Las raíces del pueblo armenio se hunden en el altiplano montañoso que rodea el lago Van, el lago Seván y el lago Urmía, en torno a la imponente mole del monte Ararat. Entre los siglos IX y VI a.C. floreció allí el reino de Urartu, una poderosa civilización de la Edad del Hierro rival de Asiria, con capital en Tushpa, a orillas del Van. Los urartianos fueron grandes constructores de fortalezas ciclópeas, canales de riego y templos, y dominaron la metalurgia del bronce y del hierro; son considerados los predecesores directos de los armenios en esta tierra.
De aquella época proviene uno de los datos más célebres de la historia armenia: en el año 782 a.C. el rey urartiano Argishti I fundó la fortaleza de Erebuni sobre una colina que domina el valle del río Araxes. Esa ciudadela es el origen de la actual Ereván, la capital, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, más vieja que Roma. Todavía hoy los ereveníes celebran la antigüedad de su ciudad a partir de aquella inscripción cuneiforme.
Tras el ocaso de Urartu, hacia el siglo VI a.C., emergieron los armenios propiamente dichos, un pueblo indoeuropeo cuya lengua forma una rama independiente dentro de esa familia. Bajo el Imperio persa aqueménida el territorio fue una satrapía, y de allí en más el nombre de Armenia empezó a aparecer en las fuentes antiguas, incluidas las inscripciones de Darío I y los relatos de los historiadores griegos.
Tras el paso de Alejandro Magno y la fragmentación de su imperio, Armenia fue ganando autonomía bajo dinastías locales. La independencia plena llegó con la dinastía artáxida, fundada por Artaxias I hacia el 189 a.C., que unificó el territorio y afianzó una identidad armenia propia. Pero fue su descendiente Tigranes II, conocido como Tigranes el Grande, quien llevó al reino a su máxima extensión histórica.
Tigranes reinó entre el 95 y el 55 a.C. y, aprovechando el vacío de poder dejado por la decadencia de los seléucidas y las guerras de Roma con el Ponto, construyó en pocos años el imperio más extenso que Armenia haya tenido jamás. En su apogeo se extendía desde el mar Caspio hasta el Mediterráneo, abarcando tierras de las actuales Armenia, Turquía, Siria, Líbano e Irak, y Tigranes adoptó el antiguo título persa de 'rey de reyes'. Para su corte fundó una nueva capital, Tigranakert.
Aquel imperio fue tan meteórico como frágil: el choque con la Roma expansiva de Lúculo y luego de Pompeyo terminó reduciendo a Armenia a la condición de reino cliente y estado tapón entre Roma y el Imperio parto. Durante siglos, esa posición entre dos gigantes definiría el destino armenio. La dinastía arsácida armenia, rama de los partos, gobernó a partir del siglo I d.C. y sería la protagonista del acontecimiento que cambiaría para siempre la identidad del país.
El hecho más trascendente y definitorio de la historia armenia ocurrió en el año 301: bajo el rey Tiridates III (Trdat III), de la dinastía arsácida, Armenia se convirtió en el primer Estado del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial, más de una década antes de que el emperador romano Constantino promulgara el Edicto de Milán. El artífice de esa conversión fue Gregorio el Iluminador, San Gregorio, primer cabeza de la Iglesia Apostólica Armenia.
La tradición cuenta una historia poderosa. Gregorio, hijo de un noble parto, predicaba el cristianismo en la corte, y el rey pagano Tiridates, furioso, ordenó torturarlo y arrojarlo a un pozo profundo en la fortaleza de Jor Virap, donde permaneció encerrado alrededor de trece años, sobreviviendo gracias a una piadosa mujer que le acercaba pan. Cuando el rey cayó en la locura, la hermana del monarca lo hizo liberar; Gregorio lo curó y lo convirtió, y con él a todo el reino. Desde entonces Jor Virap, con el Ararat de fondo, es uno de los lugares más sagrados de Armenia.
