Encajado entre las montañas del Tian Shan y del Pamir-Alai, y regado por el río Sir Daria, el valle de Fergana es la región más fértil y densamente poblada de Asia Central. Sus ciudades y campos, repartidos hoy entre Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán tras las fronteras trazadas en época soviética, forman un mosaico agrícola de algodón, frutales, morales y huertas que le valió el apodo de "el jardín" de la región.
El valle tiene una historia antiquísima: fue conocido en las crónicas chinas de la dinastía Han por sus legendarios "caballos celestiales" de Fergana, tan codiciados que motivaron expediciones militares desde China. Encrucijada de la Ruta de la Seda, punto de paso obligado entre las estepas y las montañas, siempre fue un enclave estratégico y disputado, y sigue siendo el corazón demográfico y agrícola del país.
Kokand fue la capital del Kanato de Kokand, uno de los tres estados que se repartieron Asia Central antes de la llegada de los rusos. En su apogeo, en los siglos XVIII y XIX, el kanato llegó a dominar buena parte del valle y de las rutas hacia las estepas kazajas. De aquella grandeza da testimonio el Palacio de Khudayar Khan, construido a mediados del siglo XIX, con su monumental fachada de azulejos y sus más de cien habitaciones, uno de los edificios más espectaculares del país.
El Kanato de Kokand fue anexionado y disuelto por el Imperio ruso en 1876, tras una dura rebelión. Además del palacio, la ciudad conserva madrazas, mezquitas y la necrópolis de los kanes, que la convierten en la gran escala histórica del valle. Fue también uno de los focos del efímero movimiento de autonomía musulmana tras la Revolución rusa, aplastado por los bolcheviques en 1918.
Si hay una ciudad que encarna la tradición sedera de la Ruta de la Seda, esa es Margilan, capital histórica de la seda uzbeka desde hace más de dos mil años. En sus talleres, y muy especialmente en la fábrica Yodgorlik, se sigue produciendo a mano el vibrante ikat (khan-atlas), una técnica en la que los hilos se tiñen antes de tejer para crear los característicos diseños de contornos difuminados y colores intensos que visten a las mujeres uzbekas.
Ese saber artesanal, transmitido de generación en generación, ha convertido a Margilan en un centro cultural vivo, con un bazar de los más auténticos del valle. La región de Fergana es también célebre por su cerámica esmaltada, sobre todo la de Rishtan, de característico azul turquesa, que perpetúa una de las tradiciones artesanales más antiguas y prestigiosas de Asia Central.