El río Ogooué es la columna vertebral de Gabón: nace en el sureste, atraviesa el país de este a oeste a lo largo de cerca de mil doscientos kilómetros y desemboca en el Atlántico formando un amplio delta cerca de Port-Gentil. Durante siglos fue la gran vía de comunicación, comercio y penetración hacia el interior de una tierra cubierta de selva impenetrable. Por sus aguas circularon el marfil, la madera y, también, los esclavos.
Fue remontando el Ogooué como el explorador Pierre Savorgnan de Brazza abrió el interior de Gabón a Francia entre 1875 y 1885. El río sigue siendo hoy un eje de vida: en sus orillas se suceden aldeas de pescadores, y su curso medio, en torno a Lambaréné, se abre en un extraordinario sistema de lagos y canales. Navegarlo en piragua es una de las experiencias más auténticas del país.
A orillas del Ogooué, la tranquila ciudad de Lambaréné es conocida en todo el mundo por un hombre: Albert Schweitzer. Médico, teólogo, filósofo y organista alsaciano, Schweitzer llegó aquí en 1913 y fundó un hospital para atender a la población africana, que sostuvo durante décadas en gran parte con el dinero de sus propios conciertos de órgano y con donaciones. Su filosofía del "respeto por la vida" y su entrega le valieron el Premio Nobel de la Paz en 1952.
El hospital de Schweitzer, ampliado y modernizado, sigue funcionando como centro sanitario y de investigación, y parte del complejo original es hoy un museo que conserva su consultorio, su vivienda y numerosos objetos personales. Aunque su figura ha sido revisada con ojos críticos por su paternalismo, Lambaréné mantiene viva la memoria de uno de los personajes más singulares de la historia del país. Desde la ciudad salen además apacibles paseos en piragua por el río.
Alrededor de Lambaréné, el Ogooué se desborda en un fascinante laberinto de lagos, canales y selva inundada de enorme valor ecológico. Es un mundo de agua y bosque, salpicado de aldeas de pescadores que viven al ritmo del río, donde la vida se mueve en piragua. Estos humedales del bajo Ogooué figuran entre las zonas húmedas más importantes de África Central por su biodiversidad.
Navegar entre sus canales permite observar una rica avifauna, y con suerte, manatíes africanos —esos escurridizos y amenazados mamíferos acuáticos— e hipopótamos. Es un destino para quienes buscan la calma y el contacto directo con la naturaleza y las comunidades ribereñas, en uno de los paisajes fluviales más serenos y auténticos de Gabón.