Dhofar, en el extremo sur de Omán, fue durante milenios el epicentro mundial del incienso. En sus montañas crece el árbol Boswellia sacra, cuya resina —el "oro blanco" de la Antigüedad— alimentó una de las rutas comerciales más famosas de la historia. Desde los puertos dhofaríes de Khor Rori (la antigua Sumhuram) y Al Baleed, el incienso viajaba por mar hacia la India y el golfo, y por tierra en caravanas hacia el Mediterráneo. La Unesco reconoció en el año 2000 este legado inscribiendo la "Tierra del Incienso" en el Patrimonio Mundial.
Esa riqueza dio origen a leyendas: en el interior desértico de Dhofar, el oasis fortificado de Shisr ha sido identificado por algunos investigadores con Ubar, la mítica ciudad perdida "de las mil columnas" que la tradición árabe situaba en las arenas del sur. El comercio del incienso, junto con el turismo, sigue siendo hoy un factor económico de la región, y los zocos de Salalah perfuman el aire con la resina que hizo célebre a esta tierra hace tres mil años.
Salalah, capital de Dhofar y segunda ciudad de Omán, vive un fenómeno único en toda la península arábiga: el khareef, el monzón del suroeste. Entre junio y septiembre, mientras el resto de Arabia se abrasa, las montañas que rodean Salalah interceptan la humedad del Índico y se cubren de una niebla persistente, de cascadas y de un manto verde que transforma el desierto en un paisaje casi tropical. Ese microclima llenó la región de cocoteros, plataneros y campos de forraje, y hoy atrae cada verano a multitudes de visitantes del Golfo que huyen del calor.
La ciudad y su costa conservan además una fuerte identidad histórica y cultural, con lazos que la conectan tanto con Arabia como con África oriental. Cerca de Salalah se encuentra la tumba tradicionalmente atribuida al profeta Job (Nabi Ayyub), lugar de peregrinación, y los restos arqueológicos de Al Baleed, testigos del pasado comercial de la región. Salalah es la puerta de un Omán distinto, más húmedo, más verde y más volcado al océano.
Dhofar ocupa un lugar central en la historia contemporánea de Omán. Fue aquí donde estalló, a mediados de los años sesenta, la insurgencia que dio nombre a la Guerra del Dhofar (1965-1975), un levantamiento primero nacionalista y luego marxista, apoyado por el Yemen del Sur comunista, que buscaba derrocar al régimen del sultán Said bin Taimur. La marginación histórica de la provincia, empobrecida y desatendida, había sido el caldo de cultivo de la rebelión.
La guerra se entrelazó con el cambio de época en todo el país. Tras el golpe de 1970, el nuevo sultán Qaboos —nacido precisamente en Salalah— combinó la ofensiva militar con un plan de desarrollo para Dhofar: escuelas, clínicas, pozos y amnistías que fueron ganando a la población. Hacia 1975 la insurgencia estaba derrotada. Aquella victoria en el sur consolidó el poder de Qaboos y marcó el arranque de la Nahda, el renacimiento que modernizó Omán. Dhofar pasó así de foco de rebelión a símbolo de la reconstrucción nacional.