La historia de Monrovia empieza, curiosamente, no en África sino en los Estados Unidos de comienzos del siglo XIX. En 1816 se fundó en Washington la American Colonization Society (Sociedad Americana de Colonización), una organización que reunía a filántropos, religiosos y también a esclavistas con motivos muy diversos —desde el idealismo abolicionista hasta el deseo de sacar del país a los negros libres, vistos como una amenaza para el orden esclavista—. Su propósito común era enviar a afroamericanos libres a establecer una colonia en la costa occidental de África.
Para miles de personas negras libres y libertas de Estados Unidos, atrapadas entre la esclavitud legal y una libertad de segunda categoría marcada por la segregación, la idea de cruzar el Atlántico y fundar una sociedad propia, donde fueran ciudadanos plenos, resultó poderosa. En 1820 partió el primer barco, el 'Elizabeth', y tras varios intentos fallidos y muertes por enfermedad en la isla de Sherbro (en la actual Sierra Leona), la Sociedad buscó un sitio más firme más al sureste.
En 1821, un oficial naval estadounidense, Robert Stockton, obtuvo —bajo presión, pistola en mano según varias crónicas— la cesión del cabo Mesurado por parte del rey local Peter y otros jefes. Al año siguiente, en abril de 1822, los colonos se instalaron en una pequeña isla en la desembocadura del río Mesurado a la que llamaron Providence Island, la isla de la Providencia. Ese desembarco es el acto fundacional de Monrovia y de Liberia.
Los primeros años fueron durísimos. Los colonos, llegados de un país templado, enfrentaron un clima tropical implacable, la malaria y la fiebre amarilla —que mataron a una proporción altísima de los recién llegados—, la escasez de alimentos y la resistencia armada de los pueblos locales, que no veían con buenos ojos la instalación de extraños en sus tierras. En 1822, bajo el liderazgo del agente Jehudi Ashmun, los colonos resistieron los ataques y consolidaron el asentamiento en tierra firme, en la península de Cabo Mesurado.
En 1824, la Sociedad bautizó oficialmente al asentamiento como Monrovia, en honor a James Monroe, el presidente de Estados Unidos que había apoyado el proyecto colonizador con fondos públicos, y a la colonia entera la llamó Liberia, del latín 'liber', libre: la tierra de los libres. Es una de las dos únicas capitales del mundo que llevan el nombre de un presidente estadounidense. Las calles se trazaron con nombres como Broad Street y Ashmun Street, y la arquitectura imitó las casas de galerías del sur de Estados Unidos.
Monrovia creció como capital de una sociedad peculiar: la de los 'americano-liberianos', descendientes de los colonos, que reprodujeron en África muchas de las formas culturales, religiosas (metodistas, baptistas, episcopales) y sociales que habían conocido en Norteamérica. Vestían al estilo victoriano, construían iglesias y logias masónicas, y se veían a sí mismos como portadores de la 'civilización'. Frente a ellos, la enorme mayoría indígena del interior quedó, desde el principio, en una posición subordinada.
El 26 de julio de 1847, los colonos de Liberia proclamaron su independencia y adoptaron una constitución inspirada en la de Estados Unidos, con Monrovia como capital. Nacía así la República de Liberia, la primera república independiente del continente africano y una de las dos únicas naciones africanas (junto con Etiopía) que no fueron colonizadas por las potencias europeas en el reparto del siglo XIX. Joseph Jenkins Roberts, un próspero comerciante negro libre nacido en Virginia, fue su primer presidente.
Durante más de un siglo, Monrovia fue el centro de un Estado gobernado casi en exclusiva por la élite americano-liberiana a través del True Whig Party (Partido Whig Verdadero), que monopolizó el poder desde 1878 hasta 1980. Los americano-liberianos, que nunca pasaron del 5% de la población, controlaban la política, la economía y la administración, mientras la mayoría indígena quedaba excluida de la ciudadanía plena. Fue, en los hechos, una colonia de colonos negros sobre otros africanos, con su propia versión de un sistema de castas.
