El nombre de las Islas de Los es un eco de los primeros europeos que navegaron esta costa. En el siglo XV, los marinos portugueses que exploraban el litoral de la actual Guinea en busca de rutas comerciales bautizaron a este pequeño archipiélago frente a la península de Kaloum como 'Ilhas dos Ídolos', las 'islas de los ídolos', probablemente por los objetos rituales y las creencias de las poblaciones locales. Con el tiempo, y el paso por bocas francesas e inglesas, 'dos Ídolos' se contrajo en 'de Los' o 'de Loos', el nombre que ha quedado.
Antes de la llegada europea, las islas estaban habitadas por poblaciones de la costa —susu y baga— dedicadas a la pesca y a la agricultura, integradas en las redes de intercambio de la región de los llamados 'Ríos del Sur'. Su posición, a la vista de tierra firme pero separadas por el mar, las convertía en un lugar estratégico: fáciles de controlar, con buenos fondeaderos y agua, ideales para instalar factorías comerciales.
Desde el siglo XVI, portugueses y luego otros europeos establecieron puntos de comercio en la zona. Las islas empezaron a integrarse en un tráfico que iba a marcar su historia durante siglos: primero el intercambio de productos, y muy pronto, de forma creciente, el comercio de seres humanos.
Durante los siglos de la trata atlántica, las Islas de Los desempeñaron un papel que los libros de historia han tendido a olvidar: fueron un depósito de esclavos, un punto donde se concentraba a las personas capturadas en el interior antes de embarcarlas hacia América. Su condición insular las hacía especialmente 'útiles' para ese comercio: era difícil escapar de una isla, y los barcos podían fondear con seguridad.
A lo largo del siglo XVIII, comerciantes europeos instalaron factorías en las islas. Hacia mediados de ese siglo hay constancia de establecimientos mercantiles en Kassa, dedicados a un tráfico que expandió y prolongó el horror de la esclavitud en esta parte de la costa africana. Kassa y Room, hoy playas apacibles, fueron escenario de esa página oscura, cuya memoria empieza a recuperarse.
El fin de la trata en las islas llegó con la abolición británica. En 1818, el gobernador de la vecina colonia de Sierra Leona firmó un tratado con un jefe local por el que las Islas de Los pasaban a control británico a cambio de un pago anual, y con ello se puso término al comercio de esclavos en el archipiélago. Las islas quedaron así ligadas a la órbita británica de Freetown durante buena parte del siglo XIX.
Durante casi todo el siglo XIX, las Islas de Los estuvieron bajo administración británica, como una prolongación de la colonia de Sierra Leona. Fue una época de guarniciones, faros y pequeños puestos, mientras en la costa continental Francia avanzaba con fuerza estableciendo su colonia de la Guinea francesa, con capital en la cercana Conakry.
La proximidad de las islas a Conakry —a la vista misma de la nueva capital colonial francesa— hacía que su pertenencia británica fuera cada vez más incómoda para Francia. Finalmente, en el marco de los acuerdos coloniales de reparto de África entre las potencias europeas, el Reino Unido cedió las Islas de Los a Francia en 1904, integrándolas en la Guinea francesa a la que geográficamente pertenecían.
Desde entonces, las islas siguieron el destino de Guinea: colonia francesa hasta 1958 y luego parte del país independiente. En la época colonial francesa, Tamara —la mayor— llegó a albergar instalaciones militares y una prisión, y las islas conservaron edificios, faros y vestigios de aquel periodo que todavía pueden verse hoy entre la vegetación.
El siglo XX trajo a las Islas de Los un nuevo capítulo, esta vez minero. Guinea posee algunas de las mayores reservas de bauxita del mundo —el mineral del que se obtiene el aluminio—, y la primera explotación industrial de ese recurso en el país no comenzó en el interior, sino aquí, en la isla de Kassa. En 1948, en plena época colonial, se abrió en Kassa la primera mina de bauxita de Guinea.
La explotación de Kassa funcionó durante casi dos décadas, arrancando mineral de la isla y exportándolo por vía marítima. Su actividad cesó hacia noviembre de 1966, cuando los yacimientos quedaron prácticamente agotados. Para entonces, la gran minería de bauxita ya se había trasladado a los enormes depósitos del continente, en Boké, Kindia y Fria, que convertirían a Guinea en uno de los primeros productores mundiales.
De aquella etapa minera quedan en Kassa algunos vestigios —instalaciones, cicatrices en el terreno— que forman parte del paisaje histórico de la isla. Así, en un espacio pequeño, las Islas de Los concentran capas superpuestas de historia: los ídolos que les dieron nombre, la trata de esclavos, la administración británica y francesa, y la primera bauxita del país.
Hoy las Islas de Los son, ante todo, el pulmón y la playa de Conakri. Los fines de semana, cientos de conakrilenses cruzan en piragua para escapar del calor y el ruido de la capital y pasar el día en las playas de Kassa, comer pescado y bañarse en aguas tibias. Es un turismo de proximidad, popular y sencillo, muy distinto de los grandes complejos de playa de otras costas africanas.
El archipiélago tiene un potencial turístico enorme que sigue en buena parte sin desarrollar. La infraestructura es mínima —algunos alojamientos básicos, restaurantes de playa, poco más—, y hay problemas de gestión de residuos y de conservación. Al mismo tiempo, esa falta de desarrollo es lo que preserva su carácter auténtico: aldeas de pescadores, naturaleza tropical y una calma que sorprende a tan poca distancia de una gran ciudad.
Para el viajero, las Islas de Los ofrecen una combinación difícil de encontrar: playas y palmeras a media hora de una capital africana, con capas de historia bajo la arena. Kassa la festiva, Room la tranquila y Tamara la salvaje resumen, cada una a su manera, el largo viaje de estas islas: de 'islas de los ídolos' a depósito de esclavos, de colonia británica a francesa, de mina de bauxita a refugio tropical de Conakri.