El Parque Nacional Kundelungu protege un paisaje singular en el contexto congoleño: las mesetas de altura del sureste del Katanga, un mundo de sabanas, pastizales y afloramientos rocosos muy distinto de la selva ecuatorial que domina la mayor parte de la RD Congo. Estas tierras altas, situadas a más de mil metros de altitud, forman parte del gran arco de sabanas del sur de África y tienen un clima de dos estaciones marcadas, con inviernos australes frescos y secos y veranos húmedos y tormentosos.
El relieve de mesetas, cortado por valles y escarpes, da lugar a uno de los rasgos más espectaculares del parque: los saltos de agua que se despeñan por los bordes de las mesetas, entre ellos las célebres cataratas de Lofoi. Los ríos que nacen en las tierras altas alimentan bosques de galería y sostienen la vida de la sabana. Es un paisaje de horizontes amplios, luz intensa y gran belleza, especialmente en la estación seca.
Mucho antes de convertirse en parque, estas tierras fueron territorio de pueblos del sur del Congo ligados a la ganadería, la agricultura y la caza, en una región marcada por la larga tradición metalúrgica del cobre del Katanga. La sabana y sus recursos formaban parte de la vida de las comunidades locales, en un entorno de frontera entre las culturas de la selva y las de las sabanas meridionales.
El Parque Nacional Kundelungu fue creado en 1970, durante el régimen de Mobutu Sese Seko, en el marco del impulso a la creación de áreas protegidas en el entonces Zaire. Se estableció para proteger las mesetas y sabanas de altura del sureste del Katanga, sus paisajes singulares y su fauna, y muy especialmente el entorno de las cataratas de Lofoi, uno de los grandes atractivos naturales de la región. El parque abarca miles de kilómetros cuadrados de mesetas y valles.
Las cataratas de Lofoi son el emblema de Kundelungu: el río Lofoi cae por el borde de la meseta en un único salto de caída libre de unos 340 metros, lo que las convierte en una de las cascadas de mayor caída de África y una de las más altas del continente. Durante mucho tiempo se las citó incluso como la caída de agua más alta de África, aunque las mediciones y comparaciones con otras cataratas del continente han matizado esa afirmación. En cualquier caso, su altura y su entorno agreste las hacen extraordinarias.
En sus primeras décadas, el parque albergaba una fauna de sabana relativamente rica, con antílopes, cebras y otros herbívoros, y formaba parte de una red de áreas protegidas del Katanga junto con el vecino Parque Nacional de Upemba. Sin embargo, la inestabilidad y el deterioro que vivió el país a partir de los años finales del régimen de Mobutu golpearían duramente a estos espacios.
Como buena parte de los parques nacionales de la RD Congo, Kundelungu sufrió décadas difíciles. El colapso económico del Zaire de Mobutu, la debilidad de las instituciones y, sobre todo, las guerras y la inestabilidad de finales del siglo XX y comienzos del XXI dejaron a los parques del Katanga con muy pocos medios para protegerse. La vigilancia se debilitó, y la caza furtiva —para carne y para el comercio— diezmó gravemente la fauna de sabana que antes poblaba las mesetas.
El Katanga, además, es una región dominada por la minería del cobre y el cobalto, con una fuerte presión sobre el territorio y los recursos. Aunque Kundelungu está algo apartado de las principales zonas mineras, el contexto general de pobreza, movimientos de población y economía informal contribuyó a la presión sobre el parque. Durante años, Kundelungu fue un área protegida casi solo sobre el papel, con una naturaleza que resistía pero muy mermada en su fauna mayor.
Este deterioro fue común a muchos parques congoleños y refleja el enorme desafío de conservar la naturaleza en un país afectado por conflictos, pobreza e inestabilidad. Las cataratas de Lofoi y los paisajes de mesetas seguían allí, imponentes, pero el parque necesitaba un impulso decidido para recuperar su fauna y su función de área protegida efectiva.
En los últimos años, Kundelungu ha entrado en una nueva etapa de la mano de la ONG African Parks, que gestiona áreas protegidas en toda África en asociación con los gobiernos. En colaboración con el Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza (ICCN), se han puesto en marcha esfuerzos para recuperar el parque: reforzar la vigilancia y la lucha contra la caza furtiva, apoyar a las comunidades del entorno, restaurar la fauna y desarrollar poco a poco un turismo incipiente que ayude a financiar la conservación.
El objetivo a largo plazo es devolver a Kundelungu parte de su antigua riqueza faunística, quizá mediante la reintroducción de especies, y convertir sus cataratas de Lofoi y sus paisajes de mesetas en un atractivo capaz de generar ingresos y empleo para la región. Es un proceso largo y difícil, en un contexto complicado, pero abre una esperanza para uno de los parques más singulares y menos conocidos del sur del Congo.
Para el viajero, Kundelungu es hoy un destino de expedición: remoto, sin apenas infraestructura, pero de una belleza natural sobresaliente. Las cataratas de Lofoi, precipitándose 340 metros por el borde de la meseta en medio de la sabana solitaria, son una de las grandes maravillas naturales poco vistas de África. Del parque olvidado de las últimas décadas al área protegida en recuperación de hoy, Kundelungu representa el desafío y la promesa de la conservación en el corazón minero del Congo.