A apenas una hora del bullicio de Santiago, el Cajón del Maipo es la puerta de entrada más cercana a la alta cordillera de los Andes y el refugio natural preferido de los santiaguinos. El río Maipo, de aguas color esmeralda, talló este largo cañón que va trepando desde los faldeos hasta los más de 2.500 metros de altura, entre pueblitos de montaña, bosques, glaciares colgantes y el imponente volcán San José vigilando el horizonte.
Es un destino donde la naturaleza manda. Acá se viene a hacer trekking entre cumbres nevadas, a relajarse en termas naturales que brotan de la montaña, a remar en el rafting del río Maipo, a cabalgar por senderos cordilleranos y, sobre todo, a contemplar el famoso embalse El Yeso, una represa de agua de un turquesa imposible rodeada de cumbres áridas que se convirtió en una de las imágenes más fotografiadas de Chile central.
Esta guía recorre el Cajón del Maipo con mirada práctica: cómo llegar desde Santiago, qué ver en cada tramo del valle, dónde encontrar las termas, cómo organizar la visita al embalse El Yeso y al Monumento Natural El Morado, qué actividades de aventura se pueden hacer y dónde dormir y comer. Un plan ideal para quien quiere combinar la ciudad con un buen respiro de montaña.
El Cajón del Maipo debe su nombre al río Maipo, cuyo cauce talló este cañón ('cajón', en el habla chilena de montaña) en la cordillera de los Andes. La zona estuvo habitada en tiempos prehispánicos por pueblos cordilleranos y fue ruta de paso de arrieros hacia Argentina. El gran impulso llegó en el siglo XIX con la minería: en 1791 se reconocían ya yacimientos en la zona, y el descubrimiento de plata y otros metales atrajo poblamiento. El pueblo de San José de Maipo fue fundado oficialmente en 1792 por orden del gobernador Ambrosio O'Higgins, justamente para administrar la actividad minera de la zona, lo que lo convierte en una de las localidades cordilleranas más antiguas de la región. A comienzos del siglo XX, entre 1906 y 1914, se construyó el ferrocarril militar del Cajón del Maipo (el 'Ferrocarril del Volcán'), que conectaba San Bernardo con El Volcán y sirvió tanto al transporte de minerales como al turismo incipiente, hasta su clausura en los años ochenta; su antiguo trazado todavía se reconoce en el valle. La construcción del embalse El Yeso, inaugurado en 1964 sobre el río homónimo, dotó de agua potable a buena parte de Santiago y dejó como herencia la laguna turquesa que hoy es la gran atracción del Cajón. Con los años, la cercanía a la capital y la belleza de su naturaleza transformaron al valle en el principal destino de turismo de montaña de la Región Metropolitana. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El corazón político y económico de Chile: Santiago, fundada en 1541 al pie de los Andes, con La Moneda y el río Mapocho canalizado; los pueblos alfareros como Pomaire; la cordillera del Cajón del Maipo; y los centros de esquí de clase mundial de los Tres Valles.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
El nombre del Cajón del Maipo es, en buena medida, una descripción geográfica. En el habla popular chilena de montaña se llama 'cajón' a un valle estrecho y profundo, encerrado entre laderas escarpadas, por donde corre un río: literalmente, una caja natural excavada en la cordillera. El Cajón del Maipo es exactamente eso: el largo cañón que el río Maipo fue tallando a lo largo de milenios al descender desde la alta cordillera de los Andes hacia el valle central, en lo que hoy es el sudeste de la Región Metropolitana de Santiago.
El segundo componente, 'Maipo', proviene del río que da identidad al valle. El topónimo se vincula a raíces de lenguas originarias de la zona central de Chile; existen distintas interpretaciones sobre su significado exacto, ligadas al mundo de los pueblos que habitaban estos valles cordilleranos antes de la llegada de los españoles. El río Maipo, alimentado por los deshielos de glaciares y nieves de cumbres que superan los 5.000 metros (como el volcán Maipo o el cerro Marmolejo), es uno de los principales cursos de agua de Chile central y abastece a gran parte de la cuenca de Santiago.
Así, 'Cajón del Maipo' une la forma del terreno —el cajón cordillerano— con el río que lo modeló y le dio vida. Es un nombre que cualquier santiaguino reconoce de inmediato como sinónimo de montaña, naturaleza y escapada cercana.
Mucho antes de la fundación de pueblos y de la llegada de los españoles, los valles cordilleranos de la cuenca del Maipo eran transitados y habitados por pueblos originarios de Chile central. La zona formaba parte del territorio de comunidades de cazadores, recolectores y agricultores que, con el tiempo, quedaron bajo la influencia del Imperio incaico cuando este extendió su dominio hacia el sur del continente, integrando esta región a sus redes de caminos y de intercambio.
La cordillera nunca fue una barrera infranqueable, sino un territorio de paso. Los senderos de altura del Cajón conectaban la vertiente chilena con los valles del otro lado de los Andes, y por ellos circulaban personas, animales y mercancías. Esta tradición de cruce cordillerano se mantuvo durante siglos: en tiempos coloniales y republicanos, los arrieros recorrían el Cajón del Maipo arreando ganado y transportando productos a través de los pasos de montaña hacia Argentina, una actividad que dejó una profunda huella en la cultura local.