La ciudad vivió un notable auge a mediados del siglo XX, sobre todo bajo la presidencia de William Tubman (1944-1971), con la política de 'puertas abiertas' a la inversión extranjera —el caucho de Firestone, el hierro de las montañas— y de 'unificación' con el interior. En esos años se construyeron el puerto libre de Monrovia, el aeropuerto Roberts y hoteles emblemáticos como el Ducor (1960), y Monrovia llegó a ser una de las capitales más prósperas y cosmopolitas de África occidental.
La dominación americano-liberiana terminó de golpe, literalmente, en la madrugada del 12 de abril de 1980, cuando un grupo de suboficiales del ejército encabezados por el sargento Samuel Doe —de la etnia krahn, del interior— asaltó la Mansión Ejecutiva, asesinó al presidente William Tolbert y tomó el poder. Días después, trece altos funcionarios del gobierno derrocado fueron fusilados públicamente en una playa de Monrovia, ante las cámaras. Era el fin de 133 años de hegemonía de la élite fundadora y el comienzo de una etapa de violencia.
El régimen autoritario y crecientemente sectario de Doe desembocó en la catástrofe. En diciembre de 1989, Charles Taylor lanzó desde la frontera con Costa de Marfil una rebelión que encendió la Primera Guerra Civil Liberiana (1989-1997), un conflicto atroz con múltiples facciones, uso masivo de niños soldado y matanzas étnicas. Monrovia fue sitiada y devastada; Doe fue capturado y ejecutado en 1990. Tras un frágil interludio, estalló la Segunda Guerra Civil (1999-2003), que volvió a poner la capital bajo fuego, con los tristemente célebres asedios de 2003.
Las guerras dejaron a Monrovia en ruinas y a Liberia con unos 250.000 muertos y cientos de miles de desplazados. Edificios emblemáticos como el Ducor Hotel, la Mansión Ejecutiva y buena parte de la infraestructura quedaron destruidos o saqueados; el Museo Nacional perdió gran parte de su colección. La ciudad se llenó de desplazados que se hacinaron en cualquier estructura en pie. En 2003, la presión internacional y los rebeldes forzaron el exilio de Charles Taylor y la llegada de una misión de paz de la ONU, la UNMIL, que abrió el camino a la reconstrucción.
La paz de 2003 abrió una etapa de reconstrucción larga y difícil. En 2005, Liberia eligió a Ellen Johnson Sirleaf, primera mujer en presidir un país africano y Premio Nobel de la Paz en 2011, que gobernó desde Monrovia hasta 2018 e impulsó la recuperación de la economía, las instituciones y la infraestructura básica. La ciudad empezó a recomponerse lentamente: se restablecieron servicios, se repararon calles y volvió una vida urbana normal, aunque los problemas de pobreza, desempleo y precariedad siguieron siendo enormes.
En 2014, cuando Monrovia todavía se levantaba de la guerra, llegó un nuevo golpe: la epidemia de ébola que asoló África occidental golpeó con especial dureza a Liberia. La capital vivió meses de terror, con barrios enteros en cuarentena —como el aislamiento del suburbio de West Point—, hospitales colapsados y miles de muertos en todo el país antes de que la epidemia fuera controlada en 2016. La respuesta comunitaria y la solidaridad internacional lograron finalmente vencer al virus, en una de las páginas más duras de la historia reciente de la ciudad.
Hoy Monrovia es una capital en paz que sigue reconstruyéndose. En 2018, el exfutbolista George Weah —el único africano ganador del Balón de Oro— asumió la presidencia, y en 2024 le sucedió Joseph Boakai en una transición democrática. La ciudad conserva sus cicatrices, pero también una energía vital contagiosa: su escena musical del 'hipco', sus mercados desbordados, sus playas atlánticas y el orgullo de ser la cuna de la primera república de África. Providence Island, donde todo empezó en 1822, aspira hoy a ser Patrimonio de la Humanidad, símbolo de una historia única en el continente.