La nueva fe echó raíces profundísimas. En Vagharshapat, la entonces capital, se erigió la catedral de Echmiadzín, considerada una de las más antiguas del mundo y sede espiritual del catolicós, el máximo jerarca de la Iglesia armenia. En el año 451, cuando el Imperio sasánida persa intentó imponer el zoroastrismo, los armenios se alzaron en la batalla de Avarayr, liderados por Vardan Mamikonian; aunque fueron derrotados militarmente, su resistencia obligó a Persia a respetar la fe cristiana y quedó grabada como un mito fundacional de la identidad nacional.
Convertida al cristianismo, Armenia se enfrentaba a un problema: las Escrituras y la liturgia estaban en griego y en siríaco, lenguas ajenas al pueblo. Para resolverlo, el monje, teólogo y lingüista Mesrop Mashtots emprendió una tarea monumental. Hacia el año 405 creó el alfabeto armenio, un sistema de 36 letras (más tarde ampliado a 38) diseñado con precisión para capturar todos los sonidos de la lengua armenia. Ese mismo alfabeto, con mínimos cambios, se sigue usando hoy, mil seiscientos años después.
La invención del alfabeto desató una verdadera edad de oro. La primera frase escrita en armenio fue, según la tradición, una cita de los Proverbios; enseguida se tradujo la Biblia entera —una versión tan bella que fue llamada 'la reina de las traducciones'— y florecieron la historiografía, la teología, la poesía y las ciencias. Historiadores como Movsés Jorenatsí y Egishé, y hombres de letras formados en las escuelas monásticas, fijaron por escrito la memoria del pueblo.
Ese tesoro de manuscritos, iluminados durante siglos por monjes copistas y miniaturistas, se conserva hoy en el Matenadaran de Ereván, uno de los repositorios de manuscritos antiguos más importantes del planeta. Para los armenios, el alfabeto de Mashtots no fue solo una herramienta religiosa: fue el arca que preservó la lengua y la identidad de una nación que, en los siglos siguientes, perdería una y otra vez su independencia política pero nunca su cultura.
Con la caída del reino arsácida a comienzos del siglo V, Armenia quedó repartida entre el Imperio bizantino y la Persia sasánida, y a partir del siglo VII pasó bajo dominio de los califatos árabes, que la administraron como una provincia semiautónoma bajo príncipes locales. De esa larga tutela extranjera renació, sin embargo, un Estado armenio propio: hacia el año 885 la dinastía bagrátida restauró el reino, y en el 961 estableció su capital en Ani, la deslumbrante 'ciudad de las mil y una iglesias', que llegó a rivalizar en esplendor con Constantinopla y Bagdad.
Aquel florecimiento fue interrumpido por sucesivas oleadas de invasores. Los bizantinos anexaron el reino a mediados del siglo XI, y poco después los turcos selyúcidas irrumpieron tras la decisiva batalla de Manzikert (1071). Vendrían luego los mongoles en el siglo XIII, los turcomanos, la devastadora campaña de Tamerlán y, finalmente, la larga partición de Armenia entre el Imperio otomano al oeste y la Persia safávida al este, que se repartieron el país en el siglo XVI. Millones de armenios quedaron como súbditos de esos imperios durante siglos.
Mientras la Armenia histórica caía bajo dominio extranjero, surgió lejos de allí un último gran reino independiente: el reino armenio de Cilicia, en la costa mediterránea de la actual Turquía, fundado por refugiados y consolidado como reino en 1198 bajo León I de la dinastía rubénida. Cilicia fue un aliado clave de los cruzados, un puente comercial entre Europa y Oriente y un foco de cultura armenia, hasta su caída ante los mamelucos egipcios en 1375. Con Cilicia se extinguió la última monarquía armenia, y el pueblo entró en más de cinco siglos sin Estado propio.
