Kutaisi, la segunda ciudad de Georgia, es una de las más antiguas del país y su historia se remonta a la Cólquida: algunos la identifican con la Aia de los mitos, la capital del reino del vellocino de oro. Situada sobre el río Rioni, en el corazón de la región de Imericia, fue durante siglos una capital de primer orden. Cuando el este de Georgia caía bajo dominio árabe, Kutaisi se convirtió en el centro del reino que resistía en el oeste.
Su esplendor llegó con la unificación medieval. El rey Bagrat III hizo de Kutaisi capital del reino unido de Georgia hacia el año 1000, y allí levantó la catedral de Bagrati, consagrada en 1003, una obra maestra de la arquitectura georgiana. Más tarde, cuando el reino se fragmentó, Kutaisi volvió a ser capital del reino independiente de Imericia hasta que este fue anexado por Rusia en 1810.
En los alrededores de la ciudad, el rey David el Constructor fundó a comienzos del siglo XII el monasterio y la academia de Gelati, un centro de saber que fue faro cultural de toda Georgia y donde el propio David está enterrado. Tanto la catedral de Bagrati como el monasterio de Gelati fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, testimonio del papel central de Kutaisi en la edad de oro georgiana.
A pocos kilómetros de Kutaisi, sobre una colina boscosa, se levanta el monasterio de Gelati, fundado por David el Constructor en 1106. No fue solo un monasterio: David lo concibió como una academia, un centro de estudios superiores donde se enseñaba filosofía, teología, retórica, matemáticas y astronomía. Los cronistas de la época lo llamaron 'la nueva Atenas' y 'la segunda Jerusalén', por su ambición intelectual.
Gelati reunió a los grandes sabios georgianos de la edad de oro y tradujo y comentó a los clásicos griegos, en un momento en que la cultura georgiana alcanzaba su cima. Sus iglesias conservan mosaicos y frescos de valor excepcional, entre ellos un célebre mosaico de la Virgen del siglo XII y retratos de reyes y reinas medievales. En su recinto está la tumba de David el Constructor, cuya lápida el rey, en un gesto de humildad, pidió colocar a la entrada para que todos la pisaran.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, Gelati es uno de los grandes monumentos de Georgia y símbolo de aquel momento en que el país fue no solo una potencia militar, sino también un foco de saber que dialogaba con Bizancio y con el mundo clásico. Recorrerlo es entender qué se perdió cuando las invasiones posteriores quebraron el esplendor medieval.
Al sur de Imericia, en un valle boscoso de montaña, se encuentra Borjomi, el balneario más famoso de Georgia, célebre por sus aguas minerales carbonatadas que brotan de manantiales naturales. Aunque la zona se usaba desde antiguo, su fama despegó en el siglo XIX, cuando bajo el Imperio ruso la familia imperial de los Románov descubrió y desarrolló el lugar como estación termal de lujo.
El gran duque Mijaíl, virrey del Cáucaso, construyó residencias y parques, y el agua de Borjomi empezó a embotellarse y a exportarse. Durante la época soviética, el 'Borjomi' se convirtió en una de las marcas de agua mineral más conocidas de toda la URSS, presente en todas las mesas, y siguió siendo un producto emblemático de Georgia tras la independencia. La ciudad conserva su aire de balneario decimonónico, con su parque central donde se puede beber el agua directamente de la fuente.
Borjomi es también la puerta del Parque Nacional Borjomi-Karagauli, uno de los más grandes de Europa, un enorme territorio de bosques, cañones y fauna salvaje protegido para el senderismo y el ecoturismo. La combinación de aguas curativas, aire de montaña y naturaleza protegida hizo de esta región un destino de descanso y salud desde hace más de un siglo.
En el extremo sur del país, cerca de la frontera con Turquía y ya en la histórica región de Samtsje, un acantilado sobre el río Mtkvari alberga uno de los monumentos más impresionantes de Georgia: Vardzia, un monasterio-ciudad excavado en la roca en el siglo XII. Fue mandado construir por el rey Jorge III y, sobre todo, por su hija, la reina Tamar, en pleno apogeo de la edad de oro.
Vardzia era mucho más que un monasterio: fue una gigantesca fortaleza subterránea concebida para proteger a la población de las invasiones que llegaban del sur. Llegó a tener cientos de estancias distribuidas en varios pisos —celdas, capillas, refectorios, bodegas, sistemas de agua, incluso una sala del trono—, capaces de albergar a miles de personas y de resistir un asedio. En el centro, la iglesia de la Dormición conserva frescos del siglo XII, entre ellos un valiosísimo retrato de la propia reina Tamar en vida, uno de los pocos que se conservan.
Un terremoto en 1283 derrumbó buena parte del acantilado y dejó al descubierto las galerías, que hasta entonces eran secretas. Pese a los daños y a las posteriores invasiones persas, Vardzia sobrevivió como símbolo del poder y la piedad de la Georgia medieval. Es, junto con Uplistsije, uno de los grandes complejos rupestres del país y un testimonio en piedra de la época de mayor gloria de la nación.
El oeste y el sur de Georgia comparten un rasgo histórico: fueron tierra de refugio y de resistencia. Cuando el este caía, el reino sobrevivía en Imericia; cuando las invasiones amenazaban desde el sur, la población se protegía en fortalezas rupestres como Vardzia. La geografía de acantilados, cuevas y valles cerrados favoreció esa función defensiva a lo largo de los siglos.
Imericia mantuvo durante mucho tiempo su condición de reino aparte, con su propia corte y sus propias rivalidades con Kartli y Kajetia, hasta la anexión rusa. Esa historia diferenciada dejó una identidad regional marcada, con su dialecto, su carácter y su tradición vinícola y agrícola propias. Kutaisi, con sus mercados y su animación, sigue siendo el orgulloso centro de esa Georgia occidental.
Hoy la región combina el peso de su patrimonio —dos sitios de la Unesco, ciudades-cueva milenarias— con la naturaleza de sus parques nacionales y balnearios. Del vellocino de oro a la academia de Gelati, del agua de Borjomi a los frescos de Tamar en Vardzia, este es el territorio donde se guardó lo mejor de la Georgia medieval en los momentos en que todo parecía perderse.