Mucho antes de que existiera una ciudad, el altiplano de Mashonaland donde hoy se levanta Harare era tierra del pueblo shona, agricultores y ganaderos de habla bantú que llevaban siglos cultivando estas tierras altas, fértiles y de clima templado. La región formaba parte del vasto mundo cultural que había producido, siglos antes, el reino del Gran Zimbabwe y los estados que lo sucedieron, como el reino de Mutapa y, más tarde, el de Rozvi. Era un paisaje de aldeas, campos de sorgo y mijo, ganado y afloramientos de granito.
En la zona concreta de la futura Harare vivían comunidades shona bajo distintos jefes locales. Uno de ellos, el jefe Neharawa, cuyo nombre acabaría dando origen a la palabra 'Harare', tenía su asentamiento sobre una colina de granito —el 'kopje'— desde donde se dominaba la llanura circundante. Se cree que 'Harare' deriva de 'haarari', una expresión que aludía a quien 'no duerme', quizá por la vigilancia sobre aquel promontorio. Nada en aquellas aldeas hacía prever que en pocas décadas se convertirían en la capital de un país.
Hacia finales del siglo XIX, sin embargo, el mundo shona estaba a punto de ser trastocado por completo. Al sur, en las minas de diamantes y oro de Sudáfrica, el imperialismo británico y la ambición de un hombre —Cecil John Rhodes— buscaban expandirse hacia el norte del río Limpopo, hacia unas tierras que la leyenda decía cargadas de oro. El altiplano shona, y con él el kopje de Neharawa, estaba en la mira.
En 1889, la reina Victoria concedió una carta real a la British South Africa Company (BSAC) de Cecil Rhodes, autorizándola a colonizar y explotar comercialmente los territorios al norte del Limpopo. Para materializar esa ocupación, Rhodes organizó la llamada Columna de Pioneros ('Pioneer Column'): una expedición de unos 200 colonos armados y varios centenares de policías montados, guiados por el cazador Frederick Selous, que marchó hacia el norte a través del territorio para tomar posesión de Mashonaland.
El 12 de septiembre de 1890, la columna llegó al pie del kopje de granito, junto a un terreno pantanoso, y decidió detener allí la marcha. Al día siguiente, el 13 de septiembre, izaron la bandera británica y fundaron un puesto militar que bautizaron Fuerte Salisbury ('Fort Salisbury'), en honor a Lord Salisbury, el primer ministro británico de la época. Esa fecha —recordada durante décadas por los colonos como el 'Día de los Pioneros'— marca el nacimiento de la futura Harare, y también el comienzo de la ocupación colonial de lo que se llamaría Rhodesia.
La fundación de Salisbury no fue una llegada a tierra vacía: fue la apropiación de tierras habitadas por los shona, que pronto se vieron desplazados y sometidos a impuestos, trabajo forzado y despojo. En 1896-1897 estalló la Primera Chimurenga, el gran levantamiento de shonas y ndebeles contra la BSAC, reprimido con dureza. Aquella resistencia, aunque derrotada, quedaría como semilla y símbolo de las luchas de liberación que vendrían casi un siglo después.
El asentamiento creció con rapidez. La malaria y las inundaciones del pantano original obligaron a trasladar buena parte del pueblo a terrenos más altos y secos, y Salisbury empezó a tomar forma de ciudad con calles trazadas en cuadrícula, edificios de ladrillo, comercios y hoteles. En 1897 obtuvo el estatus de municipio, y la llegada del ferrocarril desde Beira (en la costa de Mozambique) en 1899, y luego desde Bulawayo, la conectó con el mundo y afianzó su papel de centro administrativo y comercial.
En 1923, la BSAC cedió el control del territorio y Rhodesia del Sur se convirtió en una colonia británica autónoma, con Salisbury como capital. La ciudad se transformó en el corazón político de un régimen de minoría blanca: los colonos europeos controlaban el gobierno, las mejores tierras y la economía, mientras la mayoría africana quedaba relegada a reservas, barrios segregados y trabajo mal pago. Salisbury tenía barrios residenciales arbolados y elegantes para los blancos, y 'townships' superpoblados para los africanos, como Mbare (entonces Harari).
