Mucho antes de que existiera Robertsport, la región del Cabo Mount, en el noroeste de la actual Liberia, era el corazón del pueblo vai. Los vai son conocidos en toda África por un logro extraordinario: la invención, a comienzos del siglo XIX, de un sistema de escritura propio —un silabario—, uno de los poquísimos casos en el mundo de una escritura creada de forma independiente por una comunidad africana. Ese hecho da idea de la riqueza cultural de la zona en la que se asienta Robertsport.
El Cabo Mount, con su lago (el actual Lago Piso), sus ríos y su acceso al mar, fue durante siglos un área de comercio y de intercambio en la costa de África occidental. Por desgracia, como buena parte de esta costa, también estuvo tocada por el comercio atlántico de esclavos antes de su abolición. Familias y linajes vai, como los Massaquoi, tuvieron un papel destacado en la vida política y comercial de la región.
La combinación de mar, laguna y colinas selváticas que hoy hace tan bella a Robertsport fue, durante generaciones, el escenario de la vida vai: la pesca en el Lago Piso y en el Atlántico, el cultivo y el comercio. Esa base indígena, con su lengua y sus tradiciones, sigue siendo la identidad profunda de Grand Cape Mount, más allá de la capa colonial que se superpuso después.
Robertsport como ciudad nació en el siglo XIX, en el marco de la expansión de los colonos americano-liberianos por la costa. Fundada hacia mediados de siglo, recibió su nombre en honor a Joseph Jenkins Roberts, el comerciante negro nacido en Virginia que fue el primer presidente de la República de Liberia (a partir de 1848). El puerto se convirtió en la capital administrativa del condado de Grand Cape Mount.
Como en otros enclaves de la costa, la sociedad de Robertsport combinó a la élite colona —con sus iglesias episcopales, baptistas y metodistas, sus misiones y sus escuelas— con la mayoría indígena vai de la región. Se levantaron iglesias, edificios administrativos e instituciones educativas, algunas de las cuales dejaron una huella arquitectónica que todavía se adivina, muy deteriorada, entre la vegetación del pueblo.
Durante buena parte del siglo XX, Robertsport fue una localidad costera relativamente próspera y ordenada, apoyada en la pesca, el comercio y su condición de capital de condado. Su ubicación entre el Atlántico y el Lago Piso, y su clima y paisaje, la convirtieron en un lugar apacible y atractivo dentro del mapa liberiano, aunque siempre algo apartado por su posición en el extremo noroeste del país.
La tranquilidad de Robertsport se hizo pedazos con las guerras civiles liberianas (1989-2003). Por su ubicación en el noroeste, cerca de la frontera con Sierra Leona —país que también se sumió en una atroz guerra civil en los años noventa—, la región del Cabo Mount quedó en una zona especialmente golpeada por los combates, los movimientos de milicias y los flujos de refugiados que cruzaban de un lado a otro de la frontera.
Robertsport fue ocupada, disputada y dañada durante el conflicto. Buena parte de su población huyó, muchos edificios e instituciones quedaron destruidos o abandonados, y la economía local se desplomó. Las ruinas que hoy el visitante ve semiocultas entre la vegetación son, en muchos casos, testimonio de aquella época de destrucción, sumadas al deterioro de las viejas construcciones coloniales.
Cuando la paz llegó por fin en 2003, Robertsport era un pueblo empobrecido y marcado por la guerra, con su antiguo esplendor reducido a recuerdos y escombros. Como tantas comunidades liberianas, tuvo que empezar de nuevo casi desde cero, apoyándose en lo de siempre —la pesca en el mar y en el Lago Piso— y buscando nuevas oportunidades para levantarse.
El renacimiento de Robertsport llegó de la mano de un recurso que siempre había estado ahí, ante los ojos de todos, pero al que nadie había prestado atención: sus olas. Ya en la posguerra, surfistas viajeros —extranjeros y liberianos de la diáspora— empezaron a descubrir que los 'point breaks' de Robertsport, con sus izquierdas larguísimas y consistentes, estaban entre los mejores de África occidental. Documentales y reportajes de surf de finales de los años 2000 pusieron el nombre de Robertsport en el mapa surfero mundial.
Lo más notable es cómo el surf se enraizó en la comunidad. Jóvenes del pueblo aprendieron a surfear con las tablas que dejaban los visitantes y crearon un club de surf local; hoy trabajan como instructores, guías y anfitriones, y el surf se ha convertido en una fuente de ingresos, orgullo y desarrollo para Robertsport. Surgieron retiros de surf, guesthouses y campings, y la localidad empezó a atraer a un turismo de aventura que valora justamente su carácter salvaje y poco desarrollado.
Hoy Robertsport es, sin discusión, la capital surfera de Liberia y uno de los destinos de olas más singulares de África. Pero sigue siendo, ante todo, un tranquilo pueblo de pescadores vai entre el mar, el lago y la selva, con su historia de fundación americano-liberiana, sus ruinas y su calidez. Esa mezcla de olas de clase mundial, naturaleza intacta —el Lago Piso, sitio Ramsar, a un paso— y autenticidad hace de Robertsport un lugar difícil de olvidar.