Zakouma es la mejor historia que tiene Chad para contar y una de las mejores de la conservación africana contemporánea. A comienzos de los años 2000 este parque del sudeste chadiano albergaba unos 4.300 elefantes; en 2010 quedaban entre 400 y 450. La matanza fue metódica: bandas armadas a caballo, entradas desde Sudán, más de cien elefantes abatidos solo en 2006 y guardaparques asesinados en emboscadas. Zakouma estaba a un par de temporadas de perder su población entera.
Ese año el Gobierno de Chad delegó la gestión en la ONG African Parks. Lo que vino después —guardaparques equipados con GPS y radios cifradas, la unidad de respuesta rápida conocida como los Mamba, vigilancia aérea, collares satelitales y, sobre todo, un trabajo largo con las comunidades del entorno— dio vuelta la curva. Desde 2011 prácticamente no se registró caza furtiva de elefantes dentro del parque, la manada volvió a reproducirse (a comienzos de 2018 se contaron 127 crías de menos de cinco años) y hoy ronda los 800 individuos. Los búfalos pasaron de unos 220 en 1986 a más de 13.000.
Para el viajero, Zakouma es un safari distinto al de África oriental o austral: sin tráfico de vehículos, sin lodges en cadena, con paisajes de sabana sudano-saheliana, bosques de acacias y llanuras de inundación que en marzo y abril concentran la fauna en unas pocas charcas. Y con un extra que casi ningún parque africano ofrece: bandadas de quelea de pico rojo que oscurecen el cielo por millones y grullas coronadas cuellinegras que crían en los humedales. Esta guía explica qué cuesta, cómo se llega, qué se ve y qué precauciones exige.
Zakouma fue declarado parque nacional por decreto presidencial el 7 de mayo de 1963, el primero de Chad, sobre 3.000 km² de sabana sudano-saheliana entre Sarh y Am Timan. Sobrevivió como pudo a las guerras civiles chadianas y, ya en democracia formal, a la peor ola de caza furtiva de marfil de su historia: de unos 4.300 elefantes en 2002 bajó a menos de 900 en 2005 y a poco más de 400 en 2010. Ese año el Estado chadiano delegó la gestión en la ONG African Parks y el parque se convirtió en un caso de estudio mundial: la caza furtiva de elefantes se detuvo, la población se recuperó hasta unos 800 animales y en 2018 y 2023 se reintrodujeron rinocerontes negros desde Sudáfrica, extintos localmente desde los años setenta. En 2019 la revista Time lo incluyó entre los 100 mejores lugares del mundo. La relación entre Chad y African Parks pasó por una crisis abierta en octubre de 2025 y se reencauzó con nuevos acuerdos de cogestión firmados en julio de 2026.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Zakouma ocupa un lugar muy preciso en la geografía africana: la franja donde el Sahel se disuelve en la sabana sudanesa, a caballo entre las provincias chadianas de Guéra y Salamat, entre las ciudades de Sarh y Am Timan. Es una tierra de dos estaciones extremas. Entre mayo y octubre las lluvias monzónicas convierten las llanuras del Bahr Salamat en un humedal enorme, tan grande que el conjunto formado por las planicies de inundación de los Bahr Aouk y Salamat figura entre los sitios Ramsar más extensos del mundo. Entre noviembre y abril el agua se retira, la tierra se agrieta y toda la vida se concentra alrededor de un puñado de charcas permanentes.
Ese ciclo explica la fauna. La sabana sudano-saheliana de Zakouma —matorral espinoso, pastizales altos, bosques de acacias, palmeras dum y bosquetes de galería a lo largo de los cauces estacionales— sostiene una biomasa animal que casi ningún otro lugar de África central conserva. Y explica también la cultura humana del entorno: pastores árabes que se mueven con sus rebaños siguiendo el agua, agricultores sedentarios en los bordes, pescadores en las llanuras inundadas.
El área tuvo históricamente una función mixta de coto y de reserva de caza para las administraciones coloniales francesas, que la conocían bien por su riqueza en elefantes y antílopes. Lo que se protegió en 1963 no era un espacio virgen aislado del ser humano, sino un territorio de uso compartido y milenario que el nuevo Estado chadiano decidió sustraer del avance agrícola y de la caza comercial.
