San Miguel de Allende es, para muchos, la ciudad colonial más hermosa de México: un laberinto de calles empedradas que trepan por la ladera, casonas de cantera rosa con balcones de hierro forjado, patios floridos, cúpulas de iglesias y, dominándolo todo, la silueta de fantasía neogótica de la Parroquia de San Miguel Arcángel. Enclavada en el Bajío guanajuatense, a casi 1.900 metros de altitud, esta 'ciudad protectora' fue cuna de la Independencia mexicana y hoy es un imán para artistas, viajeros y amantes de la buena vida, premiada una y otra vez como uno de los mejores destinos del mundo.
Su magia está en el detalle y en el ritmo: se camina sin apuro, descubriendo galerías de arte en cada esquina, talleres de artesanos, terrazas con vista, tiendas de diseño y una escena gastronómica sorprendente para una ciudad de su tamaño. El corazón de todo es El Jardín, la plaza principal a la sombra de los laureles, donde locales y visitantes se sientan a ver pasar la vida, escuchan mariachis, ven bailar a las mojigangas (gigantes de papel maché) y contemplan la Parroquia que cambia de color con la luz del día.
Más allá del centro histórico, San Miguel es base para un Bajío lleno de tesoros: el Santuario de Atotonilco, la 'Capilla Sixtina mexicana', a pocos kilómetros; las aguas termales escondidas en el campo; los viñedos de Querétaro que producen espumosos por el método tradicional; y Dolores Hidalgo, la cuna del Grito de Independencia. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008, San Miguel de Allende combina historia, arte y placer como pocos lugares de México.
San Miguel de Allende fue fundada en 1542 por el fraile franciscano Juan de San Miguel, con el nombre de San Miguel el Grande, como una misión y un punto estratégico en el Camino Real de Tierra Adentro, la gran ruta de la plata que unía las minas de Zacatecas y Guanajuato con la Ciudad de México. Por su ubicación, la villa prosperó como centro ganadero, artesanal y comercial durante la época virreinal, llenándose de templos, conventos y casonas señoriales de cantera que aún definen su fisonomía. Su gran momento histórico llegó a comienzos del siglo XIX: aquí nació en 1769 Ignacio Allende, militar criollo que se convirtió en uno de los principales conspiradores y caudillos del movimiento de Independencia. Cuando estalló la insurrección en 1810, tras el Grito de Dolores del cura Miguel Hidalgo, San Miguel fue una de las primeras poblaciones tomadas por los insurgentes; por eso se la conoce como 'cuna' o 'forja' de la Independencia mexicana. En honor a su hijo más ilustre, en 1826 la villa fue elevada a ciudad y rebautizada San Miguel de Allende. Tras el auge colonial vino un largo declive en el siglo XIX y comienzos del XX, que paradójicamente preservó intacto su patrimonio. A mediados del siglo XX, la llegada de artistas e intelectuales —mexicanos y extranjeros, atraídos por escuelas de arte como el Instituto Allende— resucitó a la ciudad y la convirtió en una célebre colonia de artistas. Ese renacimiento culminó en 2008, cuando la UNESCO declaró a la villa protectora de San Miguel y al Santuario de Atotonilco Patrimonio de la Humanidad. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa →El corazón colonial y minero del Bajío: cuna de la Independencia con el Grito de Dolores y la Alhóndiga de Granaditas, ciudad de callejones, túneles y momias, sede del Festival Cervantino y hogar de San Miguel de Allende.
Leer la historia de Guanajuato →Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.