El sur de Yibuti, donde se levanta Ali Sabieh, es tierra somalí, y en particular del clan issa, una de las dos grandes comunidades que forman el país junto a los afar. Los issa, pastores y comerciantes, ocupan un territorio que se extiende por el sur de Yibuti, el este de Etiopía y el norte de Somalia y Somalilandia, y han vivido durante siglos del pastoreo de camellos y cabras, del comercio caravanero y del control de las rutas que atraviesan estas tierras áridas hacia el interior del Cuerno de África.
La región de Ali Sabieh es un paisaje de montañas de arenisca y roca en tonos rojizos, desfiladeros esculpidos por el viento y planicies desérticas como el Grand Bara, el lecho de un antiguo lago hoy convertido en llanura. Es un entorno hermoso y durísimo, de calor extremo y agua escasa, donde la vida tradicional dependía de los pozos, los pastos estacionales y la movilidad de los rebaños. Sobre ese fondo ancestral iba a irrumpir, a comienzos del siglo XX, una novedad que lo cambiaría todo: el ferrocarril.
Antes del tren, el sur era territorio de nómadas y caravanas, integrado en las viejas redes comerciales del Cuerno de África pero al margen de cualquier gran centro urbano. La fundación de Ali Sabieh como núcleo estable está indisolublemente ligada a la llegada del hierro y el vapor, a la gran obra que unió el puerto de Yibuti con el corazón de Etiopía.
A finales del siglo XIX, Francia y Etiopía concibieron una obra ambiciosa: un ferrocarril que uniera el puerto de Yibuti, en la costa del golfo de Tadjoura, con Adís Abeba, la capital del imperio etíope, en las tierras altas del interior. El objetivo era dar a Etiopía —un vasto país sin salida al mar— una vía comercial hacia el océano, y a la colonia francesa, un motor económico. La construcción, iniciada en 1897, fue lenta y difícil, atravesando desiertos, montañas y territorios de pueblos poco dispuestos a ceder sus tierras.
En ese contexto nació Ali Sabieh, hacia 1899, como uno de los puntos de la línea en el tramo yibutiano, cerca de la frontera etíope. La llegada del ferrocarril fijó población en torno a la estación: trabajadores, comerciantes y familias que encontraron en el tren una fuente de trabajo y de intercambio. De aldea ligada a las obras, Ali Sabieh fue creciendo hasta convertirse en un núcleo urbano estable, cruce de la vía férrea, la carretera y las rutas caravaneras.
El ferrocarril franco-etíope, completado hasta Adís Abeba en 1917, fue durante décadas la gran arteria de la región y la razón de ser de ciudades como Ali Sabieh y Dire Dawa, del lado etíope. La estación, el paso del tren y el trajín de mercancías marcaron la identidad de la ciudad y la insertaron en la historia de una de las líneas férreas más emblemáticas de África.
A lo largo del siglo XX, Ali Sabieh consolidó su papel de ciudad fronteriza y ferroviaria. Situada a apenas unos diez kilómetros de la frontera con Etiopía y cerca de la Somalia británica (luego Somalilandia), fue siempre un punto de contacto, comercio y movimiento entre pueblos y países. Su población, de mayoría somalí issa, la convirtió también en un centro importante de esa comunidad dentro del territorio, en contraste con las zonas afar del norte y el oeste.
Cuando Yibuti accedió a la independencia en 1977, Ali Sabieh era ya la segunda ciudad del nuevo país, y así se ha mantenido. La política yibutiana ha estado marcada, entre otras cosas, por el equilibrio entre las comunidades afar e issa, y ciudades como Ali Sabieh son referencias de ese mapa humano. La región vivió las tensiones y los reacomodos propios de la formación del Estado, pero conservó su función de nudo del sur.
El viejo ferrocarril, en cambio, fue decayendo. Décadas de falta de mantenimiento, problemas financieros y competencia de la carretera dejaron la línea histórica en un estado ruinoso hacia finales del siglo XX, y los servicios se interrumpieron en gran medida. Parecía el fin de la epopeya ferroviaria que había fundado la ciudad. Pero el siglo XXI le tenía reservado un renacimiento.
En la segunda década del siglo XXI, el ferrocarril volvió a la vida en una versión completamente nueva. Entre 2016 y 2018 se inauguró la moderna línea eléctrica de vía estándar entre Adís Abeba y Yibuti, construida con financiación y tecnología chinas, que sustituyó a la vieja línea colonial. Este nuevo ferrocarril, uno de los proyectos emblemáticos de la infraestructura africana reciente, volvió a convertir el corredor del sur yibutiano en una arteria vital del comercio entre Etiopía y el puerto de Yibuti, y devolvió protagonismo a la región de Ali Sabieh.
Hoy Ali Sabieh combina ese pasado y presente ferroviario con un creciente atractivo turístico basado en su naturaleza. Sus montañas rojizas y desfiladeros, el imponente desierto del Grand Bara a sus pies —con su land-sailing y la famosa carrera de 15 kilómetros que organiza el ejército francés—, y su ambiente de ciudad somalí de frontera la hacen cada vez más interesante para el viajero que busca el Yibuti auténtico más allá de la capital y los grandes lagos.
Segunda ciudad del país, capital de su región, cruce de fronteras y de vías férreas, Ali Sabieh resume buena parte de la historia yibutiana: la del ferrocarril que unió dos países, la de la convivencia de afar e issa, y la de un territorio extremo y hermoso que sigue buscando su lugar entre la tradición pastoril y la modernidad. Un destino que premia al viajero curioso con paisajes memorables y una mirada distinta sobre Yibuti.