La ciudad de Gabú lleva en el nombre la memoria del gran reino mandinga de Kaabu (Gabú), del que fue corazón. En estas sabanas del este estuvo Kansala, la legendaria capital que en 1867 cayó, entre llamas y explosiones de pólvora, ante el ejército fula de Futa Yallon, poniendo fin a siglos de hegemonía mandinga.
Hoy Gabú es una bulliciosa ciudad-mercado, la más importante del interior, cruce de rutas comerciales fula y mandinga y puerta de entrada a la sabana del este. Su población es mayoritariamente musulmana, reflejo de la expansión del islam que acompañó la llegada de los fula, y su ambiente es muy distinto del de la costa criolla y de las islas.
Gabú resume la Guinea-Bisáu interior y continental: la del ganado, los mercados, la savana y el islam, heredera de imperios africanos anteriores a la llegada de los europeos. Es una región clave para entender que la historia del país no empieza en la costa portuguesa, sino mucho antes y tierra adentro.
A orillas del río Geba, en el centro-este del país, Bafatá es la segunda ciudad de Guinea-Bisáu y uno de sus lugares más cargados de historia: allí, el 12 de septiembre de 1924, nació Amílcar Cabral, el padre de la independencia. La ciudad conserva la memoria del líder que dirigió la lucha de liberación y cuyo pensamiento influyó en movimientos anticoloniales de todo el mundo.
Bafatá creció como centro comercial de la colonia, con un casco colonial portugués de casas ribereñas hoy de ritmo pausado, lejos del circuito de las islas. Su emplazamiento sobre el Geba la vinculó al comercio fluvial, y su población mezcla a fula, mandinga y otros pueblos del interior.
Visitar Bafatá es completar el mapa histórico del país: de la costa esclavista de Cacheu y la capital Bissau al este musulmán y a la ciudad natal del hombre que soñó y organizó la independencia. Es, en cierto modo, un lugar de peregrinación de la memoria nacional.