La historia humana de la región de Chipata está marcada, más que por ningún otro pueblo, por la llegada de los ngoni. Su origen está muy lejos de aquí, en el sur de África: eran clanes de habla nguni, emparentados con los zulúes, que en la década de 1820 huyeron del 'Mfecane', el gran período de guerras y desplazamientos desatado por la expansión del reino zulú de Shaka. Bajo el liderazgo de jefes como Zwangendaba, miles de personas emprendieron una larga migración hacia el norte que duraría décadas.
Hacia 1835, la horda ngoni de Zwangendaba cruzó el río Zambeze —según la tradición, durante un eclipse solar— y siguió su avance por las tierras altas del este de la actual Zambia y el sur de Tanzania. A la muerte de Zwangendaba, el grupo se fragmentó en varias ramas. Una de ellas, encabezada más tarde por el jefe Mpezeni, se asentó de forma definitiva en las mesetas fértiles del este, la región donde hoy está Chipata, imponiéndose sobre los pueblos chewa y otros grupos locales.
Los ngoni traían consigo la organización militar y las costumbres nguni del sur: el regimiento guerrero (impi), los escudos de cuero, las danzas de guerra y la ceremonia de las primeras cosechas, que aquí se conoce como Ncwala y que todavía se celebra cada febrero. Esa herencia sudafricana, trasplantada a más de dos mil kilómetros de su cuna, hace de la Provincia Oriental de Zambia un lugar cultural singular, y explica por qué los habitantes de Chipata sienten como propia una tradición guerrera de raíz zulú.
A fines del siglo XIX, la expansión colonial británica en el sur de África, impulsada por Cecil Rhodes y su Compañía Británica de Sudáfrica (BSAC), alcanzó estas tierras. La rica región ngoni, con sus tierras aptas para la agricultura, no tardó en atraer la atención de los colonizadores. En 1897-1898, las fuerzas de la Compañía sometieron por las armas al reino ngoni de Mpezeni, en una campaña que terminó con la derrota de los guerreros, la captura del heredero Nsingu (que fue fusilado) y la confiscación de miles de cabezas de ganado.
Sobre ese territorio recién conquistado, la Compañía estableció hacia 1899 un puesto militar y administrativo al que llamó Fort Jameson, en honor a Leander Starr Jameson, el aventurero británico célebre por el fracasado 'Jameson Raid' de 1895 contra la república bóer del Transvaal. Su fundación suele atribuirse a Robert Codrington, administrador de la BSAC en la zona. El fuerte se convirtió pronto en el centro de poder de la región.
En 1900, Fort Jameson fue designada capital de la Rhodesia del Nordeste (North-Eastern Rhodesia), uno de los dos territorios en que la Compañía dividía sus dominios al norte del Zambeze. Durante poco más de una década, esta pequeña ciudad de la sabana fue la sede administrativa de un vasto territorio. En 1911, cuando la Rhodesia del Nordeste y la del Noroeste se unieron para formar la Rhodesia del Norte, la capital se trasladó a Livingstone, y Fort Jameson quedó como cabecera de la provincia oriental, un papel que, con otro nombre, todavía conserva.
Durante la primera mitad del siglo XX, Fort Jameson se desarrolló como centro de una región agrícola. El clima templado de la meseta y sus suelos fértiles atrajeron a colonos europeos que establecieron plantaciones, sobre todo de tabaco, que se convirtió en el principal cultivo comercial de la zona. Junto a los agricultores llegó una comunidad de comerciantes de origen indio y del este de África que dominó buena parte del comercio local: de aquella presencia queda como testimonio la gran mezquita que todavía marca el perfil del centro de la ciudad.
La vida en Fort Jameson giraba en torno al 'boma', el conjunto de oficinas coloniales, y a los servicios que daban vida al pueblo: la estación, el hospital, las misiones religiosas y las escuelas. Aislada de los grandes centros de la Rhodesia del Norte —el Copperbelt minero quedaba muy lejos, al otro extremo del país—, la provincia oriental mantuvo siempre un carácter rural y algo periférico, más ligado por caminos y comercio a la vecina Nyasalandia (la actual Malaui) que al resto del territorio.
Esa conexión con Nyasalandia fue decisiva. La región funcionó siempre como zona de paso y de intercambio con el este, y muchos trabajadores de la zona emigraban a las minas del sur. La cercanía cultural con los pueblos chewa y ngoni de ambos lados de la frontera hizo de esta esquina de Zambia un territorio de fuerte identidad propia, distinta de la del centro cuprífero y de la capital.
El movimiento nacionalista que llevó a la independencia de Zambia tuvo eco también en la provincia oriental. En 1964, la Rhodesia del Norte se convirtió en la República de Zambia, bajo el liderazgo de Kenneth Kaunda y su partido UNIP. Con la independencia llegó una ola de rebautizos: los nombres coloniales que recordaban a administradores y aventureros británicos fueron reemplazados por topónimos africanos.
Así, la vieja Fort Jameson pasó a llamarse Chipata. El nuevo nombre proviene del término local 'chimpata', que suele traducirse como 'el espacio abierto' o 'el lugar amplio', en referencia a la posición de la ciudad en un valle entre colinas. El cambio de nombre fue mucho más que un trámite: simbolizaba el fin de una era y la recuperación de una identidad propia, ligada a la tierra y a los pueblos que la habitaban desde mucho antes de la llegada de la Compañía.
Como capital de la Provincia Oriental de la nueva Zambia, Chipata siguió creciendo como centro administrativo y agrícola. El tabaco, el algodón y el maíz siguieron siendo la base de su economía, y la ciudad se consolidó como el gran mercado y punto de servicios de toda la región oriental, tanto para los productores zambianos como para el comercio transfronterizo con Malaui.
En las últimas décadas, Chipata se transformó en una de las ciudades de más rápido crecimiento de Zambia. En 2017 fue elevada oficialmente a la categoría de ciudad, la quinta del país en obtener ese estatus, reconociendo su expansión y su papel como capital provincial. Hoy supera los 120.000 habitantes y concentra bancos, universidades, hospitales, mercados y centros comerciales que la convierten en el corazón económico de toda la Provincia Oriental.
Un hito reciente cambió la relación de Chipata con el turismo: la pavimentación de la carretera que la une con Mfuwe, la puerta del Parque Nacional South Luangwa. Lo que antes era un camino de tierra lento y difícil se convirtió en un trayecto asfaltado de poco más de dos horas, lo que hizo mucho más accesible uno de los grandes parques de safari de África. Chipata pasó a ser, para miles de viajeros, la escala obligada donde reabastecerse antes de internarse en el valle del Luangwa.
Así, la ciudad combina hoy sus dos vocaciones históricas: la de centro agrícola y comercial de una región fértil, y la de cruce de caminos entre Zambia y Malaui. A ellas se suma ahora la de trampolín hacia el safari. Y una vez al año, cuando en Mtenguleni resuenan los tambores de la Ncwala y los guerreros ngoni danzan con sus escudos, Chipata recuerda que, bajo su cara moderna de ciudad en crecimiento, late todavía la vieja herencia de aquellos guerreros que cruzaron el Zambeze hace casi dos siglos.