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Historia de Praia Banana

Una playa en la isla más verde del Atlántico

Praia Banana se abre en la costa norte de la isla de Príncipe, la menor y más apartada de las dos grandes islas de São Tomé y Príncipe. Como todo el archipiélago, Príncipe es de origen volcánico: emergió del fondo del golfo de Guinea hace millones de años y forma parte de la llamada 'línea del Camerún', una cadena de volcanes que se extiende desde el continente hasta el océano. Ese origen volcánico explica sus acantilados abruptos, sus picos afilados y las pequeñas ensenadas de arena como la que forma Praia Banana.

Cuando los navegantes portugueses llegaron al archipiélago hacia 1470-1471, las islas estaban completamente deshabitadas, cubiertas de una densa selva ecuatorial. La costa norte de Príncipe, con sus calas escondidas y su exuberante vegetación, permaneció durante siglos prácticamente virgen, tocada apenas por pescadores y, más tarde, por las plantaciones de cacao que treparon por las colinas cercanas.

La curva perfecta de Praia Banana —una media luna de arena dorada bordeada de cocoteros inclinados sobre el agua turquesa— es fruto de esa naturaleza intacta. Escondida bajo la selva y protegida por acantilados, la playa quedó durante mucho tiempo casi ignorada, un tesoro secreto de una isla que el mundo apenas conocía. Su fama llegaría, de forma inesperada, a fines del siglo XX.

La Roça Belo Monte y el auge del cacao

Praia Banana está enclavada en los terrenos de la Roça Belo Monte, una de las plantaciones que se levantaron en Príncipe durante el gran auge del cacao, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En esa época, São Tomé y Príncipe llegó a ser el mayor productor mundial de cacao, y las islas se cubrieron de 'roças': enormes fincas-pueblo con su casa señorial, su hospital, su capilla y sus viviendas de trabajadores, dedicadas por entero a producir el 'oro marrón' que abastecía a las chocolateras europeas.

Belo Monte, encaramada en las colinas de la costa norte con vistas espectaculares al mar, era una de esas plantaciones. Su producción, como la de todas las roças, se sostenía sobre el trabajo durísimo de los 'serviçais', contratados traídos de Angola, Cabo Verde y Mozambique en condiciones tan próximas a la esclavitud que a comienzos del siglo XX desataron un escándalo internacional y un boicot de fabricantes británicos de chocolate.

Con la decadencia del cacao a lo largo del siglo XX y, sobre todo, tras la independencia de 1975, muchas roças cayeron en el abandono. Belo Monte, sin embargo, tuvo un renacimiento: fue restaurada y reconvertida en un hotel con encanto que aprovecha su arquitectura colonial y su privilegiada ubicación sobre Praia Banana, uniendo la memoria del cacao con el nuevo turismo de naturaleza de la isla.

El aviso de Bacardí que dio la vuelta al mundo

La fama internacional de Praia Banana llegó a comienzos de los años 90, cuando la marca de ron Bacardí eligió esta playa para filmar uno de sus avisos publicitarios. Las imágenes de la media luna de arena dorada, los cocoteros inclinados y el agua turquesa —tomadas desde el mirador en lo alto del acantilado— recorrieron el mundo y convirtieron a Praia Banana en la imagen misma del paraíso tropical, aunque casi nadie supiera entonces dónde quedaba exactamente.

Aquel comercial transformó a la playa en un ícono. El mirador desde donde se filmó sigue siendo hoy uno de los puntos más fotografiados de la isla: es allí donde el visitante ve por primera vez la playa entera desplegada como una postal, antes de bajar caminando hasta la arena. La asociación con la publicidad y con la idea de 'playa de anuncio' quedó pegada para siempre a Praia Banana.

Esa fama, sumada a su belleza real, hizo de Praia Banana la playa más conocida de São Tomé y Príncipe y una de las grandes razones para viajar hasta la remota isla de Príncipe. A diferencia de las playas más salvajes del país, aquí el turismo trajo cierta infraestructura —un pequeño bar, tumbonas, kayaks—, pero sin perder la escala íntima y tranquila que la hace especial.

Reserva de Biosfera y presente

Tras la independencia de São Tomé y Príncipe en 1975 y la autonomía de la Región de Príncipe en 1995, la isla apostó por un modelo de desarrollo basado en la conservación de su extraordinaria naturaleza. Ese camino culminó en 2012, cuando toda la isla de Príncipe fue declarada Reserva de Biosfera de la UNESCO, en reconocimiento a sus selvas casi intactas, sus especies endémicas y sus ecosistemas marinos, entre ellos las playas donde anidan tortugas.

Gran parte de la restauración del patrimonio y del turismo sostenible de la isla se vincula al empresario tecnológico sudafricano Mark Shuttleworth y su empresa HBD, que invirtió en recuperar roças históricas y abrir hoteles de lujo de bajo impacto. En ese marco, plantaciones como Belo Monte fueron restauradas y puestas en valor, y playas como Praia Banana pasaron a ser cuidadas como parte del patrimonio natural y turístico de Príncipe.

Hoy Praia Banana combina lo mejor de esa historia: la belleza natural de una cala volcánica virgen, la memoria del cacao encarnada en la Roça Belo Monte, el aura de playa mítica que le dejó el aviso de Bacardí y la protección que le brinda su condición de Reserva de Biosfera. Bajar a su arena dorada, con los cocoteros sobre el agua turquesa, es tocar de una vez la naturaleza, la historia y el mito de la isla de Príncipe.

📚 Bibliografía

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