A comienzos del siglo XX, varios millones de armenios vivían como súbditos cristianos del Imperio otomano, sobre todo en las provincias orientales de Anatolia, su tierra ancestral. Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno de los Jóvenes Turcos —encabezado por dirigentes como Talat Pashá— acusó a la población armenia de connivencia con la Rusia enemiga y puso en marcha un plan sistemático de exterminio. El 24 de abril de 1915, en Constantinopla, fueron arrestados y luego asesinados centenares de intelectuales, escritores y líderes de la comunidad armenia; esa fecha se recuerda como el inicio del genocidio y es hoy el día nacional de conmemoración.
A los arrestos siguieron las deportaciones masivas: columnas enteras de ancianos, mujeres y niños fueron obligadas a marchar a pie hacia los desiertos de Siria, en particular hacia Der Zor, en marchas de la muerte marcadas por el hambre, la sed, las enfermedades y las masacres. Los historiadores estiman que alrededor de 1,5 millón de armenios murieron entre 1915 y 1923. Fue uno de los primeros genocidios sistemáticos de la era moderna, y el término mismo 'genocidio' fue acuñado en parte para describir lo ocurrido con los armenios.
Los sobrevivientes se dispersaron por el mundo —Medio Oriente, Francia, Estados Unidos, América Latina, la propia Argentina—, dando origen a una extensa diáspora que mantuvo viva la lengua, la fe y la memoria lejos de la patria. El reconocimiento del genocidio ha sido reconocido por numerosos países y organismos, pero el Estado turco, sucesor del otomano, lo niega hasta hoy, sosteniendo que hubo muertes en el contexto de la guerra pero no un plan de exterminio. Esa negación oficial mantiene el tema como una herida abierta y un reclamo central de la nación armenia y su diáspora.
Del derrumbe del Imperio ruso en 1917 nació una breve esperanza: el 28 de mayo de 1918, tras frenar el avance otomano en la batalla de Sardarabad, los armenios proclamaron la Primera República de Armenia, el primer Estado armenio independiente desde la Edad Media. Duró poco: acorralada entre Turquía y la Rusia bolchevique, la joven república fue sovietizada a fines de 1920. Armenia se integró primero a la Federación Transcaucásica y desde 1936 como república soviética plena dentro de la URSS.
Las siete décadas soviéticas trajeron industrialización, alfabetización masiva y el crecimiento de Ereván como capital moderna, pero también la represión estalinista y la ausencia de libertades. El terremoto de 1988, que devastó Guiumrí y Spitak y mató a decenas de miles de personas, golpeó al país en vísperas de grandes cambios. Con el colapso de la Unión Soviética, Armenia recuperó su independencia el 21 de septiembre de 1991, refrendada por un referéndum popular.
La independencia estuvo desde el inicio marcada por el conflicto de Nagorno Karabaj, una región de mayoría armenia situada dentro de las fronteras de Azerbaiyán. La primera guerra (1988-1994) dejó decenas de miles de muertos y un frágil control armenio sobre el enclave. Décadas de negociaciones estancadas desembocaron en la guerra de 2020, en la que Azerbaiyán recuperó buena parte del territorio, y en la ofensiva de septiembre de 2023, tras la cual casi toda la población armenia de Karabaj huyó hacia Armenia. En el plano interno, la Revolución de Terciopelo de 2018 llevó al poder a Nikol Pashinián en una transición pacífica. Hoy Armenia es una república democrática que, apoyada en su enorme diáspora y en su patrimonio milenario, busca reinventarse como un país de innovación, turismo y cultura sin dejar de mirar de frente a su historia.
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La provincia de Aragatsotn se organiza en torno al monte Aragats, un volcán extinto de cuatro cumbres cuya cima norte, a 4.090 metros, es el punto más alto de la Armenia actual. En sus laderas, a más de 2.300 metros de altura, se alza la fortaleza de Amberd, cuyo nombre significa 'fortaleza en las nubes'. Sus muros principales datan del siglo VII y fue durante la Edad Media una de las plazas fuertes de las poderosas familias nobles Pahlavuni y Vachutian.
Junto a la fortaleza se conserva la iglesia de Vahramashen, construida en 1026 por el príncipe Vahram Pahlavuni, un delicado ejemplo de arquitectura armenia medieval. El conjunto, azotado por mongoles y selyúcidas, quedó abandonado, pero su silueta contra las nieves del Aragats sigue siendo uno de los paisajes más imponentes del país.
