El Parque Nacional Sapo, en el condado de Sinoe, es la mayor área protegida de Liberia y uno de los tesoros naturales de África occidental. Creado en 1983 y ampliado en 2003, protege uno de los últimos grandes bloques de selva primaria del ecosistema de los Bosques del Alto Guineo, un punto caliente de biodiversidad que en su día cubría toda la región y que hoy sobrevive en fragmentos.
Sapo es un santuario de fauna rara y amenazada. En su espesura viven el elefante de bosque, el escurridizo hipopótamo pigmeo —una especie propia de esta región y muy difícil de ver—, chimpancés, cerdos de río, duikers y una asombrosa variedad de aves. La selva es tan densa que gran parte del parque solo puede recorrerse a pie, con guías locales, en expediciones de varios días que son de las experiencias de naturaleza más intensas del continente.
El parque no ha estado exento de amenazas: durante y después de las guerras civiles sufrió la invasión de mineros ilegales de oro y de cazadores furtivos, y su protección sigue siendo un desafío. Aun así, Sapo representa la esperanza de la conservación en Liberia y el corazón de su naturaleza más salvaje: la Liberia anterior a cualquier colono, la de la gran selva húmeda.
Buchanan, en el condado de Grand Bassa, es la segunda ciudad portuaria de Liberia y una de las más antiguas del país. Fue fundada por colonos americo-liberianos y lleva el nombre de Thomas Buchanan, gobernador de la colonia en su etapa previa a la independencia y primo de un futuro presidente de Estados Unidos. Se levanta en una zona habitada tradicionalmente por el pueblo bassa, uno de los grupos kru del litoral.
Durante el siglo XX, Buchanan cobró importancia como puerto de exportación: por sus muelles salieron el mineral de hierro de las montañas de Nimba —transportado por un ferrocarril que cruzaba el país— y el caucho de las plantaciones del interior. Esa vocación industrial y portuaria marcó su fisonomía, entre almacenes, grúas y largas playas atlánticas.
Hoy Buchanan es una ciudad de ritmo pausado, con extensas playas de arena, una comunidad pesquera activa y el aire tranquilo de las ciudades costeras liberianas. Es una parada natural en el camino hacia el sureste profundo del país, entre la capital y la remota región de Sinoe y Maryland.
En el condado de Sinoe, sobre la costa del sureste, la tranquila ciudad de Greenville es la principal puerta de acceso al Parque Nacional Sapo. Como tantas ciudades liberianas, nació como asentamiento de colonos afroamericanos en el siglo XIX —fue fundada por emigrados vinculados a la sociedad de colonización de Misisipi— y conserva ese doble origen, entre la herencia americo-liberiana y los pueblos kru originarios de la región.
Greenville se despliega entre playas atlánticas, aldeas de pescadores y la desembocadura de ríos que bajan de la gran selva. Durante las guerras civiles, toda esta región del sureste quedó muy aislada y castigada, y aún hoy las comunicaciones por tierra son difíciles: en la estación de lluvias, muchas rutas se vuelven casi intransitables, lo que ha preservado el carácter remoto y poco visitado de la zona.
Esa lejanía es también su encanto y su valor. Desde Greenville se organizan las expediciones al Parque Nacional Sapo, y en sus alrededores la vida sigue el ritmo de la pesca, el cultivo del arroz y la selva cercana. Es uno de los rincones más apartados y auténticos de un país que ya de por sí está fuera de casi todas las rutas turísticas.