Beira es la segunda ciudad de Mozambique y el principal puerto del centro del país. Nació a fines del siglo XIX, cerca de la desembocadura de los ríos, en tierras que la corona portuguesa había cedido a la Companhia de Moçambique, una compañía concesionaria financiada por capital británico que administraba la región casi como un pequeño Estado. La ciudad tomó su nombre de la Beira portuguesa.
Su razón de ser fue el ferrocarril. Beira se convirtió en la salida al mar de la actual Zimbabue y de buena parte del interior del sur de África: el llamado "corredor de Beira" —vía férrea, carretera y oleoducto— unió el puerto con Rodesia primero y con Zimbabue después, y dio a la ciudad una importancia estratégica que conserva hasta hoy.
Esa condición de ciudad baja y costera la vuelve también vulnerable. En 2019, el ciclón Idai golpeó Beira con una fuerza devastadora, inundó gran parte de la urbe y causó una enorme destrucción en todo el centro del país, un recordatorio brutal de la exposición de Mozambique a un clima cada vez más extremo. Reconstruida una y otra vez, Beira sigue siendo el gran nudo logístico del centro y la puerta de entrada hacia Gorongosa y las tierras altas.
En el extremo sur del Gran Valle del Rift africano, el Parque Nacional de Gorongosa fue alguna vez uno de los santuarios de fauna más espectaculares del continente. Establecido como parque nacional en 1960, en la época colonial, reunía enormes manadas de elefantes, búfalos, leones, cebras y antílopes en un mosaico de sabanas, bosques y humedales al pie del monte Gorongosa.
La guerra civil lo destruyó casi por completo. Gorongosa quedó en el corazón de la zona de combate y se convirtió en escenario de enfrentamientos; entre la caza para alimentar a las tropas y el furtivismo, la mayoría de sus grandes animales fue exterminada. Al terminar la guerra, el parque era una sombra de lo que había sido.
Su renacimiento es una de las grandes historias de conservación de África. A partir de comienzos del siglo XXI, un ambicioso proyecto de restauración —en alianza entre el Estado mozambiqueño y una fundación privada— reintrodujo especies, reconstruyó la fauna y ligó la conservación al desarrollo de las comunidades vecinas, con salud, educación y empleo. Hoy Gorongosa vuelve a llenarse de vida y es citado como modelo mundial de cómo un ecosistema arrasado puede volver a florecer.
En el interior del centro del país, sobre la frontera con Zimbabue, se alzan las montañas de Chimanimani, la cara más verde y montañosa de Mozambique. Es una región de bosques, cascadas, ríos cristalinos y afloramientos de cuarcita, muy distinta de la imagen playera del país.
Allí se encuentra el punto más alto de Mozambique: el monte Binga, que supera los 2.400 metros y marca el límite con Zimbabue. La zona, protegida como reserva nacional, alberga una notable biodiversidad, con especies vegetales endémicas y una fauna adaptada a la altura, y forma parte de un área de conservación transfronteriza compartida con el país vecino.
Chimanimani es el destino de trekking y naturaleza de montaña de Mozambique, un contraste refrescante con la costa. Sus senderos, sus pozas y sus panorámicas la convierten en un rincón para los viajeros que buscan la cara más agreste y menos conocida del país.