En las faldas del mismo monte se encuentran otros hitos, como el observatorio astronómico de Byurakan y el sitio de Karahunj o Zorats Karer, a veces llamado el 'Stonehenge armenio', que dan cuenta de la larga presencia humana en estas alturas.
Capital de la provincia de Shirak, Guiumrí es la segunda ciudad de Armenia. A lo largo de su historia cambió varias veces de nombre: fue Alexandrópol bajo el Imperio ruso, desde 1837, y Leninakán durante la época soviética. Su casco histórico, el barrio de Kumayri, conserva calles enteras de casas de piedra negra y roja de los siglos XIX y comienzos del XX, un patrimonio arquitectónico único en el país.
La historia moderna de Guiumrí está marcada por la tragedia del 7 de diciembre de 1988, cuando un terremoto de magnitud 6,8 con epicentro cercano devastó el noroeste de Armenia. En Guiumrí y la vecina Spitak murieron decenas de miles de personas y la mayor parte de los edificios quedaron destruidos o gravemente dañados. La reconstrucción fue lenta y la ciudad cargó durante años con las secuelas.
Pese a todo, Guiumrí resurgió con una identidad cultural potentísima: es célebre en toda Armenia por su tradición artística, su música, su artesanía y su humor característico. Hoy se la reconoce como una capital de la bohemia y las artes, y sus talleres, museos y cafés atraen a viajeros que buscan la Armenia más auténtica.
El noroeste armenio, cercano a la frontera con Turquía y Georgia, fue durante siglos una región de paso y de disputa entre imperios. En la época medieval formó parte del reino bagrátida, cuya legendaria capital, Ani, se encuentra hoy del otro lado de la frontera, en territorio turco, pero pertenece a la misma matriz histórica y cultural de Shirak.
La región conserva numerosas iglesias y monasterios, como el conjunto de Marmashen, cerca de Guiumrí, un notable ejemplo de la arquitectura religiosa de los siglos X y XI. Estos templos, levantados en piedra volcánica, dan testimonio del esplendor cultural que vivió Armenia bajo la dinastía bagrátida antes de las invasiones.
Hoy Aragatsotn y Shirak combinan ese patrimonio histórico con paisajes de alta montaña, pastizales y aldeas tradicionales, en una de las zonas más genuinas y menos masificadas del país.
En la provincia de Guegharkunik se extiende el lago Seván, el mayor cuerpo de agua de Armenia y uno de los lagos de alta montaña más grandes del mundo, situado a casi 1.900 metros sobre el nivel del mar. Sus aguas de un azul intenso, rodeadas de montañas, funcionan como un verdadero mar interior para un país sin salida al océano, y en verano sus playas se llenan de familias armenias.
Durante la época soviética, un ambicioso plan de riego y generación hidroeléctrica hizo descender peligrosamente el nivel del lago, lo que dejó al descubierto tierras y transformó su ecología. Desde entonces se han emprendido esfuerzos para recuperar y estabilizar el nivel del agua y proteger este ecosistema clave, del que depende buena parte del abastecimiento de agua dulce del país.
El Seván es también un símbolo cultural: sus truchas y cangrejos son parte de la gastronomía nacional, y sus orillas concentran naturaleza, historia y espiritualidad en un mismo horizonte.
El emblema del lago Seván es el monasterio de Sevanavank, encaramado en lo alto de una península —originalmente una isla— que se adentra en las aguas. Fue fundado en el año 874 por la princesa Mariam, hija del rey bagrátida Ashot I, y sus dos iglesias de piedra oscura, Surb Astvatsatsin y Surb Arakelots, son ejemplos sobrios y bellos de la arquitectura monástica armenia.
Hasta el descenso del nivel del lago en época soviética, Sevanavank se alzaba en una verdadera isla, accesible solo por barca; al bajar las aguas, la isla se convirtió en península unida a tierra firme. Los monjes que habitaban allí llevaban una vida de aislamiento y penitencia.
