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Historia de Bolama

Una isla disputada: Portugal, Gran Bretaña y el arbitraje de Grant

La historia moderna de Bolama arranca con una larga disputa colonial. La isla, en el borde nororiental del archipiélago de los Bijagós, estaba habitada por comunidades africanas, pero su posición estratégica en la costa de Guinea la convirtió en objeto de codicia de las potencias europeas. A lo largo del siglo XIX, tanto Portugal como Gran Bretaña reclamaron la soberanía sobre Bolama, y hubo intentos de asentamiento y roces diplomáticos por su control.

El conflicto se resolvió por una vía singular: el arbitraje internacional. En 1870, las dos potencias sometieron la disputa al presidente de los Estados Unidos, Ulysses S. Grant, que falló a favor de Portugal. Aquel laudo consolidó la presencia portuguesa en la isla y allanó el camino para que, años después, Bolama tuviera un papel central en la organización de la colonia.

El episodio es revelador del clima de la época, el del reparto de África entre las potencias europeas, en el que territorios y pueblos enteros se decidían en despachos y arbitrajes lejanos. Bolama, pequeña isla del Atlántico africano, quedó así firmemente en la órbita portuguesa justo cuando Lisboa se disponía a reorganizar sus posesiones en la región.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bolamahttps://en.wikipedia.org/wiki/Bolama_(town)

La primera capital de la Guinea portuguesa (1879)

Durante mucho tiempo, la Guinea portuguesa fue administrada de forma conjunta con las islas de Cabo Verde. Eso cambió en 1879, cuando Portugal separó ambos territorios y creó la colonia de la Guinea Portuguesa como entidad propia. Necesitaba una capital, y la elección recayó en Bolama, que se convirtió así en el primer centro administrativo de la nueva colonia.

Bolama vivió entonces su época de esplendor. Se planificó y construyó como una auténtica capital: avenidas anchas y arboladas trazadas en cuadrícula, el palacio del Gobernador, un hospital, cuarteles militares, escuelas, oficinas públicas, iglesias y hasta una imprenta, considerada de las primeras de la región. Llegaron funcionarios, militares, comerciantes y colonos, y la pequeña isla se llenó de la vida institucional y social de una capital colonial.

Durante varias décadas, desde Bolama se gobernó toda la Guinea portuguesa. Su arquitectura, ambiciosa y elegante, reflejaba la voluntad de Portugal de dotar a la colonia de un centro a la altura de sus pretensiones. Nada hacía prever entonces que, medio siglo después, todo aquello quedaría reducido a un conjunto de ruinas devoradas por la selva.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bolama_(town)https://en.wikipedia.org/wiki/Bolama

1931: los hidroaviones italianos cruzan el Atlántico desde Bolama

En su etapa de capital, Bolama protagonizó un episodio inesperado que la conectó con la historia de la aviación mundial. A finales de 1930, una escuadrilla de hidroaviones italianos Savoia-Marchetti, comandada por el aviador y dirigente fascista Italo Balbo, emprendió una travesía en formación del Atlántico Sur, desde Europa hacia Brasil, como demostración de poderío aéreo de la Italia de la época.

La escuadrilla hizo escala en Bolama, cuyas aguas tranquilas del estuario servían de pista natural para los hidroaviones. Tras amerizar en la Navidad de 1930 y pasar varios días de preparativos y pruebas de despegue, la formación partió de Bolama en la madrugada del 5 de enero de 1931 rumbo a Natal, en el nordeste de Brasil. La travesía, pionera y muy arriesgada, terminó con la pérdida de aviones y la muerte de varios tripulantes, pero se celebró como una hazaña de la aviación de entreguerras.

En memoria de aquel vuelo se erigió en Bolama un monumento, cerca del palacio del Gobernador, que todavía puede verse. Es un detalle sorprendente que añade una capa más a la historia de la isla: durante unos días, este remoto rincón del Atlántico africano fue el punto de partida de una de las grandes aventuras aéreas de su tiempo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Italo_Balbohttps://en.wikipedia.org/wiki/Bolama_(town)

El agua que faltaba: el traslado de la capital a Bisáu (1941)

Pese a su esplendor, Bolama arrastraba un problema estructural que acabaría con su papel de capital: la escasez de agua dulce. Una isla sin recursos hídricos suficientes difícilmente podía sostener el crecimiento de una gran ciudad administrativa y portuaria. A eso se sumaban las limitaciones de su puerto y de sus conexiones con el interior del país, frente a las ventajas de Bissau, mejor situada en el estuario del Geba.

Así, el 6 de diciembre de 1941, las autoridades coloniales trasladaron la capital de la Guinea portuguesa de Bolama a Bissau. Fue un golpe del que la isla no se recuperaría. Con la capital se fueron los funcionarios, los militares, buena parte de los comerciantes y el dinamismo económico que los acompañaba. Bolama quedó de pronto sobredimensionada: una ciudad pensada para ser capital, ahora sin el motor que la justificaba.

A partir de entonces comenzó una decadencia lenta e inexorable. Los grandes edificios —el palacio, el hospital, los cuarteles, las escuelas— fueron perdiendo uso y mantenimiento. La población disminuyó, la economía se apagó y el pueblo entró en una larga siesta de la que nunca despertó del todo. Bolama pasó de ser el corazón de la colonia a un lugar olvidado en un rincón de los Bijagós.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bolama_(town)https://en.wikipedia.org/wiki/Bissau

El 'Angkor Wat colonial': Bolama hoy

Con el paso de las décadas, y en particular tras la independencia de Guinea-Bisáu en 1974 y los años convulsos que siguieron, Bolama se fue transformando en lo que es hoy: un extraordinario pueblo-ruina. La humedad tropical, la vegetación exuberante y la falta de recursos para conservar el patrimonio hicieron su trabajo. Los edificios de ladrillo rojo y estuco se desconcharon, los techos se derrumbaron y la selva empezó a crecer dentro de los palacios y a lo largo de las avenidas.

Ese abandono, paradójicamente, es hoy su mayor atractivo. Bolama ha sido descrita como una especie de 'Angkor Wat colonial', por sus edificios majestuosos rendidos ante la naturaleza. Pasear entre el palacio del Gobernador, el antiguo hospital, los cuarteles y los bulevares vacíos, con la maleza asomando por todas partes, ofrece una experiencia única y melancólica: la de una capital detenida en el tiempo, un monumento involuntario al auge y la caída del proyecto colonial.

Atractivo turístico de bajo perfil, la isla atrae sobre todo a viajeros curiosos, amantes de la historia y de la fotografía, que buscan lugares fuera de las rutas convencionales. Bolama sigue habitada por unos pocos miles de personas que viven entre las ruinas de la grandeza pasada. Su historia —de isla disputada a primera capital, de escala aérea histórica a pueblo fantasmal— la convierte en uno de los destinos más evocadores de toda África occidental.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bolamahttps://www.kanaga-at.com/en/trip-info/guinea-bissau-en/the-

📚 Bibliografía

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