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Historia de Santuario de Rinocerontes de Ziwa

Cuando Uganda tenía rinocerontes

Hasta mediados del siglo XX, Uganda albergaba dos especies de rinocerontes. En el norte del país vivía el rinoceronte blanco del norte, una subespecie hoy prácticamente extinta en todo el mundo, y en otras zonas el rinoceronte negro. Eran parte natural de la fauna de la sabana ugandesa, junto a elefantes, leones y búfalos, y figuraban entre los grandes animales que hacían de Uganda un destino de safari renombrado, apodado por Winston Churchill 'la perla de África'.

A mediados de siglo, las poblaciones de rinoceronte todavía eran significativas, pero a partir de los años sesenta y setenta empezaron a desplomarse. La caza furtiva —alimentada por la demanda internacional de cuerno de rinoceronte, usado en la medicina tradicional asiática y para mangos de dagas en Oriente Medio— diezmó a estos animales de reproducción lenta en toda África. En Uganda, además, la situación se agravó por el colapso del orden que trajeron la dictadura de Idi Amin y las guerras posteriores.

En medio del caos político, la vigilancia de los parques se derrumbó y los furtivos actuaron con impunidad. Los rinocerontes, grandes, lentos y de cuerno valiosísimo, fueron un blanco fácil. Hacia 1983, el último rinoceronte salvaje de Uganda había desaparecido: el país perdió por completo una de sus especies emblemáticas. Durante más de dos décadas, no hubo un solo rinoceronte en libertad en todo el territorio ugandés.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ziwa_Rhino_Sanctuaryhttps://www.savetherhino.org/africa/uganda-rhino-reintroduct

El sueño de traerlos de vuelta: Rhino Fund Uganda

Recuperar la estabilidad tras las guerras permitió, con los años, empezar a pensar en devolver a Uganda parte de la fauna perdida. En 1997 se creó Rhino Fund Uganda, una organización sin fines de lucro dedicada específicamente a planificar y hacer posible la reintroducción del rinoceronte en el país. La tarea era enorme: había que conseguir animales, un territorio seguro, financiación y, sobre todo, garantizar una protección capaz de evitar que la historia de la caza furtiva se repitiera.

El reto del espacio se resolvió gracias a una alianza. Un ganadero y capitán, propietario de un extenso rancho en Nakasongola, en el centro-norte del país, cedió sus tierras para el proyecto. Aquel rancho, de decenas de kilómetros cuadrados de sabana y humedales, se transformó en un santuario vallado y vigilado, con capacidad para albergar y proteger a los rinocerontes las 24 horas del día. Así nació el Santuario de Rinocerontes de Ziwa (Ziwa Rhino Sanctuary).

La estrategia fue pragmática: en lugar de intentar reintroducir de golpe a los animales en los grandes parques nacionales, donde sería difícil protegerlos, se optó por criarlos primero en un espacio cerrado y seguro, dejar que la población creciera, y solo más adelante trasladar ejemplares a los parques. Ziwa sería, pues, una especie de 'reserva madre' para reconstruir la población desde cero.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ziwa_Rhino_Sanctuaryhttps://www.ziwarhino.org/

Los seis fundadores y el nacimiento del santuario

El Santuario de Ziwa se estableció en 2005-2006, cuando llegaron los primeros rinocerontes. Se eligió el rinoceronte blanco del sur, una subespecie que se ha recuperado bien en otras partes de África y que es la más viable para un programa de cría. Los seis ejemplares fundadores vinieron de dos orígenes muy distintos: cuatro procedían de la reserva de Solio, en Kenia, y otros dos fueron donados por Disney's Animal Kingdom, un parque de Florida, en Estados Unidos.

La mezcla de orígenes dio lugar a una anécdota célebre. El primer rinoceronte nacido en Ziwa, en 2009, tenía madre estadounidense y padre keniano, así que los cuidadores lo bautizaron 'Obama', en honor al entonces presidente de Estados Unidos, nacido a su vez de padre keniano y madre estadounidense. El nombre se hizo famoso y simbolizó bien el espíritu del proyecto: una colaboración internacional para devolverle a Uganda una especie perdida.

Desde entonces, la población fue creciendo nacimiento a nacimiento, todos bajo la atenta vigilancia de los equipos de rangers, que patrullan el santuario día y noche para proteger a los animales de la caza furtiva y monitorear su salud y reproducción. Cada cría es un pequeño triunfo en un proceso lento —los rinocerontes tienen gestaciones de unos 16 meses y se reproducen despacio—, pero constante.

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Conservación, turismo y protección 24 horas

El modelo de Ziwa combina conservación estricta con turismo responsable. La protección de los rinocerontes es la prioridad absoluta: equipos de rangers vigilan a los animales las 24 horas, cada uno tiene un seguimiento individual, y la reserva está vallada y patrullada para impedir la entrada de furtivos. Esta vigilancia permanente es costosa, y aquí es donde entra el turismo: las tarifas que pagan los visitantes por el rastreo de rinocerontes y las demás actividades financian directamente el cuidado y la protección de los animales.

El rastreo de rinocerontes a pie, la actividad estrella, convirtió a Ziwa en una parada casi obligada en las rutas hacia el Parque Nacional Murchison Falls, ya que está a mitad de camino desde Kampala. Poder caminar por la sabana y acercarse a pie, con rangers, a un rinoceronte blanco y su cría es una experiencia única en Uganda y un poderoso argumento de conservación: el turista ve con sus propios ojos por qué vale la pena proteger a estos animales, y su visita ayuda a pagar esa protección.

El santuario amplió su oferta con otras experiencias —el rastreo del picozapato en canoa por el pantano de Lugogo, caminatas de aves y nocturnas, alojamiento— que permiten a los visitantes quedarse más tiempo y conocer mejor el ecosistema. Todo con la misma filosofía: que el turismo sostenga la conservación y que la comunidad y el país se beneficien de tener, otra vez, rinocerontes.

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El futuro: devolver los rinocerontes a los parques

Casi dos décadas después de su fundación, Ziwa es una de las historias de conservación más esperanzadoras de Uganda. De los seis rinocerontes fundadores, la población ha crecido a más de treinta ejemplares nacidos y criados en el santuario, todos rinocerontes blancos del sur. Cada nacimiento acerca un poco más el objetivo final del proyecto: que el santuario alcance una población suficientemente grande y estable como para empezar a trasladar rinocerontes de vuelta a los parques nacionales del país, donde volverían a vivir en libertad plena.

Ese objetivo, sin embargo, depende de que las condiciones de seguridad lo permitan: reintroducir rinocerontes en parques abiertos exige garantizar que no volverán a ser presa fácil de los furtivos, un desafío enorme dado el altísimo valor que el cuerno sigue teniendo en los mercados ilegales. Mientras tanto, Ziwa sigue siendo el único lugar del país donde ver rinocerontes, y una 'reserva de seguridad' para la especie.

Para el viajero, visitar Ziwa es mucho más que tachar un animal de la lista: es asomarse a un proyecto que, contra todo pronóstico, logró devolverle a Uganda una especie que había perdido por completo. Del último rinoceronte muerto hacia 1983 a la manada que hoy pasta en Nakasongola, la historia de Ziwa demuestra que, con voluntad, recursos y protección constante, algunas pérdidas pueden revertirse. Cada cría que nace en el santuario es una promesa de que, algún día, los rinocerontes volverán a recorrer libremente las sabanas de la 'perla de África'.

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📚 Bibliografía

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