La Roça Sundy se estableció a comienzos del siglo XIX en el noroeste de la isla de Príncipe, y es considerada una de las primeras y mayores plantaciones de cacao de São Tomé y Príncipe. Un mapa territorial de 1814 ya identificaba la propiedad, que contaba con una capilla dedicada a Nuestra Señora de Francia. Con el tiempo, además del cacao, en Sundy se cultivaron café y coco, y la finca llegó a alcanzar una gran extensión, con hospital propio para propietarios y trabajadores.
Sundy es un ejemplo modélico de 'roça', la institución que definió a São Tomé y Príncipe durante más de un siglo: una plantación-pueblo organizada en torno a la 'casa grande' (la residencia señorial), con su hospital, su capilla, sus patios de secado, sus almacenes y las 'sanzalas', las hileras de viviendas de los trabajadores. Todo giraba en torno a la producción del cacao, el 'oro marrón' que hizo la fortuna del archipiélago.
A comienzos del siglo XX, São Tomé y Príncipe llegó a ser el mayor productor mundial de cacao, y roças como Sundy estaban en el centro de esa hegemonía. Pero el sistema se sostenía sobre el trabajo durísimo de los 'serviçais' —contratados traídos de Angola, Cabo Verde y Mozambique en condiciones tan cercanas a la esclavitud que, hacia 1909, provocaron un boicot de las chocolateras británicas y un escándalo internacional sobre el 'cacao esclavo'.
En 1915, Albert Einstein había formulado su Teoría de la Relatividad General, que proponía una idea revolucionaria: la gravedad no es una fuerza a la manera de Newton, sino una curvatura del espacio-tiempo, y por lo tanto la luz de las estrellas debía desviarse al pasar cerca de un cuerpo masivo como el Sol. Para comprobarlo hacía falta un eclipse total: solo con el Sol tapado se podían fotografiar las estrellas cercanas a su borde y medir si su posición aparente se había desplazado.
El eclipse total de Sol del 29 de mayo de 1919 ofreció esa oportunidad, y el astrónomo británico Arthur Eddington encabezó una de las dos expediciones enviadas a observarlo. Eddington eligió la Roça Sundy, en la isla de Príncipe, por su cielo despejado y su ubicación en la franja de totalidad. Instaló sus instrumentos en los terrenos de la plantación y, pese a las nubes, logró fotografiar estrellas del cúmulo de las Híades alrededor del Sol eclipsado.
Al comparar la posición de esas estrellas durante el eclipse con su posición habitual, Eddington encontró el ligero desplazamiento que predecía Einstein: la luz se había curvado al pasar junto al Sol. El anuncio de los resultados, a fines de 1919, fue una sensación mundial: confirmaba experimentalmente la relatividad general y catapultó a Einstein a la fama planetaria. Que semejante hito de la física se lograra desde una remota plantación de cacao en el golfo de Guinea es una de las grandes curiosidades de la historia de la ciencia.
La casa señorial que hoy se ve en Sundy fue construida en 1921 por la familia Carneiro, propietaria de la roça, pocos años después del célebre eclipse. Durante las primeras décadas del siglo XX, la plantación siguió siendo un centro productivo importante dentro de un país que vivía casi por completo del cacao y el café exportados a Europa.
Pero a lo largo del siglo XX el cacao entró en una larga decadencia, por la competencia de otros productores, el agotamiento de los suelos y la falta de inversión. Tras la independencia de São Tomé y Príncipe de Portugal, el 12 de julio de 1975, muchas roças fueron nacionalizadas y luego cayeron en el abandono, con sus casas señoriales deteriorándose y la selva reconquistando los cacaotales. Sundy, como tantas otras, entró en decadencia.
Durante décadas, en las antiguas 'sanzalas' de Sundy siguieron viviendo descendientes de los trabajadores de la plantación, en condiciones precarias. La roça se mantuvo habitada pero semiabandonada, con su gloria científica y económica reducida a un recuerdo. Su renacimiento llegaría ya entrado el siglo XXI, de la mano del turismo sostenible y de la revalorización del patrimonio histórico de la isla.
El giro llegó con la empresa HBD, del empresario tecnológico sudafricano Mark Shuttleworth, que apostó por Príncipe como destino de turismo de lujo sostenible y por la recuperación de su patrimonio. HBD restauró la casa señorial de 1921 y la convirtió en uno de los hoteles con más encanto e historia de la isla, integrado en el proyecto Príncipe Collection junto a Sundy Praia y Bom Bom. La empresa financió además, hacia 2024, viviendas nuevas para los habitantes de las antiguas sanzalas, reubicándolos en mejores condiciones.
La Roça Sundy recuperó así una doble vida. Por un lado, volvió a ser una plantación de cacao viva, que ofrece a los visitantes tours 'del árbol a la barra': el recorrido completo desde la mazorca hasta el chocolate, con degustación, recuperando la tradición cacaotera de la isla con estándares modernos. Por otro, la roça abraza su herencia científica: se creó el 'Espaço Ciência e História Sundy', un centro que explica con imágenes y mapas el eclipse de 1919 y la confirmación de la relatividad.
En 2019 se conmemoró con actos internacionales el centenario del eclipse, reafirmando el lugar de Sundy en la historia de la ciencia. Hoy, dentro de una isla declarada Reserva de Biosfera de la UNESCO en 2012, la Roça Sundy resume como pocos lugares el pasado y el presente de Príncipe: la memoria del cacao y de las duras condiciones de las roças, el asombroso eclipse que confirmó a Einstein, y la apuesta contemporánea por un turismo que conserva el patrimonio y la naturaleza.