Al Wusta, cuyo nombre significa "la del medio", es la región central de Omán: una inmensa extensión de desierto y grava que separa el norte montañoso y poblado del sur de Dhofar. Es, con diferencia, la zona menos habitada del país, un paisaje de llanuras pedregosas y arenas que se funden hacia el interior con el Rub al-Jali, el "Cuarto Vacío", el mayor desierto de arena continua del planeta. Durante milenios, este territorio solo fue transitado por las tribus beduinas que conocían sus escasos pozos y pastos.
Su costa, sobre el mar Arábigo, es una franja larga y solitaria de gran riqueza pesquera, donde el afloramiento de aguas frías atrae abundante vida marina. Puertos como Duqm, antaño una aldea de pescadores, se han convertido en años recientes en el eje de grandes proyectos portuarios e industriales que apuntan a diversificar la economía omaní más allá del petróleo.
En el corazón de Al Wusta, la meseta de Jiddat al-Harasis fue escenario de una de las grandes historias de conservación del mundo. Allí, el oryx de Arabia —un antílope blanco del desierto que se extinguió en estado salvaje por la caza en los años setenta— fue reintroducido con éxito a partir de ejemplares criados en cautiverio. El Santuario del Oryx de Arabia llegó a ser Patrimonio de la Humanidad, aunque más tarde perdió esa condición por la reducción de su área protegida, en un caso muy debatido sobre el equilibrio entre conservación y explotación de recursos.
La región es también el territorio de los Harasis, una tribu beduina que conserva su lengua y su profundo conocimiento del desierto. Junto al oryx sobreviven aquí gacelas, lobos árabes y otras especies adaptadas a uno de los entornos más extremos del planeta, en una zona donde la vida humana y animal siempre dependió de la niebla costera y de los raros pozos.