Mucho antes de que existiera Tel Aviv, en esta costa estaba Jaffa (Yafo), uno de los puertos naturales más antiguos del Mediterráneo, con más de tres mil años de historia documentada. Aparece en fuentes egipcias, en la Biblia —por acá habrían entrado los cedros del Líbano para el Templo de Salomón, y desde su puerto habría zarpado el profeta Jonás— y en la mitología griega, que situó aquí la roca donde Perseo rescató a Andrómeda. Cananeos, egipcios, filisteos, fenicios, persas, griegos, romanos, árabes, cruzados y otomanos controlaron su puerto.
Durante siglos, Jaffa fue la puerta de entrada de peregrinos y mercancías a Tierra Santa. En el período otomano era una próspera ciudad árabe famosa por sus naranjas, la variedad 'Jaffa' que se exportaba a media Europa. En 1948 fue escenario de duros combates y la mayoría de su población árabe huyó o fue expulsada. Hoy, sus callejuelas de piedra restauradas, sus galerías de arte y su mercado de pulgas conviven con una comunidad mixta, judía y árabe, integrada administrativamente a Tel Aviv.
Tel Aviv nació en 1909, cuando un grupo de familias judías compró dunas de arena al norte de Jaffa para fundar un barrio nuevo, Ahuzat Bayit, que pronto adoptó el nombre de Tel Aviv ('colina de la primavera'). Fue concebida como la primera ciudad hebrea moderna, planificada, laica y de habla hebrea, símbolo del proyecto sionista de construir una vida urbana nueva. Creció con rapidez con las olas de inmigración, sobre todo en los años treinta con la llegada de judíos que huían de la Alemania nazi.
Fue precisamente en Tel Aviv donde David Ben Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, en un edificio que hoy es museo. La ciudad se convirtió en el corazón económico, cultural y nocturno del país: el contrapunto secular y cosmopolita de la Jerusalén religiosa e histórica. Hoy es una metrópoli mediterránea de playas, rascacielos, tecnología y vida nocturna, a menudo descrita como una 'burbuja' por su distancia respecto de las tensiones que marcan al resto del país.
Uno de los rasgos más singulares de Tel Aviv es su arquitectura. En las décadas de 1930 y 1940, arquitectos judíos formados en Europa —muchos en la escuela alemana Bauhaus, que huían del nazismo— levantaron en la ciudad un conjunto extraordinario de edificios de estilo moderno o internacional: líneas limpias, balcones curvos, fachadas blancas pensadas para el clima mediterráneo. Es el mayor conjunto de arquitectura de este estilo en el mundo, con más de cuatro mil edificios.
En 2003, la Unesco inscribió esta 'Ciudad Blanca de Tel Aviv' como Patrimonio de la Humanidad, reconociéndola como un ejemplo excepcional de urbanismo y arquitectura moderna adaptada a un contexto local. Recorrer sus calles arboladas es leer la historia de una ciudad joven que quiso ser, desde su nacimiento, una declaración de modernidad: la Europa de vanguardia trasplantada a la arena del Mediterráneo oriental por gente que escapaba de la catástrofe europea.
Más al norte, sobre la costa, están las ruinas de Cesarea Marítima, una de las grandes obras de la Antigüedad en esta tierra. La construyó el rey Herodes el Grande entre el 22 y el 10 a. C. y la dedicó al emperador Augusto (César). Herodes levantó de la nada un puerto artificial monumental, con enormes bloques de hormigón hidráulico sumergidos, además de un teatro, un hipódromo, templos y acueductos. Cesarea fue durante siglos la capital administrativa romana de la provincia de Judea, sede de los prefectos y procuradores, entre ellos Poncio Pilato, cuyo nombre apareció grabado en una piedra hallada en el lugar.
Cesarea tuvo también un papel clave en los inicios del cristianismo —según los Hechos de los Apóstoles, aquí el apóstol Pedro bautizó al primer converso pagano— y fue un centro intelectual cristiano en época bizantina. Más tarde, los cruzados la fortificaron con las murallas que todavía se ven. Hoy es un parque arqueológico donde el teatro romano, restaurado, sigue acogiendo conciertos frente al mar, y el acueducto se recorta sobre la playa: una síntesis perfecta de las muchas capas de esta costa.
La estrecha llanura que corre junto al Mediterráneo, desde Gaza hasta el Carmelo, ha sido siempre el eje de comunicación y de riqueza de la región: por acá pasaba la Vía Maris, la gran ruta comercial que unía Egipto con Mesopotamia, y por acá se movieron ejércitos y caravanas durante milenios. Es la zona más llana, más fértil y más fácil de habitar, y por eso concentra hoy la mayor parte de la población y de la economía de Israel.
En esta franja costera, en torno a Tel Aviv, se ubica el llamado Gush Dan, la gran conurbación donde vive cerca de la mitad de los israelíes y donde late el corazón tecnológico y financiero del país. La 'nación startup' tiene aquí su epicentro. Es la Israel más volcada al mundo, la que mira al Mediterráneo y a Occidente, construida sobre siglos de historia portuaria y comercial que empezó con fenicios y romanos y sigue con las torres de vidrio de hoy.