En una espectacular meseta a unos 2.700 metros de altura, al sur de Asmara, se extienden las ruinas de Qohaito, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes y enigmáticos de Eritrea. Se cree que corresponde a una antigua ciudad preaksumita y aksumita, posiblemente la Koloe que mencionan las fuentes clásicas como estación en la ruta comercial que unía el puerto de Adulis con la capital, Aksum.
Qohaito conserva vestigios impresionantes: los restos de una antigua presa de piedra —la llamada presa de Safira—, columnas y muros de templos, tumbas y estructuras que hablan de una comunidad próspera que supo gestionar el agua en un entorno de altura. En los acantilados cercanos se han hallado además pinturas rupestres de épocas mucho más antiguas, con figuras de ganado, que revelan una ocupación humana milenaria de estas tierras.
El sitio, todavía poco excavado y de acceso difícil, se recorre entre paisajes de una belleza austera, con baobabs aferrados a la roca y vistas que se pierden en el horizonte del altiplano. Qohaito es un testimonio de que el interior eritreo, y no solo la costa, fue parte activa de las grandes redes comerciales y culturales de la Antigüedad del mar Rojo.
Cerca de la ciudad de Senafe, en el sur profundo, se levantan las ruinas de Metera (también llamada Belew Kelew o Matara), una importante ciudad aksumita y preaksumita que floreció como centro urbano y comercial en las tierras altas. Las excavaciones han sacado a la luz los cimientos de villas, altares, tumbas y objetos que confirman su relevancia en la órbita del reino de Aksum.
Su símbolo más famoso es una alta estela de piedra grabada con un disco y una media luna —emblemas religiosos preaksumitas— y con una inscripción en ge'ez, una de las más antiguas conocidas. Este tipo de estelas, como las mucho mayores de la vecina Aksum etíope, marcaba tumbas o conmemoraba a los poderosos, y son una de las señas de identidad de aquella civilización. La de Metera es un tesoro arqueológico de primer orden.
Toda la zona de Senafe y Adi Keih forma el corazón histórico del sur eritreo. Junto a Qohaito y Metera, estas tierras altas fueron escenario de la vida aksumita durante siglos y, mucho más tarde, de duros combates durante la guerra con Etiopía de 1998-2000, ya que Senafe fue ocupada temporalmente por el ejército etíope. Historia antigua y conflicto moderno se dan la mano en este rincón del país.
El sur de Eritrea, que administrativamente forma la región de Debub, es una tierra de mesetas templadas, aldeas de piedra e iglesias antiguas, habitada mayoritariamente por campesinos tigriña de fe ortodoxa. Ciudades como Adi Keih sirven de base y de puerta de entrada para explorar el patrimonio arqueológico de la zona, en especial las cercanas ruinas de Qohaito.
Más al norte, hacia Asmara, la localidad de Segeneiti se distingue por su entorno rural salpicado de imponentes baobabs, esos árboles ancestrales de tronco descomunal que salpican el paisaje del sur. Sus aldeas tradicionales, sus iglesias y su ritmo pausado ofrecen una ventana a la vida campesina del altiplano eritreo, poco cambiada en lo esencial a lo largo de los siglos.
Debub es también una región de fuerte identidad histórica y política: de estas tierras altas cristianas salió buena parte del debate sobre el destino de Eritrea a mediados del siglo XX —entre quienes querían la unión con Etiopía y quienes soñaban la independencia—, y por aquí pasaron los frentes de la guerra de liberación y de la guerra fronteriza de 1998-2000. Recorrer el sur es, así, recorrer a la vez el pasado más remoto de Aksum y las heridas más recientes de la nación.