En el extremo sureste del país, en la región del Haut-Ogooué, se encuentra Franceville, la cuarta ciudad de Gabón y el final de la línea del ferrocarril Transgabonés. Fue fundada en 1880 por el explorador Pierre Savorgnan de Brazza, que la concibió —como Libreville— en parte como asentamiento para esclavos liberados; su nombre original era Masuku. Su localización, en las mesetas del interior profundo, la convirtió en un puesto avanzado de la penetración francesa hacia el Congo.
El Haut-Ogooué tiene además un peso político singular: es la región natal del clan Bongo, que gobernó Gabón durante 56 años. Omar Bongo nació cerca de aquí, y durante su largo mandato la zona recibió especial atención e inversiones. Hoy Franceville es la puerta de entrada a un rincón del país muy distinto del resto: el de las mesetas, las cascadas y las sabanas del sureste.
El Parque Nacional de los Plateaux Batéké ofrece la cara menos esperada de Gabón. En lugar de la densa selva ecuatorial que domina el país, aquí se extienden mesetas herbosas, colinas de sabana y cañones de arenisca esculpidos por los ríos, un paisaje abierto y luminoso que parece de otro continente. Es la prolongación de las grandes mesetas Batéké que continúan en la vecina República del Congo, tierra ancestral del pueblo teke o batéké.
El parque, creado en 2002, es escenario de uno de los proyectos de conservación más ambiciosos del país: la reintroducción del león, extinguido en Gabón, además de la protección de gorilas, elefantes de bosque y una fauna de sabana singular. Su carácter remoto y su paisaje inusual lo convierten en un destino para viajeros aventureros que quieren descubrir un Gabón radicalmente distinto al de la selva cerrada.
Cerca de Franceville, el río Ogooué —aquí todavía joven y bravo— se despeña en las espectaculares cataratas de Poubara, uno de los saltos de agua más impresionantes de la región y también fuente de energía hidroeléctrica para el sureste del país. Pero lo que ha hecho famoso a este lugar no es solo la fuerza del agua, sino una obra de ingeniería tradicional que la cruza.
Sobre el río se tiende uno de los puentes de lianas más antiguos de África: una pasarela colgante tejida enteramente con miles de lianas por el pueblo batéké, que la reteje y renueva de generación en generación desde tiempos ancestrales. Es un testimonio vivo del ingenio de las comunidades locales y un símbolo de la relación entre los pueblos de la región y su entorno selvático. Cruzarlo, suspendido sobre las aguas, es una de las experiencias más memorables del sureste gabonés.