El este de Uganda guarda uno de los grandes hitos geográficos del planeta: el punto donde el lago Victoria vierte sus aguas y da origen al Nilo Victoria, que tras 6.700 kilómetros desemboca en el Mediterráneo. Durante siglos, el origen del río fue un misterio que obsesionó a geógrafos desde la Antigüedad. La respuesta la dio, en 1862, el explorador británico John Hanning Speke, que llegó hasta unas cataratas a la salida del lago y las bautizó Ripon Falls.
Speke proclamó que allí nacía el Nilo, desatando una célebre disputa con su antiguo compañero Richard Burton, que dudaba de la afirmación. El debate solo se zanjó con expediciones posteriores que confirmaron que, en efecto, el lago Victoria era la principal fuente del Nilo Blanco. Las cataratas de Ripon quedaron sumergidas en 1954 al construirse la represa de Owen Falls, pero el sitio donde el río abandona el lago sigue siendo un lugar de peregrinación geográfica.
Hoy los viajeros llegan a la fuente del Nilo, cerca de Jinja, para pararse frente al lugar exacto donde comienza el viaje del río más largo del mundo. Es uno de esos puntos en el mapa que condensan siglos de exploración, ambición imperial y fascinación humana por descifrar la naturaleza.
A orillas del Nilo naciente creció Jinja, fundada en 1901 durante la época colonial. Su posición junto al río y al lago la convirtió en un centro industrial: aquí se levantó la represa de Owen Falls (hoy Nalubaale), inaugurada en 1954, que durante décadas fue la principal fuente de energía hidroeléctrica del país. Jinja llegó a ser el corazón manufacturero de Uganda, con una notable presencia de la comunidad asiática.
La expulsión de los asiáticos por Idi Amin en 1972 golpeó duramente a la ciudad, que perdió a buena parte de sus comerciantes e industriales y entró en decadencia junto con la economía nacional. Sus calles conservan todavía la arquitectura de aquella época de esplendor, con edificios y villas de estilo colonial e indio.
Jinja renació en las últimas décadas gracias al turismo de aventura. Los rápidos del Nilo, algunos de clase III a V, la convirtieron en la capital del rafting, el kayak y el bungee de África Oriental, un imán para viajeros de todo el mundo. La construcción de nuevas represas río abajo alteró parte de los rápidos históricos, pero Jinja sigue siendo el gran centro de deportes de aventura del país y la base para visitar la fuente del Nilo.
Más al este, sobre la frontera con Kenia, se alza el Monte Elgon, un enorme volcán extinto que hace millones de años pudo ser la montaña más alta de África antes de que la erosión lo desgastara. Hoy su cima principal, el Wagagai (4.321 metros), lo mantiene entre los picos más altos del continente, y presume de tener una de las calderas volcánicas más grandes del mundo, de más de 40 kilómetros cuadrados.
Sus laderas, protegidas como parque nacional, despliegan bosques, páramos afroalpinos con lobelias y senecios gigantes, cascadas y cuevas formadas por la lava, algunas de las cuales son visitadas por elefantes que acuden a lamer las sales de sus paredes. A diferencia de las cumbres más famosas de la región, el Elgon ofrece un trekking mucho menos concurrido y más solitario.
Las faldas del Elgon son también el hogar de varios pueblos, entre ellos los bagisu (o gisu), célebres por su ceremonia de circuncisión masculina, el imbalu, un rito de paso a la adultez que se celebra cada dos años con danzas y música. La montaña es, así, a la vez un santuario natural y un espacio cargado de significado cultural para las comunidades que la habitan.