El Cinturón Verde de Filfil es un accidente afortunado de la geografía. Eritrea es, en su mayor parte, un país de meseta seca y de tierras bajas desérticas, pero en un tramo de la escarpa oriental —la ladera que baja abruptamente de la meseta central hacia el mar Rojo— se dan las condiciones para algo excepcional: un bosque tropical de niebla. La clave está en la humedad. Los vientos cargados de vapor que suben desde el mar Rojo chocan contra la vertiente y se condensan en nieblas y lluvias que riegan la ladera durante buena parte del año.
Esa humedad, sumada al desnivel que crea distintos pisos climáticos entre los 700 y los 2.000 metros de altura, ha permitido el desarrollo de una selva montana afromontana: árboles altos, olivos africanos, enebros africanos (Juniperus procera), helechos, epífitas y una vegetación densa y verde que contrasta radicalmente con el entorno árido. El bosque se beneficia, además, de recibir la influencia de las dos estaciones de lluvia, la de la meseta y la de las tierras bajas.
Este ecosistema forma parte del Parque Nacional Semenawi Bahri, cuyo nombre significa 'mar del norte', y es uno de los dos parques nacionales de Eritrea. Filfil, o Filfil Solomuna, es su rincón más emblemático. Se trata de un tesoro ecológico: un fragmento de selva húmeda en el cuerno de África, con una biodiversidad que no se encuentra en ninguna otra parte del país.
El Cinturón Verde actual es solo un vestigio de lo que en otro tiempo fue mucho más extenso. Se estima que, siglos atrás, los bosques cubrían una proporción muy superior del territorio eritreo, sobre todo en las escarpas y tierras altas. Con el paso del tiempo, la expansión de la agricultura, el pastoreo, la tala para leña y madera, y más tarde los estragos de las guerras del siglo XX, redujeron drásticamente la cubierta forestal del país hasta dejarla en una fracción mínima.
En ese contexto, el bosque de Semenawi Bahri sobrevivió gracias a su ubicación en una ladera húmeda, escarpada y de difícil acceso, que lo protegió parcialmente de la deforestación. Se convirtió así en un refugio de biodiversidad y en un remanente precioso de los ecosistemas forestales originales de la escarpa. Su conservación es hoy una prioridad ambiental para Eritrea, que ha impulsado programas de reforestación y protección en distintas zonas del país.
El valor del Cinturón Verde no es solo estético o turístico: el bosque cumple funciones ecológicas fundamentales, como retener el agua, evitar la erosión de las laderas, regular el microclima y sostener una fauna y flora irremplazables. Protegerlo es también proteger los recursos hídricos y los suelos de una región frágil frente a la desertificación.
La riqueza biológica de Filfil y Semenawi Bahri es sobresaliente, sobre todo en lo que respecta a las aves. El bosque de niebla y la variedad de altitudes crean nichos para una avifauna abundante y diversa: francolines, turacos, suimangas o pájaros del sol (sunbirds), cálaos, palomas verdes, alcaudones, tejedores, barbudos, carboneros, loros y agapornis, entre muchas otras especies. Algunas son de distribución restringida y muy buscadas por los observadores de aves, lo que ha convertido a la zona en el gran destino ornitológico del país.
Ese valor fue reconocido oficialmente: Semenawi Bahri está catalogada como Área Importante para las Aves y la Biodiversidad (IBA) desde 2001 y como Área Clave de Biodiversidad (KBA), distinciones internacionales que subrayan su relevancia para la conservación. Pero la vida del bosque va más allá de las aves: hay primates como monos y babuinos, pequeños antílopes, reptiles, anfibios, mariposas e insectos, todos sostenidos por la humedad y la vegetación de la selva.
La flora, con su mezcla de especies afromontanas y tropicales, completa el cuadro de un ecosistema único en Eritrea. Para los científicos y los conservacionistas, Filfil es un laboratorio natural y un reservorio genético; para el viajero, es una ventana a una faceta insospechada del país, verde y exuberante, en contraste con las imágenes de meseta y desierto que suelen asociarse a Eritrea.
Hoy, el Cinturón Verde de Filfil es a la vez un área protegida y un destino turístico incipiente. Eritrea ha reconocido el valor ecológico del bosque y ha buscado protegerlo dentro del Parque Nacional Semenawi Bahri, mientras impulsa a nivel nacional campañas de reforestación y de manejo de suelos y aguas, conscientes de la fragilidad ambiental del país y de la amenaza de la desertificación. La conservación del bosque se entrelaza con la de los recursos hídricos y con el bienestar de las comunidades de la escarpa.
Para el visitante, Filfil ofrece una experiencia natural poco común en el cuerno de África: recorrer una selva de niebla, observar decenas de especies de aves y sentir el frescor húmedo del bosque a pocas horas de la seca Asmara. La excursión, que se organiza desde la capital con el permiso de viaje correspondiente, suele combinarse con el espectacular descenso de la escarpa hacia Massawa, un trayecto que atraviesa en pocas horas todos los pisos ecológicos del país, de la meseta al mar.
Visitar el Cinturón Verde con respeto —sin dañar la vegetación, sin molestar a la fauna y apoyándose en guías locales— es una forma de valorar y ayudar a preservar este pequeño gran tesoro. En un país conocido por su arquitectura modernista y su historia de resistencia, Filfil recuerda que Eritrea guarda también rincones de naturaleza sorprendente, y que su escarpa esconde uno de los bosques más singulares de la región.