Hoy, subir la escalinata hasta el monasterio para contemplar el inmenso espejo azul del Seván es una de las experiencias más fotografiadas de Armenia, especialmente al atardecer, cuando la luz enciende las piedras y el agua.
Al norte del lago Seván, ya en la provincia de Tavush, se abre Dilijan, un pueblo de montaña rodeado de densos bosques que le valieron el apodo de 'la Suiza armenia'. Su aire puro y sus manantiales hicieron de Dilijan un célebre lugar de reposo y sanatorios durante la época soviética, frecuentado por artistas, escritores y compositores.
El casco histórico, en torno a la restaurada calle Sharambeyan, recrea el ambiente de una aldea tradicional armenia con casas de madera y piedra, talleres de artesanos y museos. La zona forma parte del Parque Nacional de Dilijan, un refugio de biodiversidad surcado por senderos.
Desde Dilijan se accede a algunos de los monasterios más hermosos del norte, escondidos entre la vegetación, como Haghartsin y Goshavank, joyas medievales que emergen del verde de los bosques. Dilijan combina así naturaleza, cultura y espiritualidad en un entorno único.
En la provincia de Lorí, sobre los profundos valles boscosos del río Debed, se alza el monasterio de Haghpat, uno de los grandes centros espirituales y culturales de la Armenia medieval. Fundado hacia el año 976, en tiempos de la reina Khosrovanuysh, durante el apogeo de la dinastía bagrátida, creció a lo largo de los siglos X al XIII hasta convertirse en un importante foco de teología, ciencia y arte.
Su conjunto reúne iglesias, un campanario, un refectorio, un scriptorium y notables khachkares, las cruces de piedra finamente talladas que son un sello del arte armenio. Haghpat resistió invasiones y saqueos y conservó una rica biblioteca de manuscritos.
Por su valor histórico y arquitectónico, el monasterio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996, junto a su hermano Sanahín. Su emplazamiento, entre montañas y bosques, lo convierte en una de las visitas más impresionantes del norte del país.
A pocos kilómetros de Haghpat, y visible desde él, está el monasterio de Sanahín, su gemelo histórico. Su nombre se traduce popularmente como 'este es más antiguo que aquel', en alusión a la rivalidad amistosa entre ambos conjuntos. Fundado también en el siglo X, Sanahín fue célebre por su academia o escuela superior, donde se enseñaban teología, filosofía y ciencias, y por su escuela de miniaturistas y calígrafos.
El conjunto conserva iglesias, una galería académica, un scriptorium y una gran colección de khachkares, además de tumbas de la nobleza local. Fue un verdadero centro intelectual de la Armenia medieval, donde se copiaron e iluminaron numerosos manuscritos.
Sanahín integra, junto a Haghpat, el sitio Patrimonio de la Humanidad de los monasterios del valle del Debed. Del pueblo de Sanahín, ya en el siglo XX, provino además la familia Mikoyan, célebre por el dirigente soviético Anastás Mikoyán y el diseñador de aviones Artiom Mikoyán, cocreador de los cazas MiG.
La provincia de Lorí, en el norte de Armenia y limítrofe con Georgia, es una región de montañas boscosas, gargantas profundas y ríos, atravesada por el valle del Debed. Fue en la Edad Media un territorio próspero bajo los reyes bagrátidas y sus vasallos, y su riqueza permitió el florecimiento de los grandes monasterios que hoy son su mayor tesoro.
Además de Haghpat y Sanahín, Lorí alberga otros sitios históricos y ciudades como Vanadzor, la tercera del país. La región combina el patrimonio religioso con paisajes naturales de gran belleza y un pasado industrial de la época soviética.
Lorí es también tierra de poetas: de aquí era Hovhannés Tumanián, considerado el poeta nacional de Armenia, cuya obra recogió las leyendas y el alma del norte armenio. La provincia ofrece así una combinación singular de naturaleza, historia y cultura.