Esa herencia de montaña —el conocimiento de los senderos, el manejo del ganado en la alta cordillera, la vida austera del arriero— sigue presente en el imaginario del Cajón y en algunas actividades turísticas actuales, como las cabalgatas guiadas por baqueanos que conocen cada quebrada del valle.
El gran impulso para el poblamiento estable del Cajón del Maipo llegó de la mano de la minería. Hacia fines del siglo XVIII, el descubrimiento y la explotación de yacimientos en la zona —plata y otros minerales en los cerros cordilleranos— atrajeron población y actividad económica a este rincón de la cordillera, hasta entonces poco poblado.
Para administrar y dar orden a esa actividad minera y al creciente asentamiento, el gobernador del Reino de Chile, Ambrosio O'Higgins (padre de Bernardo O'Higgins, prócer de la independencia chilena), dispuso la fundación de un pueblo en el valle. Así nació, en 1792, la villa de San José de Maipo, que se convirtió en el centro administrativo y poblacional del Cajón y en una de las localidades cordilleranas más antiguas de la actual Región Metropolitana. Su trazado, su plaza y su iglesia dan testimonio de esa raíz colonial.
A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, la minería siguió siendo un motor del valle, junto con la ganadería de arriería y la explotación de recursos como la cal y el yeso (que dan nombre a varios sectores y al propio río Yeso). San José de Maipo consolidó así su papel de capital del Cajón, función que mantiene hasta hoy como cabecera de la comuna homónima.
A comienzos del siglo XX, el Cajón del Maipo vivió un capítulo singular de su historia con la construcción de un ferrocarril que recorría el valle. Conocido como el Ferrocarril Militar del Cajón del Maipo —o popularmente 'el Tren del Volcán'—, fue construido entre 1906 y 1914 y conectaba la zona de San Bernardo y Puente Alto, en los faldeos de Santiago, con localidades del valle hasta llegar a El Volcán, en el sector alto del Cajón.
El ferrocarril nació con fines mineros y de transporte de carga —especialmente para sacar minerales, cal y yeso de la cordillera—, pero pronto cumplió también un papel clave en el transporte de pasajeros y en el incipiente turismo. Durante décadas, el tren fue el medio que acercó a los santiaguinos a la montaña y que dio vida y conexión a los pueblos del valle, transformándose en parte de la identidad del Cajón.
Con el avance del transporte por carretera y los cambios económicos, el ferrocarril fue perdiendo importancia hasta su clausura definitiva en la década de 1980 (alrededor de 1985). Hoy, el antiguo trazado, algunos puentes y vestigios de estaciones todavía se reconocen a lo largo del valle, y el 'Tren del Volcán' pervive como un recuerdo entrañable de la historia del Cajón del Maipo.
Uno de los hitos modernos del Cajón del Maipo es la construcción del embalse El Yeso, una gran obra de ingeniería levantada sobre el río Yeso, afluente del Maipo, en un valle de alta montaña a más de 2.500 metros de altura. Inaugurado en 1964, el embalse fue concebido para regular y almacenar agua destinada al abastecimiento de la ciudad de Santiago, que crecía aceleradamente y necesitaba asegurar su suministro.
Desde entonces, El Yeso cumple un rol estratégico en el sistema de agua potable de la capital chilena: acumula el agua de los deshielos cordilleranos para entregarla de manera regulada a lo largo del año. Por eso la zona está protegida y su acceso, vinculado a la captación de agua, requiere cuidado y respeto por parte de los visitantes.
Más allá de su función práctica, el embalse dejó como legado inesperado uno de los paisajes más famosos de Chile central: una laguna artificial de aguas de un turquesa intenso, producto de los sedimentos glaciares en suspensión, rodeada de montañas áridas y cumbres nevadas. Con los años, esa imagen se transformó en una de las postales más buscadas por turistas y fotógrafos, y convirtió al embalse El Yeso en el atractivo estrella del sector alto del Cajón del Maipo.
Con el correr del siglo XX y, sobre todo, en las últimas décadas, el Cajón del Maipo experimentó una transformación profunda: de valle minero y ganadero pasó a convertirse en el principal destino de turismo de naturaleza de la Región Metropolitana. Su gran ventaja es la cercanía: a poco más de una hora del centro de Santiago, el visitante pasa del paisaje urbano a la alta cordillera, con ríos, glaciares, termas y cumbres nevadas.
Este auge turístico impulsó el desarrollo de servicios a lo largo del valle: lodges, cabañas, campings, restaurantes de comida campestre y operadores de turismo aventura que ofrecen rafting en el río Maipo, cabalgatas, trekking, canopy y escalada. Áreas como el Santuario de la Naturaleza Cascada de las Ánimas, gestionado de forma privada con criterios de conservación, y el Monumento Natural El Morado, administrado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), combinan la protección del entorno con la recepción de visitantes.
Hoy el Cajón del Maipo enfrenta el desafío de equilibrar ese desarrollo turístico con la conservación de un ecosistema frágil de montaña y con su papel clave en el abastecimiento de agua de Santiago. Para el viajero, sigue siendo la escapada natural por excelencia de la capital chilena: un cajón cordillerano donde, en pocas horas, se cambia el ruido de la ciudad por el silencio de los Andes.