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Historia de Tadjoura

El puerto más antiguo del golfo

Tadjoura es la ciudad más antigua de Yibuti y uno de los puertos históricos más importantes de la costa del mar Rojo y del golfo de Adén. Su existencia se pierde en la Edad Media: aparece mencionada en las crónicas de viajeros árabes que recorrieron estas costas hace siglos, cuando la capital moderna, la Ciudad de Yibuti, ni siquiera existía. Situada en la orilla norte del golfo que lleva su nombre, fue durante mucho tiempo la referencia urbana de toda la región.

Su importancia venía de la geografía: Tadjoura era el punto donde las rutas de caravanas que bajaban desde las tierras altas de Etiopía llegaban al mar, y desde donde las mercancías embarcaban hacia Arabia y el resto del mundo islámico. Por su puerto pasaban la sal del interior, el café, el marfil, las pieles y también, durante siglos, los esclavos capturados en las tierras altas de Abisinia, un comercio que marcó tristemente la historia de la ciudad.

Esa función de bisagra entre el interior africano y el mundo marítimo del Índico y el mar Rojo hizo de Tadjoura una ciudad cosmopolita para su tiempo, en contacto permanente con Yemen y con la costa suajili. De ahí su arquitectura de casas encaladas y su fuerte identidad islámica, que aún hoy definen a 'la ciudad blanca de las siete mezquitas'.

Entre grandes sultanatos islámicos

Tadjoura estuvo integrada durante siglos en los grandes estados islámicos que dominaron el Cuerno de África medieval. Formó parte de la órbita del Sultanato de Ifat y, más tarde, del poderoso Sultanato de Adal, que en los siglos XV y XVI protagonizó largas guerras con el Imperio cristiano de Etiopía por el control de la región. En ese mundo de sultanatos comerciantes y guerreros, los puertos de la costa —Tadjoura entre ellos— eran piezas clave para el comercio y para la conexión con Arabia.

Con el declive de Adal, emergió con fuerza propia el Sultanato de Tadjoura, un estado afar centrado en la ciudad y su puerto. Este sultanato controlaba el comercio entre las tierras altas etíopes y el mar, y su sultán era una figura de peso en toda la región. La Gran Mezquita de la ciudad, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, es testimonio de esa época de esplendor comercial y religioso.

El Sultanato de Tadjoura mantuvo relaciones —a veces de alianza, a veces de tensión— con otros poderes de la zona y con las potencias que se asomaban al mar Rojo. Su prosperidad se basaba en el control de las rutas comerciales, y su historia es la de un pequeño pero influyente estado marítimo afar, uno de los pocos que existieron en el territorio del actual Yibuti.

Otomanos, egipcios y la llegada de Francia

Como todos los puertos estratégicos del mar Rojo, Tadjoura fue codiciada por las grandes potencias. A lo largo de los siglos pasó por la influencia o el control de distintos poderes: el Imperio otomano, que dominó buena parte de la costa del mar Rojo, y más tarde el Egipto jedival del siglo XIX, que en su expansión llegó a controlar puntos de esta costa. Eran los tiempos en que el mar Rojo, sobre todo tras la apertura del canal de Suez en 1869, se volvió una ruta vital del comercio mundial.

En esa época de rivalidades imperiales entró en escena Francia. Tras adquirir Obock en 1862 y fundar la Ciudad de Yibuti en 1888, los franceses fueron extendiendo su influencia por el golfo, y firmaron tratados con los jefes y sultanes afares, incluido el de Tadjoura, para asegurarse el control de la región. Así, Tadjoura acabó integrada en la colonia de la Costa Francesa de los Somalíes, más tarde Territorio Francés de los Afars y los Issas.

Con la fundación y el auge de la Ciudad de Yibuti como gran puerto colonial y cabecera del ferrocarril a Adís Abeba, Tadjoura fue perdiendo protagonismo económico frente a la nueva capital. La 'ciudad blanca', antaño el gran puerto de la región, quedó como una hermosa ciudad histórica de la orilla norte, mientras el poder y el comercio se concentraban en la orilla sur.

En la Yibuti independiente

Con la independencia de Yibuti en 1977, Tadjoura pasó a ser una ciudad de la nueva república, capital de la región que lleva su nombre. Su población es mayoritariamente afar, y la ciudad ha vivido de cerca las tensiones entre los afares y los issa-somalíes que marcaron la política del país. Durante la guerra civil de los años noventa, entre el gobierno y la guerrilla afar del FRUD, el norte del país —incluida la región de Tadjoura— fue escenario de parte del conflicto, hasta los acuerdos de paz que le pusieron fin.

En las últimas décadas, Tadjoura ha buscado un nuevo papel. Se ha modernizado su puerto, con un nuevo muelle destinado en parte al comercio y a la exportación de mercancías (como la potasa de la región de Assal), en el marco de la apuesta de Yibuti por convertirse en un gran centro logístico regional. Al mismo tiempo, la ciudad y su entorno —las playas del golfo, las montañas Goda, el bosque de Day— se han ido perfilando como un destino turístico.

La mejora de las comunicaciones, con el ferri a la capital y las carreteras hacia el norte, ha ayudado a sacar a Tadjoura de su aislamiento. La 'ciudad blanca' conserva su ambiente tradicional y su enorme carga histórica, pero mira también hacia el futuro, entre el comercio marítimo y un turismo que descubre poco a poco sus encantos.

Tadjoura hoy: historia, mar y montaña

Hoy, Tadjoura es una de las joyas humanas e históricas de Yibuti. Su casco antiguo de casas encaladas, sus siete mezquitas, su puerto pesquero y su ambiente pausado ofrecen una experiencia muy distinta a la de la capital: aquí se respira la vieja costa islámica del mar Rojo, con siglos de comercio y de fe grabados en cada callejón blanco. Es un lugar para caminar despacio, conversar y dejarse llevar por otro ritmo.

Su posición la convierte además en la puerta del norte de Yibuti. A pocos kilómetros está la playa de Sables Blancs, la más bonita del país; a sus espaldas, las frescas montañas Goda con el bosque de Day y los pueblos de Randa y Bankoualé; y más al norte, la histórica Obock. Tadjoura funciona como base para explorar todo ese mundo de mar y montaña, tan diferente del desierto y los lagos de sal del interior.

Llegar en ferri cruzando el golfo, ver aparecer la ciudad blanca sobre el agua turquesa y perderse luego por sus callejones es una de las experiencias más memorables de un viaje por Yibuti. En la ciudad más antigua del país, la historia no está en los museos: está viva, en las casas encaladas, en los minaretes y en la gente que sigue haciendo de Tadjoura lo que fue siempre, un puerto abierto al mar y al mundo.

📚 Bibliografía

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