El oeste de Uganda, entre el lago Alberto, el lago Eduardo y las montañas Rwenzori, fue tierra de los reinos de Toro y Bunyoro. Toro se separó de Bunyoro hacia 1830, cuando el príncipe Kaboyo se rebeló contra su padre y fundó un reino propio junto a las montañas de la Luna, recibiendo los símbolos de la realeza. Como los demás reinos, fue abolido por Obote en 1967 y restaurado como monarquía cultural en 1993.
Esta es una región de contrastes geográficos extremos: en pocos kilómetros se pasa de las sabanas cálidas de los valles del Rift, salpicadas de lagos, a las cumbres nevadas del Rwenzori. Esa diversidad de ambientes explica la extraordinaria concentración de parques nacionales y de fauna que hacen del oeste el gran circuito de safaris del país.
La región es también parte del Valle del Rift Albertino, el ramal occidental de la gran fractura geológica de África Oriental, uno de los lugares de mayor biodiversidad del continente. Bajo sus tierras, en el subsuelo del lago Alberto, se descubrieron en años recientes importantes reservas de petróleo, cuya explotación abre para Uganda enormes expectativas económicas y, a la vez, serios debates ambientales.
El Parque Nacional Reina Isabel es el más visitado de Uganda y uno de los más ricos en fauna de África Oriental. Fundado en 1952 y rebautizado dos años después con motivo de una visita de la reina Isabel II, se extiende entre los lagos Eduardo y Jorge, en pleno Valle del Rift Albertino, con una sorprendente variedad de ecosistemas: sabanas, humedales, lagos y bosques.
Su atracción más famosa es el crucero por el canal de Kazinga, un brazo de agua natural que une los dos lagos y que concentra una de las mayores densidades de hipopótamos del mundo, además de elefantes, búfalos y una riquísima avifauna que acude a sus orillas. El parque presume de tener una de las listas de aves más largas de África.
En el sector sur de Ishasha, el parque guarda una rareza que atrae a los viajeros: los leones trepadores de árboles, que tienen la costumbre poco habitual de encaramarse a las ramas de las higueras para descansar. Reina Isabel resume la Uganda del safari clásico, con la ventaja de combinar los grandes mamíferos de la sabana con la exuberancia de los bosques y los lagos del Rift.
Al norte de Reina Isabel, el Parque Nacional de Kibale protege una de las selvas tropicales más hermosas de África y está considerado el mejor lugar del continente para observar chimpancés salvajes. El parque alberga trece especies de primates, una diversidad excepcional, entre ellas grandes comunidades de chimpancés habituadas a la presencia humana que pueden seguirse en trekkings guiados.
El chimpancé, nuestro pariente vivo más cercano junto al bonobo, comparte con el ser humano cerca del 98 % de su ADN, y observar de cerca su vida social, sus herramientas y sus vocalizaciones es una de las experiencias más conmovedoras que ofrece Uganda. Kibale es sede de proyectos de investigación de larga duración que han estudiado a estas comunidades durante décadas.
Junto al parque, el humedal de Bigodi, gestionado por la comunidad local, es un ejemplo de ecoturismo comunitario: los propios pobladores guían a los visitantes entre aves, monos y bosque pantanoso, y reinvierten los ingresos en escuelas y proyectos locales. Kibale muestra así una Uganda donde la conservación de la selva y el desarrollo de las comunidades intentan ir de la mano.
Sobre la frontera con la República Democrática del Congo se elevan las montañas Rwenzori, identificadas por muchos con las legendarias "Montañas de la Luna" que el geógrafo Ptolomeo, en el siglo II, situó como fuente del Nilo. A diferencia de los volcanes de la región, el Rwenzori es un macizo formado por el levantamiento de bloques de la corteza terrestre, y sus cumbres más altas guardan uno de los prodigios de África: glaciares permanentes casi sobre el ecuador.
Su pico más alto, el Margherita (5.109 metros), en el monte Stanley, es la tercera cumbre más alta de África, después del Kilimanjaro y el Monte Kenia. Fue escalado por primera vez en 1906 por una expedición del duque de los Abruzos. El parque nacional que protege la montaña fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, tanto por su valor natural como por su asombrosa vegetación afroalpina de lobelias y senecios gigantes.
Los glaciares del Rwenzori, sin embargo, se están derritiendo rápidamente por el cambio climático, y podrían desaparecer en las próximas décadas, lo que sería una pérdida irreparable. La montaña es sagrada para el pueblo bakonzo, que la habita en sus laderas y la considera morada de un dios. Escalar el Rwenzori es una de las grandes aventuras de montaña de África, mucho menos concurrida que las cumbres vecinas.
De camino entre Kampala y el suroeste, el Parque Nacional del Lago Mburo es el más pequeño de los parques de sabana de Uganda y uno de los más accesibles. A pesar de su tamaño, ofrece una experiencia singular: al no haber elefantes ni leones residentes en número significativo, es uno de los pocos parques del país donde está permitido hacer safari a pie y en bicicleta, caminando entre cebras, impalas, búfalos y antílopes.
El parque es el único de Uganda donde vive el impala —que, según una versión popular, habría dado nombre a Kampala— y uno de los pocos que alberga al elegante antílope acuático sitatunga en sus zonas pantanosas. Su corazón es el lago Mburo, uno de varios lagos conectados por humedales, donde se hacen paseos en bote entre hipopótamos, cocodrilos y una gran variedad de aves.
Estas tierras son parte del antiguo reino de Ankole, célebre por su ganado ankole de largos y espectaculares cuernos, criado por los pastores bahima. La creación del parque generó tensiones históricas con esas comunidades ganaderas, y su gestión ha buscado, con el tiempo, conciliar la conservación con los usos tradicionales del entorno. Lago Mburo es la puerta de entrada al circuito de safaris del oeste ugandés.