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Historia de El Este: selva y ballenas

La costa este, tierra betsimisaraka y de las selvas húmedas

La fachada oriental de Madagascar, castigada por los alisios y los ciclones, es la más lluviosa y verde de la isla. Aquí se extendía la confederación betsimisaraka, "los muchos inseparables", que el mestizo Ratsimilaho unificó a comienzos del siglo XVIII sobre más de 300 kilómetros de litoral, y que prosperó con el comercio antes de disgregarse. Los betsimisaraka siguen siendo hoy uno de los pueblos más numerosos del país, dedicados a la pesca, el arroz y los cultivos de exportación como el clavo y la vainilla.

Esta franja húmeda alberga las últimas grandes selvas tropicales de tierras bajas de Madagascar, un tesoro de biodiversidad. Varios de sus bloques forestales integran las Selvas Húmedas de Atsinanana, inscritas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 2007 por su papel irremplazable en la evolución de la fauna y flora de la isla. Pero también figuran en la lista de patrimonio en peligro, amenazadas por la tala ilegal de maderas preciosas y la deforestación.

El gran eje de la región es el puerto de Toamasina (Tamatave), el más importante del país, y el canal de Pangalanes, una vía navegable de lagunas y ríos paralela a la costa que en época colonial se acondicionó para el transporte. Es una Madagascar húmeda y tropical, distinta del altiplano, donde la selva llega casi hasta el mar.

https://www.britannica.com/place/Betsimisaraka-confederationhttps://whc.unesco.org/en/list/1257/https://en.wikipedia.org/wiki/Betsimisaraka_people

Andasibe y el canto del indri

A pocas horas de Antananarivo por la carretera del este, la región de Andasibe-Mantadia protege una de las selvas húmedas más accesibles y célebres de Madagascar. Su gran estrella es el indri, el lémur viviente más grande del mundo, un animal de pelaje blanco y negro, sin apenas cola, que los malgaches llaman babakoto y rodean de respeto y leyendas: según muchas tradiciones locales, mata al indri está prohibido por un fady, pues se lo considera pariente de los humanos.

Lo más asombroso del indri es su voz. Cada mañana, las familias marcan su territorio con un canto potente y melancólico que resuena a kilómetros por la selva, uno de los sonidos más extraordinarios del reino animal. Escuchar y ver a los indri saltar entre los árboles es la experiencia que atrae a viajeros de todo el mundo a la Reserva Especial de Analamazaotra y al vecino Parque Nacional de Mantadia.

Además del indri, estos bosques albergan otras especies de lémures, camaleones —incluido el minúsculo Brookesia—, ranas de colores, orquídeas y una densa vida nocturna que se descubre en caminatas con linterna. Su cercanía a la capital ha hecho de Andasibe la introducción perfecta a la naturaleza malgache y un modelo de ecoturismo comunitario que sostiene a las aldeas de los alrededores.

https://en.wikipedia.org/wiki/Analamazaotra_Reservehttps://en.wikipedia.org/wiki/Indrihttps://en.wikipedia.org/wiki/Andasibe-Mantadia_National_Par

Île Sainte-Marie, de guarida pirata a santuario de ballenas

Frente a la costa nororiental, la estrecha y alargada isla de Sainte-Marie —Nosy Boraha en malgache— guarda una de las historias más novelescas de Madagascar. Entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII fue uno de los principales refugios de los piratas del océano Índico, que desde sus calas atacaban los barcos de la ruta de las Indias; en su apogeo se dice que más de mil piratas la frecuentaban. En una bahía de la isla sobrevive un cementerio pirata con tumbas marcadas por calaveras, y en sus aguas yacen los restos de varios barcos.

Fue aquí, además, donde la historia colonial dio uno de sus primeros pasos: en 1750, la princesa Bety, hija del rey betsimisaraka Ratsimilaho y de una princesa sakalava, cedió la isla a Francia, que la convirtió en un temprano enclave. Ese pequeño gesto anticipó en más de un siglo la colonización de toda la isla grande.

Hoy Sainte-Marie es un paraíso tropical de playas orladas de palmeras, aldeas de pescadores y una vida tranquila. Pero su gran cita es natural: cada año, entre julio y septiembre, cientos de ballenas jorobadas llegan a sus aguas cálidas desde la Antártida para aparearse y parir, y la isla se convierte en uno de los mejores lugares del planeta para verlas saltar. De nido de piratas a santuario de ballenas, resume el vaivén de la costa este.

https://en.wikipedia.org/wiki/Nosy_Borahahttps://en.wikipedia.org/wiki/Ratsimilahohttps://www.madagascartravel.com/the-malagasy-island-of-sain

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AndasibeIle Sainte Marie

📚 Bibliografía

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