El pueblo de Piggs Peak nació del oro. Hacia 1884, en plena época de las concesiones que el rey Mbandzeni otorgaba a aventureros europeos, un buscador llamado William Pigg descubrió un rico filón en estos cerros del norte. Alrededor de su hallazgo creció un asentamiento de mineros, comerciantes y trabajadores que terminó por tomar el nombre del prospector: 'el pico de Pigg'.
La minería del oro —y más tarde la del asbesto en la cercana Havelock/Bulembu— marcó la economía del norte durante buena parte del siglo XX. Cuando esas industrias declinaron, la región se reinventó en torno a un recurso muy distinto: los árboles. Aprovechando el clima húmedo y fresco del Highveld, se plantaron enormes extensiones de pino y eucalipto que hoy cubren los cerros y convirtieron a la forestación en una de las grandes industrias del país.
El Piggs Peak de hoy es un pueblo tranquilo de montaña, base ideal para explorar los paisajes más espectaculares del reino: cascadas, embalses, arte rupestre y talleres de artesanía, encaramado en el Highveld entre bosques y cerros.
Mucho antes de que existiera pueblo alguno, el norte montañoso estuvo habitado por los san (también llamados bosquimanos), cazadores-recolectores que habitaron el sur de África durante decenas de miles de años, mucho antes de la llegada de los pueblos de lengua bantú y de la formación del reino swazi. Son uno de los linajes humanos más antiguos del planeta.
En la ladera norte del valle del río Komati, el alero de Nsangwini alberga el conjunto de arte rupestre más completo de Eswatini, con pinturas que podrían tener hasta unos 4.000 años. Ejecutadas en ocre rojo, representan elefantes, antílopes, cazadores y enigmáticos seres espirituales, incluidas raras figuras aladas. Lejos de ser un simple registro de la vida cotidiana, hoy se entiende que son un arte profundamente religioso, ligado a los rituales de trance de los chamanes san.
Tras la desaparición de los san de la región, las pinturas quedaron en el alero, conocidas por la gente local pero al margen del mundo. Un modelo de conservación comunitaria, con guías de la aldea vecina, protege hoy este patrimonio frágil e irremplazable y lo abre al visitante, cerrando un arco de miles de años en el mismo valle.
El río Komati (Nkomati) es uno de los cursos de agua más importantes del sur de África: nace en las tierras altas de Sudáfrica, atraviesa el norte de Eswatini y sigue hacia Mozambique, donde desemboca en el Índico. Su valle, encajado entre los cerros del norte swazi, ha sido durante milenios un corredor de vida —fue en él donde los san pintaron Nsangwini—.
Como el Komati cruza fronteras, su agua es vital para tres países. Para gestionar juntos ese recurso compartido, Sudáfrica y Suazilandia firmaron en 1992 un tratado sobre la cuenca del río Komati y crearon en 1993 una autoridad binacional para administrarlo. Su gran obra fue la represa de Maguga, terminada hacia 2002 al sur de Piggs Peak: con un muro de 115 metros de altura, es el mayor embalse de Eswatini y uno de los más altos del sur de África.
Lo que empezó como una obra de ingeniería hidráulica —pensada para el riego y el abastecimiento— se transformó con el tiempo en uno de los paisajes más queridos del norte: un enorme espejo de agua encajado entre cerros, hoy destino de paseos en barco, pesca y observación de aves, con el Maguga Lodge asomado al lago.
Entre los bosques de pino y eucalipto que hoy cubren el norte se esconden rincones de agua y calma. Cerca de Piggs Peak, las cascadas de Phophonyane caen en una sucesión de saltos y piletas naturales rodeados de bosque nativo, protegidos dentro de una reserva privada que preserva un tramo de la vegetación original de las tierras altas.
Estos saltos son un recordatorio de que, bajo las plantaciones industriales, sobrevive un ecosistema de bosque de niebla y ribera propio del Highveld húmedo del norte, con su flora y su avifauna particulares. La reserva de Phophonyane combina la conservación de ese entorno con un pequeño y encantador refugio para el visitante.
Junto con Maguga y Nsangwini, Phophonyane completa el mosaico del norte montañoso: un territorio que pasó del oro a los bosques y que hoy ofrece al viajero una combinación singular de historia minera, arte prehistórico, grandes obras de agua y naturaleza tranquila.