El desierto del Gobi, que se extiende por el sur de Mongolia y el norte de China, es uno de los grandes desiertos del planeta, pero desafía la imagen clásica de un mar de arena: la mayor parte es una vasta estepa árida de grava, con macizos montañosos, cañones, praderas ralas y solo algunos cordones de dunas. Es un desierto frío, de temperaturas extremas, que en invierno puede caer muy por debajo de cero. Ese entorno duro es hogar de una fauna adaptada y singular: el camello bactriano salvaje, el asno salvaje asiático (khulan), la gacela, el íbice y hasta el escurridizo oso del Gobi (mazaalai), uno de los animales más amenazados del mundo.
El Gobi mongol está protegido en buena parte por el parque nacional Gobi-Gurvansaikhan ("las tres bellezas del Gobi"), uno de los mayores del país. Para el viajero, es la región estrella del sur: se recorre durante días en vehículos 4x4, durmiendo en campamentos de gers y compartiendo la vida de las familias de pastores y camelleros que habitan este paisaje inmenso y casi vacío.
La principal base logística para explorar el Gobi es Dalanzadgad, capital de la provincia (aimag) de Ömnögovi, la más meridional de Mongolia. Es una de las pocas ciudades del sur con aeropuerto propio y conexión aérea regular con Ulán Bator, lo que la convierte en la puerta de entrada habitual para quienes no quieren afrontar los largos y polvorientos trayectos por tierra desde la capital.
Desde Dalanzadgad parten los circuitos hacia las grandes atracciones del Gobi: los cañones de Yolyn Am, las dunas de Khongoryn Els y los acantilados de Bayanzag. La provincia de Ömnögovi vive hoy un fuerte impulso económico gracias a la minería, ya que en su territorio se encuentran los gigantescos yacimientos de cobre y oro de Oyu Tolgoi y las minas de carbón de Tavan Tolgoi, motores de la economía mongola del siglo XXI.
En pleno desierto, entre las montañas del Gobi-Gurvansaikhan, se abre Yolyn Am, una garganta estrecha y profunda cuyo nombre significa "la boca del quebrantahuesos" o "valle de los buitres", en referencia a las grandes aves que anidan en sus paredes. Su gran rareza es climática: pese al calor abrasador del verano en el desierto circundante, el fondo sombrío del cañón conserva un río helado, una gruesa capa de hielo que en algunos años resiste buena parte de la estación cálida.
Recorrer a pie el estrecho desfiladero, entre acantilados que se cierran sobre el visitante y con el hielo crujiendo bajo los pies mientras el sol castiga afuera, es una de las experiencias más memorables del Gobi. La zona forma parte del parque nacional Gobi-Gurvansaikhan y es hábitat del íbice, el argali y numerosas rapaces.
Cuando el Gobi sí muestra sus dunas, lo hace a lo grande. Khongoryn Els, también llamadas Duut Mankhan o "dunas que cantan", forman un mar de arena de más de cien kilómetros de largo cuyas crestas más altas superan los 200 y hasta 300 metros de altura. Reciben su apodo del sonido profundo, casi un rugido, que producen los granos de arena al deslizarse en masa por las laderas empujados por el viento.
El ritual clásico consiste en subir con esfuerzo hasta la cresta al atardecer, cuando la arena se tiñe de dorado y rojizo, para contemplar el contraste entre el desierto, las montañas del Altái del Gobi al fondo y los oasis verdes a los pies de las dunas. Todo el paisaje se recorre a menudo a lomo de camello bactriano, el camello de dos jorobas típico de Asia central, criado por las familias nómadas de la zona.
Uno de los lugares más famosos del Gobi es Bayanzag, conocido en inglés como los Flaming Cliffs, los "acantilados en llamas": unas paredes de arenisca roja que, bajo la luz del atardecer, parecen arder con tonos anaranjados y escarlata sobre la estepa. Pero su celebridad no es solo estética. En 1922 y 1923, la expedición estadounidense dirigida por el paleontólogo Roy Chapman Andrews, del Museo Americano de Historia Natural, realizó allí un hallazgo revolucionario: los primeros nidos con huevos de dinosaurio fosilizados reconocidos por la ciencia.
Desde entonces, el Gobi mongol se convirtió en uno de los yacimientos paleontológicos más ricos del mundo, con hallazgos espectaculares de dinosaurios como el Velociraptor, el Protoceratops y el Oviraptor, muchos de ellos excepcionalmente bien conservados. Bayanzag y los desiertos vecinos siguen siendo un destino de peregrinación para amantes de la paleontología y un símbolo del pasado remoto que guarda la arena del Gobi.