La historia de Tokeh empieza, como la de tantas aldeas costeras de Sierra Leona, con el mar y la pesca. Según la tradición local, el pueblo fue fundado en la época colonial por un pescador del pueblo sherbro llamado Pa Baw, que se asentó junto al río que baja de las montañas de la península y desemboca en la playa. Los sherbro son uno de los pueblos costeros más antiguos de Sierra Leona, hábiles navegantes y pescadores del litoral y las islas del sur, y su presencia en Tokeh conecta a la aldea con una larga tradición marinera de la región.
Como el resto de la Península de Freetown, la zona quedó dentro de la órbita de la colonia británica establecida en Freetown desde 1808. Las aldeas de la costa —Tokeh, York, Kent, Sussex— combinaban poblaciones locales con descendientes de los africanos 'liberados' de los barcos negreros que los británicos asentaron en la península durante el siglo XIX. Durante generaciones, Tokeh vivió del pescado, los cocoteros y la agricultura de subsistencia, ajena por completo al turismo.
Su extraordinaria playa —una de las más largas y bellas de la península— era conocida por los habitantes de Freetown, pero permanecía como un rincón tranquilo de pescadores. Eso cambiaría de forma radical a fines de los años sesenta, cuando la belleza de Tokeh atrajo la mirada de inversores y del turismo internacional.
En 1968, el prominente abogado sierraleonés Shakib Basma adquirió terrenos frente a la playa de Tokeh y, asociado con una compañía francesa, comenzó a desarrollar un ambicioso complejo turístico: el Africana Tokeh Village. En una época en que el turismo de sol y playa en África occidental daba sus primeros pasos, el proyecto apostó fuerte por Tokeh como destino internacional. El complejo creció hasta contar con unas 400 habitaciones y llegó a emplear a cerca de 600 personas en su apogeo, convirtiéndose en uno de los mayores resorts de la región.
Durante los años setenta, el Africana Tokeh Village puso a Sierra Leona en el mapa del turismo de lujo. La combinación de la larguísima playa dorada, los cocoteros, el clima tropical y las montañas selváticas atraía a visitantes europeos en busca de un paraíso africano. Tokeh vivió su edad de oro turística, con vuelos y paquetes que traían viajeros a esta esquina remota del Atlántico africano. La playa aparecía en folletos y reportajes como uno de los grandes secretos tropicales del continente.
Aquel esplendor, sin embargo, dependía de la estabilidad del país, y esa estabilidad se rompería de la peor manera. La crisis económica de los años ochenta y, sobre todo, el estallido de la guerra civil en 1991 marcarían el abrupto final de la primera era dorada de Tokeh.
La guerra civil de Sierra Leona (1991-2002) fue una catástrofe que arrasó con casi todo, y el turismo de la Península de Freetown no fue la excepción. A medida que el conflicto se acercaba a la capital y la inseguridad se apoderaba del país, el flujo de visitantes se cortó por completo. El Africana Tokeh Village, que había sido símbolo del auge turístico, quedó abandonado, saqueado y finalmente destruido. La playa que había recibido a miles de turistas extranjeros volvió a quedar en manos solo de sus pescadores.
Los años de guerra dejaron a las comunidades de la península empobrecidas y a su infraestructura turística en ruinas. Tokeh, como River No. 2, Bureh y Lakka, se sumió en el silencio. Para muchos sierraleoneses de la costa, aquellos fueron años de miedo, desplazamiento y supervivencia, muy lejos de la imagen de paraíso que la playa había proyectado al mundo apenas una década antes.
Cuando la guerra terminó oficialmente en 2002, con la ayuda de la intervención británica y una gran misión de la ONU, las playas de la península estaban vacías y sus complejos, derruidos. Reconstruir el turismo sería un proceso lento, que en el caso de Tokeh tomaría más de una década pero que acabaría devolviéndole su lugar entre los grandes destinos de playa de África occidental.
La recuperación de Tokeh llegó de la mano de una nueva generación de inversiones turísticas ya entrado el siglo XXI. Sobre las arenas donde antes estuvo el Africana Tokeh Village, y en otros sectores de la playa, surgieron nuevos complejos: The Place Resort, un hotel de alta gama con villas, piscinas, spa y restaurantes frente al mar, y Tokeh Palms, un enclave más exclusivo y recogido con suites y piscinas. A ellos se sumaron opciones más sencillas como Tokeh Sands y guesthouses del pueblo, que ampliaron la oferta a distintos presupuestos.
Este renacimiento devolvió a Tokeh su estatus de playa emblemática de Sierra Leona, esta vez con un turismo que convive con la vida cotidiana del pueblo de pescadores. La estabilidad política del país tras la guerra, pese a los golpes del ébola en 2014-2016, permitió que la playa volviera a atraer visitantes, tanto sierraleoneses de la diáspora como viajeros internacionales en busca de destinos poco masificados.
Hoy Tokeh combina lo mejor de dos mundos: la comodidad de resorts frente al mar y la autenticidad de una aldea de pescadores con siglos de historia. Su larga playa dorada, con la selva y las montañas de fondo, sigue siendo una de las imágenes más poderosas del litoral sierraleonés.
La Tokeh actual es un lugar donde conviven la historia y el presente turístico. Por la mañana, las canoas de los pescadores —herederos de aquel Pa Baw fundador— salen a faenar y regresan con la pesca que se vende y se cocina en la playa. Junto a esa vida tradicional, los huéspedes de los resorts disfrutan de piscinas, spa y cenas de mariscos frente al Atlántico. Es una mezcla característica del turismo sierraleonés, que aún conserva una escala humana y una autenticidad difíciles de encontrar en destinos más desarrollados.
La playa forma parte del gran circuito de las playas de la Península de Freetown: hacia el norte, la vecina River No. 2, con su laguna de agua dulce y su gestión comunitaria; hacia el sur, Bureh, cuna del surf del país; y más cerca de la capital, Lakka y las playas urbanas de Lumley. Muchos viajeros recorren varias de ellas en un mismo viaje, alojándose en una y visitando las demás.
Tokeh resume la historia del turismo de playa en Sierra Leona: el esplendor de los años setenta, la destrucción de la guerra y el renacimiento del siglo XXI. Su arena dorada, testigo de todo ese vaivén, sigue siendo una de las más bellas de África occidental, y un recordatorio de la resiliencia de un país que, contra todo pronóstico, vuelve a abrir sus puertas al mundo.