La Región de los Mesetas, en el centro-oeste del país, es el Togo más verde y montañoso. Aquí la franja costera y seca deja paso a un paisaje de colinas boscosas, valles húmedos y plantaciones que se benefician de un clima más fresco y lluvioso. Kpalimé, su ciudad emblemática, es la base para explorar esta región de cafetales y cacaotales, rodeada de cascadas y senderos.
Fueron precisamente estas tierras fértiles las que atrajeron a los colonos y a las plantaciones durante la etapa alemana y luego francesa, cuando el café y el cacao se convirtieron en cultivos de exportación. La tradición agrícola convive con un artesanado célebre: Kpalimé es conocida por sus talleres de tallado en madera, batik y tejido, y por una escuela de artesanía que formó a muchos artistas togoleses.
El relieve regala algunas de las mejores caminatas del país. El pico de Agou, con unos 986 metros, es el punto más alto de Togo, y desde su cima —a la que se sube entre aldeas escalonadas y bananales— se abren vistas sobre las mesetas y hacia Ghana. El monte Kloto, cerca de Kpalimé, es famoso por su extraordinaria diversidad de mariposas y por sus panoramas entre plantaciones.
En el este de la región, sobre la meseta, se encuentra Notsé (Nuatja), la ciudad amurallada que la tradición señala como el gran centro desde el cual se dispersaron los ewe en los siglos XVI y XVII. Aquí gobernaba, según la leyenda, el tirano Agokoli, y de aquí huyeron los ewe abriendo un boquete en la muralla de Agbogbo, cuyos restos de barro todavía pueden verse en tramos.
Notsé no es hoy una gran ciudad, pero conserva un lugar central en el imaginario ewe. Cada septiembre, la fiesta del Agbogbozã convoca a miles de personas para conmemorar aquel éxodo fundacional, con desfiles, danzas y ceremonias tradicionales presididas por las autoridades y los jefes ewe. Es una de las celebraciones culturales más importantes del sur de Togo.
En los alrededores, la región fue también escenario de los grandes proyectos agrícolas coloniales: los alemanes impulsaron el cultivo del algodón en la zona de Notsé, con métodos que incluían el trabajo forzado. Meseta agrícola, cuna mítica de un pueblo y escenario colonial: Notsé condensa varias capas de la historia togolesa en un mismo lugar.
Atakpamé, una de las ciudades más importantes del interior, se despliega sobre colinas que le dan un clima agradable y vistas panorámicas. Habitada por pueblos ana-ifé (de raíz yoruba) y ewe, fue un centro administrativo y comercial durante las etapas alemana y francesa, y sigue siendo un nudo de rutas hacia el norte y el oeste.
En sus cercanías, los alemanes construyeron una de las obras más avanzadas de su "colonia modelo": la potente estación de radiotelegrafía de Kamina, inaugurada poco antes de la Primera Guerra Mundial. Kamina conectaba Berlín con las colonias africanas y con los barcos del Atlántico, y por eso fue el primer objetivo de la invasión franco-británica en agosto de 1914. Los propios alemanes destruyeron la estación el 24-25 de agosto antes de rendirse, el 26 de agosto de 1914.
Atakpamé es también puerta de entrada al embalse de Nangbéto, sobre el río Mono, donde pueden verse hipopótamos, y a una región de colinas y cascadas. Más al oeste, hacia la frontera con Ghana, la zona de Badou ofrece la espectacular cascada de Aklowa, un chorro que cae por un farallón de granito en plena selva, al final de una caminata entre cacaotales.