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Historia de Parque Nacional de la Selva de Gola

Un fragmento de la selva de Alta Guinea

Para entender Gola hay que mirar el mapa grande de África Occidental. Hace milenios, una gran franja de selva tropical húmeda —el bosque de Alta Guinea (Upper Guinean Forest)— se extendía casi sin interrupción desde Guinea y Sierra Leona hasta Togo, un ecosistema riquísimo y singular, separado del bloque selvático del Congo por el llamado 'hiato de Dahomey'. Esa selva albergaba una biodiversidad extraordinaria, con innumerables especies endémicas.

Hoy, tras siglos de deforestación por agricultura, tala y explotación, aquel gran bosque está reducido a fragmentos dispersos, la mayoría degradados. La selva de Gola, en el este de Sierra Leona, es uno de los fragmentos más grandes y mejor conservados que quedan: unos 710 km² de selva de tierras bajas, el mayor remanente de este bioma en el país, reconocido como 'hotspot' mundial de biodiversidad y prioridad para la conservación internacional.

En la frontera con Liberia, Gola forma parte de un conjunto forestal transfronterizo mayor: del lado liberiano se extiende el bosque de Gola/Foya, y el conjunto conecta con otras áreas protegidas de la región. Proteger Gola no es solo salvar un bosque nacional, sino conservar una de las últimas grandes piezas de un ecosistema que fue vastísimo y que hoy pende de un hilo.

De reserva forestal a bosque explotado

La historia formal de Gola como área designada comienza en la época colonial. En la década de 1920, los británicos declararon la zona como reservas forestales de Gola, pero con un objetivo muy distinto al actual: no la conservación de la biodiversidad, sino la gestión del bosque como recurso maderero. La reserva estaba pensada para regular y aprovechar la explotación de madera.

La tala comercial de los bosques de Gola comenzó en la década de 1930 y se intensificó con el tiempo, alcanzando su punto máximo en los años ochenta. Durante décadas, el bosque fue una fuente de madera, con la presión adicional de la agricultura de las comunidades del entorno y, en la región en general, de la minería. La riqueza biológica del lugar era conocida por los naturalistas, pero el bosque seguía siendo tratado esencialmente como una cantera de troncos.

Ese modelo empezó a cambiar hacia fines del siglo XX, cuando la conciencia sobre el valor único de la selva de Alta Guinea y sobre su acelerada desaparición fue creciendo. Conservacionistas nacionales e internacionales pusieron los ojos en Gola como uno de los últimos grandes bloques que valía la pena —y era urgente— salvar. Pero antes de que ese esfuerzo cuajara, el país se hundió en la guerra.

Conservación, guerra y renacimiento

El impulso conservacionista sobre Gola se organizó en torno a una alianza que sería clave: la Sociedad para la Conservación de Sierra Leona (Conservation Society of Sierra Leone, CSSL), la británica Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB) y la División Forestal del Gobierno, junto con las jefaturas y comunidades locales. El objetivo era proteger el bosque y, a la vez, garantizar que su conservación beneficiara a las comunidades de su entorno, no que las perjudicara.

La guerra civil de 1991-2002 golpeó de lleno el este del país e interrumpió los esfuerzos, pero, paradójicamente, la inseguridad frenó también parte de la explotación forestal, y el bosque sobrevivió. Terminada la guerra, el proyecto de conservación se retomó con fuerza, con financiamiento internacional y un enfoque pionero: pagar a las comunidades y a las jefaturas por conservar el bosque, desarrollar alternativas económicas (como el cacao de sombra) y montar programas de investigación y ecoturismo.

Así, Gola pasó de reserva maderera a proyecto emblemático de conservación con base comunitaria. La RSPB lo abrazó como su 'Forest of Hope' (Bosque de Esperanza), en buena medida por su avifauna excepcional, con el picatartes cuelliblanco como especie bandera. El trabajo de años sentó las bases para el gran paso institucional que vendría a comienzos de la década de 2010.

El nacimiento del Parque Nacional (2010-2011)

El reconocimiento definitivo llegó a comienzos de la década de 2010. El Parque Nacional de la Selva de Gola fue declarado por el presidente Ernest Bai Koroma y establecido por ley del Parlamento de Sierra Leona en diciembre de 2010, y se inauguró oficialmente el 3 de diciembre de 2011. Fue apenas el segundo parque nacional del país, un hito en la política ambiental sierraleonesa y el fruto de años de trabajo conservacionista.

El parque protege unos 71.000 hectáreas (710 km²) de selva de tierras bajas, gestionadas de forma conjunta por el Gobierno de Sierra Leona, la CSSL y la RSPB, con un modelo que asegura que las comunidades locales se beneficien directamente de la conservación. Se establecieron guías comunitarios, guesthouses de aldea, programas de investigación y un incipiente ecoturismo, además de esquemas de compensación y desarrollo para las jefaturas del entorno.

Gola se convirtió así en un referente de cómo puede conservarse un bosque tropical en un país pobre y de posguerra: no cercando la selva contra su gente, sino haciendo de la comunidad la protagonista y beneficiaria de su protección. El parque protege un catálogo asombroso de biodiversidad: más de 330 especies de aves, chimpancés, elefantes de bosque, hipopótamos pigmeos, monos de Diana y una flora exuberante de la selva de Alta Guinea.

Patrimonio de la Humanidad: el complejo Gola-Tiwai (2025)

La consagración internacional de Gola llegó en julio de 2025. En su 47.ª sesión, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribió el 'Complejo Gola-Tiwai' —formado por el Parque Nacional de la Selva de Gola y la vecina isla de Tiwai— en la Lista del Patrimonio de la Humanidad. Fue el primer sitio Patrimonio de la Humanidad de Sierra Leona, un reconocimiento histórico para un país que durante mucho tiempo cargó con la imagen de la guerra y los diamantes de sangre.

La inscripción reconoce el valor universal excepcional de estos remanentes de la selva de Alta Guinea: su biodiversidad extraordinaria, su papel como refugio de especies amenazadas y su representatividad de un bioma en peligro. Reconoce también, implícitamente, el modelo de conservación comunitaria que ha permitido protegerlos. Para Sierra Leona, la distinción supuso un motivo de orgullo nacional y una vidriera para su naturaleza ante el mundo.

Hoy, Gola combina las capas de su historia: la reserva maderera colonial, el bosque explotado durante décadas, el proyecto conservacionista que lo rescató, el parque nacional creado en 2011 y el sitio de la UNESCO reconocido en 2025. Para el viajero, recorrer Gola es internarse en un patrimonio de toda la humanidad, uno de los últimos grandes bosques de Alta Guinea, y contribuir con cada visita a que este tesoro verde —y las comunidades que lo cuidan— tengan futuro.

📚 Bibliografía

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