En la provincia de Vayots Dzor, al fondo de un estrecho cañón de paredes de roca roja, se esconde el monasterio de Noravank, uno de los conjuntos más bellos de Armenia. Fundado en el siglo XIII, fue un importante centro religioso y residencia de los príncipes Orbelian, señores de la región.
Su iglesia más célebre es la de Surb Astvatsatsin, de dos pisos, cuya fachada se asciende por una estrecha y vertiginosa escalera exterior en voladizo. Buena parte de su refinada decoración escultórica, con relieves de Dios Padre y la Virgen, es obra del gran arquitecto, escultor y miniaturista medieval Momik, que trabajó y murió aquí.
El contraste entre la piedra dorada de las iglesias y los farallones rojizos que las rodean, especialmente encendidos al atardecer, hace de Noravank una de las imágenes más espectaculares del sur armenio.
El pueblo de Areni, en Vayots Dzor, es sinónimo de vino en Armenia. En una cueva cercana, el complejo arqueológico de Areni-1, se descubrió en 2007 la que se considera la bodega vinícola más antigua conocida del mundo: una instalación completa con lagar, cuba de fermentación y recipientes de almacenamiento, datada hacia el 4100 a.C., es decir, con unos seis mil años de antigüedad.
En la misma cueva se halló también, años antes, el zapato de cuero más antiguo del mundo conservado en una sola pieza, lo que confirma la extraordinaria riqueza arqueológica del sitio. Estos hallazgos avalan la larga tradición vitivinícola de Armenia, uno de los territorios donde el ser humano domesticó la vid.
Hoy Areni es parada obligada de la ruta del vino armenio: sus bodegas familiares producen tintos a partir de la variedad autóctona areni, y cada otoño el pueblo celebra una animada fiesta del vino que atrae a visitantes de todo el país.
También en Vayots Dzor, a más de 2.000 metros de altura y rodeada de bosques, se encuentra Yermuk (Jermuk), el más famoso balneario de montaña de Armenia. Su nombre deriva de la palabra armenia para 'caliente', en alusión a sus manantiales de aguas termales y minerales, conocidos y explotados desde hace siglos.
Durante la época soviética, Yermuk se desarrolló como una gran estación termal y de reposo, con sanatorios donde se aprovechaban sus aguas curativas. La marca de agua mineral Jermuk, embotellada aquí, es una de las más conocidas del país y de toda la región.
Además de sus termas, Yermuk es célebre por su cascada, apodada 'la melena de la sirena', y por sus paisajes de montaña ideales para el senderismo y el descanso. Es una parada refrescante en la ruta hacia el sur profundo de Armenia.
En la provincia de Syunik, el extremo sur de Armenia, se levanta sobre un acantilado el monasterio de Tatev, uno de los grandes conjuntos monásticos medievales del país. Fundado entre los siglos IX y X, fue un poderoso centro religioso, económico y cultural, y en los siglos XIV y XV albergó la célebre Universidad de Tatev, una de las instituciones de enseñanza superior más importantes de la Armenia medieval, donde florecieron la teología, la filosofía, la miniatura y la caligrafía.
Encaramado sobre la profunda garganta del río Vorotán, Tatev fue durante siglos un baluarte espiritual del sur armenio. Su iglesia principal, Surb Poghos-Petros, y su curioso pilar oscilante, el Gavazan, son parte de su patrimonio.
En 2010 se inauguró el 'Teleférico de Tatev' o 'Alas de Tatev', reconocido por el Guinness como el teleférico reversible sin paradas más largo del mundo, con unos 5,7 kilómetros que sobrevuelan el desfiladero. Este atractivo transformó a Tatev en uno de los destinos más visitados del sur y en un símbolo del turismo armenio moderno.
Ereván es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo: nació en el año 782 a.C. como la fortaleza urartiana de Erebuni, fundada por el rey Argishti I sobre una colina que domina el valle del Araxes, con el monte Ararat siempre en el horizonte. Durante siglos fue una plaza secundaria bajo persas, árabes, otomanos y rusos, hasta que en 1918, con la Primera República, se convirtió en capital de una Armenia independiente.
