El Bijilo Forest Park es, ante todo, un superviviente: un pequeño reducto del bosque litoral que en otro tiempo cubría buena parte de la costa de Kombo, en el sudoeste de Gambia. En sus poco más de medio centenar de hectáreas se conserva una muestra de la vegetación autóctona de esta franja atlántica —palmeras rónier, ceibas, árboles nativos y matorral adaptado a la arena y la brisa marina— que en otros lugares ha ido desapareciendo bajo la presión de la agricultura, la urbanización y el turismo.
Esta vegetación costera sostiene una fauna sorprendentemente rica para un espacio tan pequeño y tan cercano a la ciudad. Destacan sus primates: el mono verde (green vervet), abundante y confiado; el colobo rojo occidental, arborícola y más esquivo; y el mono patas. A ellos se suman lagartos monitores, ardillas, mariposas y una notable variedad de aves de bosque, que hacen del parque un pequeño oasis de biodiversidad junto al mar.
La conservación de estos últimos fragmentos de bosque costero es importante no solo por la fauna, sino también por su papel de protección frente a la erosión y de refugio verde en una zona cada vez más urbanizada. Bijilo es, en ese sentido, un ejemplo de cómo un espacio natural modesto puede tener un valor ecológico y turístico enorme.
El bosque de Bijilo fue declarado zona forestal protegida a mediados del siglo XX, en la época colonial británica, dentro de las políticas de conservación de masas forestales que la administración aplicaba en distintos puntos de la colonia. El objetivo era preservar la vegetación litoral y su fauna, y evitar que el avance de los cultivos y los asentamientos acabara con este tipo de bosque. Durante décadas fue, sobre todo, un espacio de gestión forestal más que un destino turístico.
La situación cambió con el auge del turismo en la costa de Kombo, a partir de los años setenta y ochenta. Al desarrollarse los grandes hoteles de la vecina Kololi y Bijilo, el bosque quedó pegado a una de las zonas turísticas más importantes del país. Sus monos, fáciles de ver y muy fotogénicos, se convirtieron en un atractivo natural, y las autoridades decidieron acondicionar el parque para las visitas, con senderos, paneles y guías locales.
Así nació el popular 'Monkey Park', el nombre con el que los turistas conocen a Bijilo. Los senderos entablados (boardwalks) permitieron recorrer el bosque sin dañar el suelo ni la vegetación, y la entrada de los visitantes empezó a contribuir al mantenimiento del espacio y a dar empleo a guías de la comunidad. El parque se integró en el circuito turístico de la costa como la escapada de naturaleza más accesible desde los hoteles.
La convivencia entre la fauna y los visitantes no está exenta de tensiones. Los monos verdes, al habituarse a la presencia humana y a la comida que algunos turistas les ofrecen, se han vuelto más confiados pero también más atrevidos: no es raro que se acerquen en busca de alimento, intenten abrir bolsos o lleguen a morder si se sienten amenazados o si se les arrebata la comida. Por eso, los responsables del parque desaconsejan alimentarlos y recomiendan observarlos sin interferir.
Este dilema —cómo aprovechar el atractivo de la fauna sin domesticarla ni ponerla en riesgo— es común a muchos espacios naturales cercanos a zonas turísticas. En Bijilo, la gestión intenta equilibrar la experiencia del visitante con la conservación: mantener los senderos, informar sobre el comportamiento adecuado, proteger a los colobos y las aves más sensibles y preservar la integridad del bosque frente a la presión urbana que lo rodea por casi todos lados.
El parque cumple además una función educativa: para muchos turistas europeos, y también para escolares gambianos, Bijilo es un primer contacto con la fauna africana y con la importancia de conservarla. Los guías locales, buenos conocedores de la flora, la fauna y los usos tradicionales de las plantas, hacen de la visita algo más que un paseo entre monos: una pequeña lección de ecología y de respeto por la naturaleza.
Hoy el Bijilo Forest Park es una de las atracciones naturales más visitadas de la costa gambiana, precisamente por su combinación imbatible de accesibilidad y encanto: en una o dos horas, a pocos minutos de los hoteles de Kololi, el viajero se sumerge en un bosque costero lleno de monos, colobos y aves, con la brisa del Atlántico de fondo. Es la escapada de naturaleza ideal para quien no tiene tiempo o ganas de adentrarse en el país.
El parque encaja de lleno en la apuesta de Gambia por diversificar su turismo más allá del sol y playa, hacia el ecoturismo y la observación de fauna y aves. Junto a Abuko, Kotu Creek, Tanji y otros espacios, Bijilo forma parte de una red de destinos naturales accesibles que muestran la extraordinaria biodiversidad de un país minúsculo, capaz de sorprender con primates y cientos de especies de aves a las puertas mismas de sus resorts.
La historia de Bijilo —de bosque protegido a 'Monkey Park' turístico— es la de un pequeño espacio natural que ha sabido convertirse en un embajador de la conservación. En sus senderos entablados, entre el salto de los monos verdes y el rojo furtivo de los colobos, se resume una idea que Gambia intenta cultivar: que proteger la naturaleza puede ser también una forma de desarrollo y de orgullo nacional.