Chad se independizó de Francia el 11 de agosto de 1960. Tres años después, el 7 de mayo de 1963, un decreto presidencial declaró parque nacional a 3.000 kilómetros cuadrados de sabana en el sudeste del país. Zakouma se convirtió así en el primer parque nacional de la historia chadiana y en una declaración de intenciones del joven Estado: la fauna del sur no sería solo un recurso para explotar.
El parque se dotó de infraestructura modesta pero real. En 1968 abrió Tinga Lodge, un alojamiento con capacidad para 48 huéspedes cerca del río, pensado para un turismo de safari que en aquel momento parecía tener futuro en África central. Durante los años sesenta y setenta Zakouma funcionó con guardaparques, pistas y visitantes, aunque nunca con los volúmenes de los grandes parques del este africano.
Después vino la política. Chad entró en un ciclo de guerras civiles que arrancó en los años sesenta con la rebelión del FROLINAT y se prolongó, con interrupciones y cambios de bando, durante casi tres décadas: la caída de François Tombalbaye en 1975, la guerra de facciones, la intervención libia, el régimen de Hissène Habré, la llegada al poder de Idriss Déby en 1990. En ese contexto un parque nacional del interior profundo es lo primero que se abandona. La gestión de Zakouma se degradó, las armas automáticas se volvieron ubicuas en toda la región y la fauna quedó a merced de quien tuviera un fusil.
A finales de los años ochenta desapareció del vecino Parque Nacional de Manda el eland de Derby, la gran antílope para cuya protección se había creado aquella reserva. Era la señal de lo que venía. Los rinocerontes negros de Zakouma ya se habían perdido antes: los últimos ejemplares silvestres del país se avistaron en 1972.
Los números de Zakouma en los años 2000 son de los más brutales que registró la conservación africana moderna. En 2002 el parque albergaba unos 4.300 elefantes de sabana, una de las poblaciones más importantes de África central. En 2005 quedaban menos de 900. Hacia 2010, entre 400 y 450.
El mecanismo era conocido y sistemático. Bandas armadas a caballo, muchas de ellas provenientes del vecino Sudán y con conexiones con los conflictos de Darfur, entraban en la temporada seca, localizaban la manada, la rodeaban y disparaban. Solo en 2006 se documentó la muerte de más de cien elefantes. El marfil salía por rutas que atravesaban el Sahel hacia mercados asiáticos. Los guardaparques, mal armados, mal pagados y sin apoyo logístico, no podían hacer frente: varios fueron asesinados en emboscadas mientras rezaban en el campo, en episodios que se volvieron símbolo del costo humano de la caza furtiva en la región.
Lo que ocurrió con los elefantes de Zakouma no fue un accidente local sino un síntoma. Entre 2002 y 2011, la crisis global del marfil arrasó poblaciones de elefantes en toda África central: Camerún, República Centroafricana, República Democrática del Congo. Zakouma, con su manada concentrada y accesible, era un blanco perfecto.
El daño dejó una huella que todavía se ve. Los elefantes sobrevivientes de Zakouma desarrollaron un comportamiento inusual: en vez de dispersarse en grupos familiares, se agrupan casi todo el tiempo en una única gran manada. Los investigadores lo interpretan como una respuesta defensiva aprendida, y también como consecuencia de una estructura social rota, con pocas matriarcas viejas y una tasa de natalidad que durante años se derrumbó porque las hembras estaban demasiado estresadas para criar.
En 2010 el Gobierno de Chad firmó un acuerdo de gestión delegada con African Parks, una ONG con sede en Johannesburgo que administra áreas protegidas en asociación con Estados africanos. El acuerdo llegó en el peor momento posible y por eso mismo se volvió un caso de estudio.
Lo primero fue lo obvio y lo caro: profesionalizar la protección. Guardaparques seleccionados y entrenados, equipados con GPS y comunicaciones cifradas, con salarios pagados a tiempo y con una unidad de respuesta rápida —los Mamba— capaz de desplegarse en horas. Vigilancia aérea con avioneta. Collares satelitales en elefantes clave, que permitieron anticipar los movimientos de la manada y posicionar patrullas por delante de ella en lugar de perseguir denuncias tardías. Inteligencia sobre las redes de tráfico en las aldeas y en los mercados.
Lo segundo fue lo menos visible y lo decisivo: la relación con la gente del entorno. Empleo local en el parque, programas de educación ambiental —incluido un cine itinerante que recorre las aldeas—, acceso al agua, apoyo sanitario y una idea simple pero difícil de instalar: que el parque valiera más vivo para las comunidades vecinas que muerto para los traficantes. Sin ese trabajo, la protección armada sola no se sostiene.
