Pequeña, de coral y apenas unida al continente por un largo puente, la Isla de Mozambique —la Ilha de Moçambique— es el corazón histórico del país y el lugar que le dio su nombre. Antes de la llegada europea era un puerto swahili musulmán gobernado por un jeque o sultán; de aquel nombre árabe, ligado a la tradición de Mussa Bin Bique, deriva la palabra "Moçambique", que primero designó a la isla y después a todo el territorio.
Desde comienzos del siglo XVI, los portugueses la convirtieron en su base principal en el Índico y en la capital del África Oriental Portuguesa, cargo que ostentó hasta 1898, cuando la capital se trasladó a Lourenço Marques (Maputo). En la isla se acumulan las capas de esa larga historia: la fortaleza de São Sebastião, del siglo XVI; la capilla de Nossa Senhora do Baluarte (1522), considerada una de las construcciones europeas más antiguas del hemisferio sur; palacios, iglesias, mezquitas y templos hindúes.
La ciudad se divide entre la "Ciudad de Piedra", de casonas coloniales, y la "Ciudad de Macuti", de casas tradicionales con techo de hoja de palma. Por su valor único como testimonio del encuentro entre África, el mundo árabe-swahili y Europa, la Isla de Mozambique fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991. Es un museo a cielo abierto, detenido en el tiempo.
Tierra adentro, Nampula es la mayor ciudad del norte de Mozambique y su gran centro administrativo y comercial. A diferencia de la milenaria Isla de Mozambique, es una ciudad relativamente joven, surgida en la época colonial como puesto militar y administrativo portugués en el corazón del país makhuwa, el pueblo más numeroso del norte.
Su importancia proviene, sobre todo, de su posición como nudo de transporte. Nampula es una parada clave del corredor ferroviario y vial de Nacala —uno de los grandes puertos de aguas profundas de la región— y funciona como puerta de entrada terrestre hacia la Isla de Mozambique y hacia toda la costa norte.
Bulliciosa y calurosa, con su mercado, su catedral y su museo etnográfico dedicado a la cultura makhuwa, Nampula es la base logística desde la que muchos viajeros parten a descubrir el norte histórico y las playas del Índico.
En el remoto interior del norte, junto a la frontera con Tanzania, se extiende la Reserva Nacional de Niassa, una de las mayores áreas protegidas de África: unos 42.000 kilómetros cuadrados de bosques de miombo, sabanas e inselbergs prácticamente vírgenes, atravesados por el río Rovuma y sus afluentes.
Es una tierra de fauna abundante y difícil acceso: elefantes, búfalos, leones, leopardos y una de las poblaciones más importantes del amenazado perro salvaje africano. También alberga especies propias de la región, y es hogar de comunidades rurales que viven dentro y alrededor de la reserva, en un delicado equilibrio entre conservación y subsistencia.
Su enorme extensión y su aislamiento la protegieron durante mucho tiempo, pero también la exponen a la caza furtiva, sobre todo de marfil, que las autoridades y las organizaciones conservacionistas combaten con esfuerzo. Niassa es la Mozambique más salvaje y remota, un safari de pura aventura lejos de las rutas turísticas.