El rostro moderno de la ciudad se lo dio el arquitecto Alexander Tamanián, que en los años 1920 y 1930 la rediseñó según un plan radial en torno a la plaza de la República, empleando la toba volcánica local de tonos rosados y rojizos que le valió el apodo de 'la ciudad rosada'. Hoy Ereván es una capital vibrante de cafés, vino, coñac y vida cultural, coronada por la monumental escalinata de la Cascada.
En Ereván se guarda además la memoria de la nación: el Matenadaran custodia miles de manuscritos antiguos, y sobre la colina de Tsitsernakaberd se alza el memorial del genocidio armenio, donde una llama eterna recuerda a las víctimas de 1915. La ciudad concentra buena parte del patrimonio, la energía y la creatividad del país.
A pocos kilómetros de Ereván, en la ciudad de Vagharshapat, se encuentra Echmiadzín, el corazón espiritual del pueblo armenio y sede del catolicós, máximo jerarca de la Iglesia Apostólica Armenia. Su catedral, cuya fundación se remonta a los años 301-303 y se atribuye a San Gregorio el Iluminador, está considerada una de las catedrales cristianas más antiguas del mundo.
El nombre Echmiadzín significa 'el lugar donde descendió el Unigénito', en alusión a una visión en la que Cristo habría señalado a Gregorio el sitio para levantar el templo. El conjunto de la catedral y las iglesias cercanas de Santa Hripsimé y Santa Gayané fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000.
Para los armenios de todo el mundo, Echmiadzín es lo que Roma para los católicos o La Meca para los musulmanes: el centro de una fe que ha sido, durante diecisiete siglos, el pilar de la identidad nacional. Sus tesoros incluyen reliquias veneradas y una notable colección de arte sacro.
En la provincia de Kotayk, asomado a un espectacular desfiladero de columnas de basalto, se levanta el templo de Garni, el único edificio de estilo grecorromano con columnas que sobrevive en Armenia y en todo el Cáucaso. Fue construido en el siglo I d.C., probablemente bajo el rey Tiridates I, y dedicado a una divinidad solar del panteón pagano armenio, con una elegante columnata de orden jónico.
Cuando Armenia se cristianizó, el templo se salvó de la destrucción, según la tradición, porque se lo usó como residencia de verano de la realeza. Sobrevivió así durante siglos hasta que un terremoto lo derribó en 1679. El monumento que se ve hoy es fruto de una minuciosa reconstrucción realizada por arqueólogos soviéticos entre 1969 y 1975, que recompusieron la estructura con sus piedras originales.
Garni, con su templo clásico suspendido sobre el cañón del río Azat y las formaciones de basalto conocidas como la 'sinfonía de las piedras', es una de las postales más singulares del país y un testimonio del pasado precristiano de Armenia.
A un paso de Garni, encajado entre acantilados, está el monasterio de Guegard, en parte excavado en la roca viva de la montaña. Su nombre completo, Geghardavank, significa 'monasterio de la lanza', en referencia a la reliquia de la Lanza Sagrada que, según la tradición, se conservó allí. Fundado sobre un manantial sagrado y reconstruido en los siglos XII y XIII, con sus capillas e iglesias horadadas en la piedra, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000.
Más al sur, en la provincia de Ararat y casi pegado a la frontera con Turquía, el monasterio de Jor Virap ocupa uno de los lugares más sagrados de Armenia. Allí, según la tradición, el rey Tiridates III mantuvo preso durante unos trece años a Gregorio el Iluminador en un pozo profundo, antes de convertirse y hacer del país el primer Estado cristiano del mundo. 'Jor Virap' significa precisamente 'pozo profundo'.
El monasterio, con el majestuoso monte Ararat de fondo —hoy en territorio turco pero símbolo eterno de Armenia—, ofrece una de las vistas más emblemáticas del país y un lugar de peregrinación cargado de simbolismo para todo el pueblo armenio.