Los resultados son medibles. Desde finales de 2011 prácticamente no se registró caza furtiva de elefantes dentro del parque; el propio parque no reporta incidentes conocidos desde 2016. La manada empezó a reproducirse otra vez: a comienzos de 2018 se contabilizaron 127 crías de menos de cinco años, un dato que en 2010 habría parecido ciencia ficción. En 2021 el censo dio 636 elefantes y las estimaciones más recientes rondan los 800.
Y los elefantes no fueron el único indicador. Los búfalos pasaron de unos 220 individuos censados en 1986 a más de 13.000. Las jirafas de Kordofán superan los 1.300 ejemplares, lo que convierte a Zakouma en el refugio principal de una subespecie de la que quedan alrededor de 2.300 en todo el planeta. Se registraron 373 especies de aves, con poblaciones reproductoras de grulla coronada cuellinegra que valieron al parque la categoría de Área Importante para las Aves de BirdLife International. En 2019 la revista Time incluyó a Zakouma entre los 100 mejores lugares del mundo.
El gesto más ambicioso llegó en mayo de 2018, cuando seis rinocerontes negros viajaron desde Sudáfrica para reintroducir una especie extinta localmente desde los años setenta. Cuatro murieron en los meses siguientes. En diciembre de 2023 llegaron cinco ejemplares más. El 25 de marzo de 2025 dos fueron abatidos por cazadores furtivos. Es el recordatorio de que ninguna de estas victorias es definitiva.
El 6 de octubre de 2025, African Parks recibió una carta oficial del ministro chadiano de Medio Ambiente, Pesca y Desarrollo Sostenible, Hassan Bakhit Djamous, comunicándole la decisión unilateral del Gobierno de terminar los dos mandatos de gestión que la organización tenía en el país: la Reserva Natural y Cultural del Ennedi y el Gran Ecosistema de Zakouma, que incluye el Parque Nacional de Zakouma y el de Siniaka-Minia.
El ministro fundamentó la decisión en el rebrote de la caza furtiva, la falta de inversión en infraestructura y en el dispositivo antifurtivos, el incumplimiento de cláusulas clave de los acuerdos y lo que describió como una actitud reiteradamente irrespetuosa hacia el Gobierno de Chad. African Parks respondió que buscaba entender la posición gubernamental y explorar el mejor camino para seguir protegiendo esos paisajes. El episodio tuvo eco internacional porque el príncipe Harry integra el directorio de la organización, y se sumó a un período de escrutinio público sobre la ONG.
La ruptura duró once días. El 17 de octubre de 2025 se firmó en N'Djamena una declaración conjunta entre el ministro Djamous y el director ejecutivo de African Parks, Peter Fearnhead, que restablecía la gestión delegada de Zakouma y del Ennedi y comprometía a ambas partes a negociar convenios nuevos, con African Parks financiando y cogestionando las áreas mientras tanto. El 2 de julio de 2026, también en N'Djamena, se firmaron los nuevos acuerdos de cogestión, que cubren Zakouma y Siniaka-Minia, la Reserva Natural y Cultural del Ennedi y el paisaje de Aouk-Keïta.
Más allá del vaivén institucional, el Zakouma de hoy es un parque que funciona. Recibe turismo internacional cada temporada seca, entre el 1 de diciembre y el 15 de mayo según el tarifario oficial vigente. Tiene un campamento fijo —Tinga Camp, heredero del lodge de 1968— con habitaciones estándar y superiores y un sector de camping, y un campamento móvil de gama alta, Camp Nomade, que recibió a su primer huésped en enero de 2015 y opera de mediados de diciembre a mediados de abril. Los ingresos del turismo, aunque modestos, son parte del argumento económico que sostiene el modelo.
El contexto, en cambio, sigue siendo duro. La guerra de Sudán, que estalló en abril de 2023, empujó a más de 1,3 millones de refugiados sudaneses hacia el este chadiano y presiona toda la frontera oriental del país. Las cancillerías occidentales mantienen advertencias severas para viajar a Chad: el Departamento de Estado de EE.UU. lo colocó en Nivel 4 —No viajar— en abril de 2026. Zakouma sobrevivió a treinta años de guerra civil y a una década de matanza de marfil; su próxima prueba es la de un vecindario regional en llamas.