger el bosque en lugar de talarlo. Cantanhez demuestra que, incluso en un país tan golpeado, es posible conservar patrimonios naturales de importancia mundial.
Camino del interior, sobre el caudaloso río Corubal, se encuentra Saltinho, un paraje de rápidos y saltos de agua que rompe la monotonía de las llanuras. Es uno de los pocos accidentes fluviales llamativos del país y un alto refrescante para los viajeros que se adentran hacia el este.
El Corubal, que nace en las tierras altas de la vecina Guinea (el Futa Yallon) y atraviesa el sur de Guinea-Bisáu, cobra fuerza al final de la temporada de lluvias, cuando los rápidos de Saltinho bajan con más caudal y espectacularidad. Es también un punto asociado a proyectos históricos de aprovechamiento hidroeléctrico.
El sur del país —las regiones de Quínara y Tombali— es una tierra de arrozales, bosques y ríos, menos transitada que las islas, donde la vida rural conserva su ritmo tradicional. Saltinho es una de sus postales más conocidas.