En el norte de Angola, sobre una meseta, se encuentra M'banza-Kongo, una de las ciudades más cargadas de historia de toda el África central. Fue la capital del Reino del Kongo desde su fundación, antes incluso de la llegada de los portugueses en 1483, y siguió siéndolo durante siglos, hasta la disolución formal del reino a comienzos del siglo XX. Desde aquí gobernaban los manikongos un vasto estado de provincias, tributos y comercio.
Cuando los reyes del Kongo se convirtieron al cristianismo a fines del siglo XV, la ciudad —rebautizada São Salvador— se llenó de iglesias de piedra. Entre sus ruinas está la de Kulumbimbi, los restos de una catedral levantada hacia fines del siglo XVI, considerada uno de los templos cristianos más antiguos del África subsahariana. La UNESCO destaca que M'banza-Kongo ilustra, como ningún otro lugar de la región, los profundos cambios que trajeron el cristianismo y la llegada de los portugueses a África central.
En 2017, M'banza-Kongo fue inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, un reconocimiento a su papel único en la historia africana. Visitarla es asomarse a la memoria de uno de los grandes reinos del continente y al momento en que África y Europa se encontraron, con todas sus consecuencias.
En el extremo norte, separado del resto del país por una franja de la República Democrática del Congo que llega hasta el mar, está Cabinda, un exclave tropical y una de las anomalías geográficas más curiosas de África. Para llegar desde el resto de Angola hay que cruzar territorio congoleño o, más habitualmente, volar. Es una tierra de selva húmeda, playas y ríos, con la histórica basílica de Lândana entre su patrimonio.
Su importancia, sin embargo, es sobre todo económica: bajo sus aguas costeras yacen enormes reservas de petróleo que hicieron de Cabinda una de las principales fuentes de riqueza de Angola, hasta ganarse el apodo de "Kuwait africano". Buena parte del crudo que sostiene la economía nacional sale de este pequeño enclave.
Esa riqueza es también la raíz de un largo conflicto. Cabinda tiene una historia colonial en parte separada del resto de Angola, y desde la independencia un movimiento separatista, el FLEC (Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda), reclama la independencia y ha protagonizado décadas de tensión y episodios de violencia. La cuestión de Cabinda —su identidad, su petróleo y su estatus— sigue siendo uno de los temas sensibles de la política angoleña.