El oeste de Mongolia, y en especial la provincia de Bayan-Ölgii, es una región culturalmente distinta al resto del país. Creada como aimag en 1940, con capital en la ciudad de Ölgii, está poblada en su gran mayoría por kazajos, un pueblo túrcico y musulmán llegado desde Asia central, que conserva su lengua, su religión, su música y sus costumbres. Aquí se escucha el kazajo más que el mongol, se ven mezquitas y se practican tradiciones ausentes en otras regiones, lo que convierte al viaje al oeste en una experiencia doblemente exótica.
Esta identidad propia hace de Bayan-Ölgii una de las zonas más fascinantes para el viajero interesado en la cultura. La provincia mantiene un fuerte carácter nómada y ganadero, con familias que trashuman con sus rebaños entre los valles y las montañas del Altái, y una artesanía textil kazaja de coloridos bordados y tapices que es célebre en todo el país.
La tradición más famosa del oeste mongol es la caza con águila real, una práctica milenaria de los kazajos de las montañas del Altái. Los berkutchi o cazadores con águila capturan y adiestran a estas enormes rapaces para cazar zorros, liebres y hasta lobos durante el invierno, en una relación de profundo respeto y compañía entre el hombre, el caballo y el ave, que tras varios años suele devolverse a la naturaleza. Es una de las formas de cetrería más espectaculares del mundo, transmitida de generación en generación.
Esa tradición se celebra cada otoño en el Festival del Águila Dorada, que reúne en Bayan-Ölgii a decenas de cazadores vestidos con sus mejores galas y sus águilas, en competencias de destreza, carreras a caballo y juegos ecuestres. El festival se convirtió en uno de los grandes atractivos turísticos del país y ayudó a revalorizar y mantener viva una práctica que se estima concentra en esta región a una gran parte de los cazadores con águila que quedan en el planeta.
En el extremo occidental de Mongolia, en la triple frontera con Rusia y China, se elevan las montañas del Altái, la cordillera más alta del país. Allí se encuentra el parque nacional Altái Tavan Bogd ("los cinco santos"), que protege el macizo del mismo nombre, coronado por el monte Khüiten, el punto más alto de Mongolia con unos 4.374 metros, cubierto de nieves perpetuas y grandes glaciares como el Potanin.
El parque es un destino de montaña de primer nivel, con trekkings exigentes, lagos alpinos de color turquesa como el Khoton y el Khurgan, y una fauna que incluye al raro leopardo de las nieves, el argali y el íbice. La zona guarda además un valiosísimo patrimonio arqueológico: miles de petroglifos grabados en la roca a lo largo de milenios —los complejos del Altái mongol están inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco—, además de kurganes y estelas de piedra de los antiguos pueblos de la estepa.