Fundada por los portugueses en 1617 como São Filipe de Benguela, esta ciudad fue durante siglos la segunda gran cabecera de la conquista y de la trata de esclavos en Angola, después de Luanda. Desde su bahía partían rutas hacia el interior en busca de cautivos, y el llamado "camino de Benguela" fue una de las grandes arterias del comercio esclavista del Atlántico sur.
Con el tiempo, Benguela se transformó en una tranquila ciudad colonial de clima seco y agradable, calles arboladas, arquitectura portuguesa y playas amplias como la Baía Azul y la Baía Farta. Su ambiente sosegado y su luz la convirtieron en una de las ciudades con más encanto de la costa angoleña.
Hoy Benguela conserva ese aire señorial y provinciano, con edificios históricos, iglesias y un frente marítimo apacible. Es una base ideal para descubrir la costa central, menos frenética que la capital y cargada de historia.
A pocos kilómetros de Benguela está Lobito, una ciudad más joven —nació a comienzos del siglo XX— pero de importancia estratégica, gracias a su magnífico puerto natural. Su rasgo más característico es la Restinga, una larga y estrecha lengua de arena que se adentra en el mar, hoy poblada de restaurantes, hoteles y casas frente al agua, la zona más animada de la ciudad.
Lobito debe buena parte de su existencia al ferrocarril. La ciudad fue concebida como terminal atlántica del ferrocarril de Benguela, y su puerto se convirtió en la salida al mar de una enorme región del interior de África.
Con el auge reciente del llamado Corredor de Lobito, que busca conectar los recursos minerales del interior del continente con el Atlántico, la ciudad y su puerto han vuelto al centro de la atención internacional. Lobito combina así su vocación de balneario relajado con un papel geoeconómico de primer orden.
La gran epopeya de esta costa es el ferrocarril de Benguela, una de las líneas ferroviarias más importantes de la historia de África. Su construcción comenzó en 1902, impulsada por el empresario escocés Robert Williams, y se completó en 1931: 1.344 kilómetros de vías que unían el puerto atlántico de Lobito con el interior, cruzando Benguela, Huambo y Luena hasta la frontera con el Congo, para conectar con las minas de cobre de Katanga y del Copperbelt.
Durante décadas, el ferrocarril fue la salida al mar del cobre africano y una de las columnas vertebrales de la economía colonial. Pero la guerra civil lo destrozó: entre 1975 y 2002, la línea quedó fuera de servicio salvo un breve tramo entre Lobito y Benguela, con puentes volados, estaciones arrasadas y vías sembradas de minas.
Tras la paz, el ferrocarril fue reconstruido casi por completo —con inversión y mano de obra chinas— y volvió a funcionar en toda su extensión en 2014. Hoy, en el marco del Corredor de Lobito, esta vieja arteria vuelve a latir, símbolo a la vez de la historia colonial de Angola y de su reconstrucción.