Bakau es uno de los asentamientos más antiguos de la costa de Kombo, la región del sudoeste de Gambia que se asoma al Atlántico. Mucho antes de que existieran los resorts y la 'Senegambia Strip', ya había aquí comunidades de agricultores y pescadores mandinga, wólof y de otros pueblos, que vivían del mar, de los cultivos y del comercio a lo largo de la costa. La punta de Cape Point, donde el pueblo se adentra en el océano, era un punto de referencia natural para la navegación y la pesca.
El nombre de Bakau y su fundación se pierden en la tradición oral, pero la localidad aparece ya en la época colonial como un pueblo consolidado, con su alkalo (jefe tradicional), sus barrios y sus lugares sagrados. A diferencia de Bathurst (Banjul), creada de la nada por los británicos en 1816, Bakau era una comunidad africana preexistente que la administración colonial fue integrando en su órbita a medida que se desarrollaba la región costera.
Durante el período británico, Bakau y la vecina Fajara se convirtieron en zonas residenciales apreciadas por su clima marino y su cercanía a la capital. En 1924 se establecieron aquí los jardines botánicos, un espacio verde y ordenado destinado a la aclimatación de plantas y al esparcimiento, que todavía sobrevive como uno de los rincones más tranquilos del pueblo. Poco a poco, Bakau fue quedando englobada en el gran conglomerado urbano de Kombo, pero sin perder del todo su carácter de pueblo con identidad propia.
El alma de Bakau es Kachikally, su estanque sagrado de cocodrilos, y su historia es, ante todo, una historia de creencias y de tradición oral. Según el relato transmitido de generación en generación por la familia Bojang —custodios del lugar—, todo empezó hace más de cinco siglos, cuando dos hermanos Bojang extraían vino de palma cerca del pozo. Un espíritu femenino llegó al lugar cargando un niño a la espalda y, al inclinarse a sacar agua, la criatura cayó al estanque.
Los hermanos se lanzaron sin dudar a las aguas y encontraron al niño sano y salvo, sentado sobre una gran piedra en el fondo. En agradecimiento, el espíritu —llamado Katchikally— declaró sagrado el estanque, bendijo sus aguas con el poder de conceder fertilidad y protección, y confió a la familia Bojang su custodia perpetua. Según la misma tradición, fue Katchikally quien ordenó que se trajeran cocodrilos al pozo, convirtiéndolos en animales sagrados y protegidos.
Desde entonces, la familia Bojang —de origen mandinga y también titular del cargo de alkalo de Bakau— ha guardado el santuario, transmitiendo la responsabilidad de padre a hijo. Kachikally se convirtió en uno de los tres grandes estanques sagrados de cocodrilos de Gambia, junto con Folonko, en Kartong, y el de Berending. Todos ellos son, ante todo, santuarios de fertilidad: durante generaciones, mujeres que no podían tener hijos han acudido a bañarse o a lavarse con el agua bendita del pozo, en busca de la bendición de la maternidad.
En Kachikally viven cerca de ochenta cocodrilos del Nilo, la especie de mayor tamaño de África, en un estanque de aguas verdes rodeado por nueve acres de selva tropical que, según la tradición, no se ha talado en más de cuatrocientos años: silk cotton trees (bombáceas), baobabs y ficus forman un dosel sobre el agua. A diferencia de sus parientes salvajes, estos cocodrilos están habituados desde crías a la presencia humana y son alimentados por los guardianes, lo que los vuelve inusualmente mansos.
Algunos de los ejemplares más dóciles se han hecho famosos entre los visitantes; durante años, el más célebre fue un gran cocodrilo apodado 'Charlie', que se dejaba tocar y fotografiar mansamente. Los guardianes, conocedores del carácter de cada animal, seleccionan a los más tranquilos y supervisan de cerca el contacto, siempre por el lomo o la cola. Para los gambianos, sin embargo, tocar a los cocodrilos no es un juego turístico, sino un gesto cargado de significado: son animales sagrados, encarnación del poder protector del pozo.
El recinto alberga también un pequeño museo etnográfico, un sendero natural y una comunidad de aves y monos que habitan la selva. La entrada de los visitantes —hoy uno de los ingresos que sostienen el mantenimiento del lugar— convive con su función religiosa: no es raro cruzarse con gambianos que vienen a rezar, a pedir un hijo o a llevarse un poco de agua bendita, recordando que Kachikally sigue siendo, por encima de todo, un santuario vivo y no una simple atracción.
A lo largo del siglo XX, Bakau y su entorno fueron transformándose al ritmo del crecimiento del área metropolitana. La cercanía a Banjul, el clima marino y la belleza de Cape Point atrajeron a residentes acomodados, funcionarios y, con la independencia de 1965, a las primeras infraestructuras del turismo que empezaba a despuntar en la costa gambiana. Fajara, pegada a Bakau, se llenó de embajadas, residencias y hasta un peculiar club de golf con calles de arena.
Cuando, a partir de los años setenta y ochenta, Gambia despegó como destino de sol y playa para los europeos —sobre todo británicos, escandinavos y neerlandeses que huían del invierno—, la costa de Kombo se cubrió de hoteles. El epicentro de ese turismo se desplazó hacia Kololi y la 'Senegambia Strip', más al sur, mientras Bakau conservaba un perfil más tranquilo y residencial, con sus playas de Cape Point, sus jardines y su mercado de artesanía.
Esa relativa calma es hoy uno de sus mayores atractivos. Frente al bullicio de Kololi, Bakau ofrece una versión más pausada y auténtica de la costa: un pueblo donde la vida pesquera, el mercado local, los jardines coloniales y el santuario de Kachikally conviven con hoteles con encanto y buenos restaurantes. Es un lugar donde el turista puede sentir el pulso real de la comunidad sin renunciar a la comodidad.
Hoy Kachikally es uno de los sitios más visitados de Gambia y, a la vez, un santuario que sigue plenamente vivo. La familia Bojang mantiene su custodia después de más de cinco siglos, combinando su papel religioso con la gestión turística del recinto: la entrada de los visitantes ayuda a financiar el cuidado de los cocodrilos, la selva y el museo, mientras los gambianos continúan acudiendo a pedir fertilidad y protección. Esa doble condición —atracción turística y lugar de culto— es precisamente lo que hace única la experiencia.
El National Centre for Arts and Culture de Gambia reconoce a Kachikally, junto con Folonko y Berending, como uno de los sitios sagrados del país, testimonio de una espiritualidad tradicional que ha sobrevivido a la islamización y a la modernidad. La convivencia de creencias ancestrales, prácticas de fertilidad y respeto por los animales sagrados refleja la riqueza del sustrato cultural gambiano, más allá de las religiones mayoritarias.
Bakau, por su parte, sigue siendo una de las localidades más agradables de la costa: pueblo pesquero, zona residencial, puerta verde con sus jardines de 1924 y hogar del estanque de los cocodrilos. Recorrerla es descubrir una Gambia que equilibra tradición y turismo, mar y selva, lo sagrado y lo cotidiano. Y en su corazón, entre baobabs y aguas verdes, los cocodrilos de Katchikally recuerdan que aquí la naturaleza y el mito llevan siglos entrelazados.