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Historia de Parque Nacional Gonarezhou

'El lugar de los elefantes': los shangaan y el marfil

El nombre lo dice todo: Gonarezhou significa 'el lugar de los elefantes' en lengua shangaan (también llamada tsonga), el pueblo que ha habitado durante siglos este rincón del sureste africano, en la frontera entre la actual Zimbabwe, Mozambique y Sudáfrica. Los shangaan vivían de la agricultura, la ganadería, la caza y la pesca a lo largo de los grandes ríos —el Save, el Runde y el Mwenezi— que atraviesan la región, y convivían con una de las mayores concentraciones de elefantes del continente.

Esa abundancia de elefantes convirtió a la zona en un centro histórico del comercio del marfil. Durante siglos, el marfil de Gonarezhou alimentó las rutas comerciales que llegaban hasta la costa del océano Índico, en manos de mercaderes swahili, árabes y, más tarde, portugueses. Los colmillos de los elefantes del sureste eran una mercancía codiciada que conectaba este territorio remoto con mercados lejanos, del mismo modo que el oro conectaba al altiplano shona con el mundo.

Gonarezhou ganó fama, además, por sus elefantes de grandes colmillos, los llamados 'tuskers'. Esta reputación, sumada a lo agreste del terreno, forjó la imagen de un lugar salvaje y bravío, difícil de domesticar, donde el elefante era el verdadero señor. Una imagen que, en buena medida, el parque conserva hasta hoy.

De reserva de caza a parque nacional: la creación y sus costos

En 1934, el gobierno colonial de Rhodesia del Sur declaró la zona área protegida, y hacia 1935 quedó establecida como reserva de caza. La medida buscaba proteger la fauna —muy castigada por la caza— pero tuvo un costo humano severo: las comunidades shangaan que habitaban el territorio fueron obligadas, a lo largo de varias décadas, a abandonar sus tierras y a reasentarse fuera de los límites del área protegida. Como en tantos parques africanos, la conservación se construyó sobre el desalojo de la población originaria.

En 1975, poco antes de la independencia, la reserva fue elevada a la categoría de parque nacional, con sus actuales 5.053 km². Pero los años siguientes fueron durísimos. La guerra de liberación de Zimbabwe y, sobre todo, la prolongada guerra civil de la vecina Mozambique (1977-1992) convirtieron la región fronteriza en un territorio inestable, plagado de armas. La caza furtiva de elefantes y rinocerontes se disparó, y las poblaciones de fauna sufrieron un golpe brutal.

A ese castigo se sumaron las sequías periódicas del sureste, especialmente la devastadora de 1991-1992, que mató a miles de animales. Durante décadas, Gonarezhou fue un parque 'de papel': enorme sobre el mapa, pero con escasos recursos, fauna diezmada y elefantes tan perseguidos que huían del solo ruido de un motor. Su recuperación parecía una tarea imposible.

El renacimiento: el Gonarezhou Conservation Trust

El punto de inflexión llegó en el siglo XXI. A partir de 2007, la Frankfurt Zoological Society —una prestigiosa organización conservacionista alemana— comenzó a apoyar la gestión del parque junto a la autoridad de vida silvestre de Zimbabwe. La colaboración se formalizó en 2017 con la creación del Gonarezhou Conservation Trust (GCT), una alianza entre la Zimbabwe Parks and Wildlife Management Authority (ZimParks) y la Frankfurt Zoological Society que asumió la gestión conjunta del parque por veinte años.

Este modelo de coadministración transformó a Gonarezhou. Con financiamiento estable, mejor equipamiento y un cuerpo de guardaparques reforzado, la caza furtiva se redujo drásticamente y las poblaciones de fauna empezaron a recuperarse de manera notable. Los elefantes volvieron a multiplicarse hasta superar los 11.000 ejemplares, y proyectos de reintroducción devolvieron especies que habían desaparecido o menguado, como los rinocerontes en áreas protegidas vecinas. Los elefantes, antes aterrorizados, se fueron acostumbrando de nuevo a la presencia de vehículos.

Gonarezhou se convirtió así en un caso de éxito de la conservación africana moderna, citado como ejemplo de cómo las alianzas público-privadas pueden rescatar un parque al borde del colapso. Para el viajero, ese renacimiento significa poder recorrer hoy un ecosistema vivo y saludable, con grandes manadas y paisajes intactos, en un lugar que hace apenas unas décadas parecía condenado.

Un parque de la paz entre tres países

La historia reciente de Gonarezhou está ligada a una idea ambiciosa: la de los 'parques de la paz' o áreas de conservación transfronterizas. En el año 2000-2002 se estableció formalmente el Gran Parque Transfronterizo del Limpopo (Great Limpopo Transfrontier Park), que une tres joyas de la conservación de África austral: el célebre Parque Nacional Kruger de Sudáfrica, el Parque Nacional del Limpopo de Mozambique y, en el vértice zimbabuense, Gonarezhou.

La idea de fondo es tan sencilla como poderosa: la fauna no entiende de fronteras. Al derribar barreras y conectar los tres parques en un continuo protegido de decenas de miles de kilómetros cuadrados, los animales —en especial los elefantes, que recorren enormes distancias— pueden desplazarse libremente entre países, siguiendo sus antiguas rutas de migración. Es también un símbolo de cooperación regional y de reconciliación en una zona que fue frontera de guerra.

Para Gonarezhou, formar parte de este conjunto significa integrarse a un ecosistema de escala continental y ganar relevancia internacional en la conservación. Y para quien lo visita, agrega una dimensión fascinante: recorrer el parque es asomarse a uno de los grandes experimentos de conservación transfronteriza del planeta.

Hoy Gonarezhou combina esa importancia ecológica con su carácter salvaje y remoto. Menos famoso que Hwange o Mana Pools, ofrece justamente lo que muchos buscan y cada vez cuesta más encontrar: África de verdad, sin multitudes, con los elefantes como dueños del paisaje y los acantilados rojos de Chilojo ardiendo bajo el sol del atardecer.

📚 Bibliografía

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