La región montañosa de Galilea, en el norte, es más verde y lluviosa que el resto del país, y guarda un peso religioso enorme: es el paisaje de la vida de Jesús. En Nazaret transcurrió su infancia, y allí se levanta la Basílica de la Anunciación, sobre el lugar donde, según la tradición cristiana, el ángel Gabriel anunció a María el nacimiento de Jesús. A orillas del Mar de Galilea —el lago de agua dulce donde el Jordán se ensancha— se sitúan buena parte de sus predicaciones y milagros: Cafarnaúm, el monte de las Bienaventuranzas, Tabgha.
Por eso Galilea es, junto con Jerusalén y Belén, uno de los grandes destinos de la peregrinación cristiana, con iglesias que jalonan los lugares evangélicos alrededor del lago. Nazaret es hoy la mayor ciudad de población árabe de Israel, con mayoría musulmana y una importante minoría cristiana, un dato que recuerda la complejidad demográfica de esta tierra: el paisaje del cristianismo primitivo está habitado por una sociedad diversa y muy actual.
Galilea tiene también un lugar central en la historia judía. Tras la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d. C. y el aplastamiento de la revuelta de Bar Kojba en el 135, el centro de la vida judía se desplazó al norte, a Galilea. Aquí se estableció el Sanedrín, el máximo órgano religioso, y en ciudades como Séforis y Tiberíades trabajaron los sabios que compilaron la Mishná y el Talmud de Jerusalén, textos fundacionales del judaísmo rabínico. Las sinagogas antiguas de la región, con sus mosaicos, atestiguan esa presencia continuada.
Siglos más tarde, en el XVI, la ciudad de Safed (Tzfat), en las montañas de Galilea, se convirtió en el gran centro mundial de la cábala, la mística judía, con figuras como Isaac Luria. Esa continuidad —de la Antigüedad tardía al misticismo renacentista— hace de Galilea una de las cunas históricas del judaísmo religioso, un dato menos conocido que su fama cristiana pero igual de decisivo.
En la costa norte, Acre (Akko) es una de las ciudades más fascinantes de la región. Puerto desde la Antigüedad, alcanzó su apogeo durante las Cruzadas: tras la caída de Jerusalén en 1187, se convirtió en la capital del reino cruzado de Jerusalén y en su principal puerto, base de las órdenes militares de los Hospitalarios, Templarios y Teutónicos. Cuando Acre cayó en manos de los mamelucos en 1291, terminó la presencia cruzada en Tierra Santa.
Lo notable de Acre es que la ciudad otomana posterior se construyó encima de la cruzada, conservándola casi intacta bajo tierra: hoy se pueden recorrer las salas de los caballeros, los refectorios y los túneles medievales por debajo de la ciudad amurallada otomana. Por esa doble ciudad, la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad en 2001. Acre resistió además, en 1799, el asedio de Napoleón, que fracasó ante sus murallas. Es hoy una ciudad de población mixta, con un casco antiguo de mayoría árabe.
Haifa, la gran ciudad del norte, se despliega en las laderas del monte Carmelo con vistas al Mediterráneo. Puerto de importancia desde época otomana y sobre todo bajo el Mandato británico —que construyó su moderno puerto y la conectó por ferrocarril—, es hoy el principal centro industrial y portuario del norte de Israel, además de sede de una potente universidad técnica, el Technion.
Haifa tiene fama de ser una de las ciudades donde mejor conviven las distintas comunidades del país: judíos y árabes comparten barrios y vida cotidiana con menos tensiones que en otros lugares. Su rasgo más famoso son los Jardines Bahá'í, unas espectaculares terrazas ajardinadas que descienden por la ladera y que rodean el Santuario del Báb, uno de los lugares más sagrados de la fe bahá'í, cuyo centro administrativo y espiritual mundial está en Haifa y Acre. Por esos jardines y santuarios, la Unesco los inscribió como Patrimonio de la Humanidad en 2008.
El norte es una región fronteriza y estratégica. Limita con el Líbano y con Siria, y a poca distancia están los Altos del Golán, la meseta que Israel ocupó a Siria en la guerra de 1967 y anexó en 1981, en una decisión no reconocida internacionalmente. Las guerras y tensiones con el Líbano —incluidas las de 1982 y 2006— tuvieron a Galilea como zona de retaguardia y a veces de frente, y muchos de sus pueblos conocen los refugios antiaéreos.
El norte es, además, el gran reservorio de agua del país. El Mar de Galilea (lago Kineret) fue durante décadas la principal fuente de agua dulce de Israel, del que parte el Acueducto Nacional que la lleva al centro y al sur. En una tierra donde el agua siempre fue escasa y motivo de disputa —también con los vecinos, por el reparto de las aguas del Jordán—, este norte verde y lluvioso tiene un valor que va mucho más allá de su belleza: es, literalmente, una cuestión de supervivencia.