En 1953, Salisbury alcanzó su máximo esplendor colonial al ser designada capital de la Federación de Rhodesia y Nyasalandia, que unía las actuales Zimbabwe, Zambia y Malaui. Fue una época de auge económico y construcción de grandes edificios, pero la Federación, rechazada por la mayoría africana, se disolvió en 1963. Dos años después, en 1965, el gobierno de minoría blanca de Ian Smith declaró unilateralmente la independencia de Rhodesia respecto del Reino Unido, para evitar el avance hacia el gobierno de la mayoría negra. Comenzaban los años más duros.
La Declaración Unilateral de Independencia de 1965 convirtió a Rhodesia en un Estado paria, sometido a sanciones internacionales y gobernado por una minoría blanca decidida a conservar el poder. Frente a ese régimen se organizó la lucha armada de los movimientos nacionalistas africanos —la ZANU de Robert Mugabe y la ZAPU de Joshua Nkomo—, en lo que se conoció como la Segunda Chimurenga o Guerra del Bush de Rhodesia, un conflicto largo y sangriento que se libró sobre todo en el campo a lo largo de los años setenta.
Salisbury, como capital, fue el centro del poder del régimen de Ian Smith durante toda la guerra, pero también sintió el conflicto: atentados, tensión y un creciente aislamiento. La combinación de la guerrilla, las sanciones y la presión internacional terminó por doblegar al régimen. Tras el Acuerdo de Lancaster House, en Londres, se convocaron elecciones con sufragio universal, que ganó ampliamente la ZANU de Mugabe.
El 18 de abril de 1980 nació oficialmente la República de Zimbabwe, independiente y bajo gobierno de la mayoría africana, con Salisbury como capital y Robert Mugabe como primer ministro. Dos años después, en un gesto cargado de simbolismo, el 18 de abril de 1982 —segundo aniversario de la independencia— la ciudad dejó de llamarse Salisbury y recuperó un nombre africano: Harare, en honor al jefe shona Neharawa que había habitado aquel kopje antes de la llegada de los pioneros. También en 1982 se inauguró en la ciudad el National Heroes Acre, el gran monumento a los caídos por la liberación.
Los primeros años de la Harare independiente fueron de optimismo y crecimiento. Zimbabwe heredó una economía relativamente desarrollada, y la capital se expandió con nuevos barrios, universidades y una vida cultural pujante, alimentada por la música 'chimurenga' y jit, la escultura shona reconocida en el mundo y una prensa activa. La ciudad, con sus jacarandás y su clima templado, cultivó su fama de 'Sunshine City'. Pero pronto asomaron las sombras: entre 1983 y 1987, la campaña de represión conocida como Gukurahundi golpeó sobre todo a Matabeleland, y el poder se fue concentrando en manos de Mugabe.
El gran quiebre llegó a partir de 2000, con la caótica reforma agraria que expropió las granjas comerciales, el colapso económico y una hiperinflación descomunal que hacia 2008 se volvió una de las peores de la historia mundial, dejando los billetes de dólar zimbabuense sin valor. Harare sufrió escasez, cortes de servicios y el deterioro de su infraestructura. En 2005, la controvertida 'Operación Murambatsvina' arrasó asentamientos informales de la ciudad y dejó a cientos de miles de personas sin hogar. La economía solo se estabilizó cuando el país adoptó de hecho el dólar estadounidense en 2009.
En noviembre de 2017, tras 37 años en el poder, Robert Mugabe fue apartado por un movimiento militar y presiones internas, en unos días en que Harare vivió multitudinarias manifestaciones. Le sucedió Emmerson Mnangagwa. En 2024, el país lanzó una nueva moneda respaldada en oro, el ZiG, en un intento más de estabilizar la economía, aunque el dólar sigue siendo la moneda dominante en el día a día. Hoy Harare es una ciudad de contrastes: capital de un país que arrastra dificultades económicas, pero también un centro cultural vibrante, cuna de artistas, músicos y escultores, con jardines en flor, mercados bulliciosos y la calidez de su gente. En poco más de un siglo pasó de un pantano junto a un kopje de granito a la metrópolis que es hoy: joven, golpeada y resiliente.